A 50 años del día que un argentino tiñó de verde los canales de Venecia

El Museo de Bellas Artes rinde homenaje a Nicolás García Uriburu, el artista que revolucionó la ciudad histórica con su acción en 1968. Cómo pasó de ser considerado un terrorista a un genio en las horas que siguieron a su hazaña a bordo de una góndola. 

Foto: gentileza prensa Museo Nacional de Bellas Artes.

Foto: gentileza prensa Museo Nacional de Bellas Artes.

“Sinvergüenzas, terroristas, fuera”, le gritaban a Blanca Isabel Álvarez de Toledo en el hotel de Venecia donde se estaba hospedando. Un rato antes, durante las primeras horas de la mañana del 19 de junio de 1968, su esposo, Nicolás García Uriburu, a bordo de una góndola y sin autorización municipal, había vertido un líquido que había teñido de verde el agua de la ciudad de los canales.

El año 1968 había comenzado revuelto con los levantamientos anti soviéticos en Checoslovaquia conocidos como Primavera de Praga. Semanas antes de la acción de García Uriburu habían estallado las revueltas juveniles en París, donde residía gracias a una beca. En Italia, que ponía en marcha una nueva edición de la Bienal de Venecia, el evento artístico más importante del mundo, la ultraderecha y los comunistas mantenían un diálogo a base de atentados.

Foto: gentileza prensa Museo Nacional de Bellas Artes.

Con ese marco convulsionado, los carabinieri tardaron 15 minutos en detener al artista creyéndolo un terrorista que vertía alguna sustancia tóxica en los canales más famosos del mundo. Tras doce horas en una comisaría de Milán, las pruebas realizadas sobre la sustancia verde confirmaron que se trataba de una sustancia inocua, más precisamente fluoresceína, lo mismo que utilizaban en la NASA para teñir una porción de océano y orientar a los cohetes que amenizaban.

A 50 años de esa jornada que marcó un antes y después en su vida profesional, el Museo Nacional de Bellas Artes rinde homenaje a García Uriburu con una exhibición de los registros de dicha acción, en la cual a través de fotografías y un video se puede reconstruir esta pieza de arte efímero.

“Nicolás fue un verdadero pionero del land art y luego se transformó en un referente del arte ecológico”, afirma la curadora y directora artística del museo, Mariana Marchesi. El nuevo género con el que comenzaba a experimentar, que emergía en paralelo a las primeras manifestaciones de performances y conceptualismo, implicaba la intervención o el gesto artístico en el paisaje.

Para el caso veneciano, explica la experta, utilizó el colorante “para expandir el lienzo hacia la naturaleza”. “El paisaje veneciano es uno de los géneros más trabajados en la historia del arte; repensar y reformular el concepto de paisaje en 1968 es un gesto muy fuerte”, detalla.

Foto: gentileza prensa Museo Nacional de Bellas Artes.

La muestra se compone de los registros fotográficos y fílmicos de la coloración de Venecia y de las que le siguieron en aguas de Buenos Aires, París, Bruselas y Londres, ya sea en ríos, canales o fuentes. Además, óleos, serigrafías y fotografías intervenidas dan cuenta de sus exploraciones posteriores en pos de unir los pueblos con sus performances acuáticas.

García Uriburu pasó en pocas horas de terrorista a genio. Turistas, residentes y gente del arte que se había congregado en Venecia lo saludaban y felicitaban por su acción. Él, que no participaba de ninguna manera en la Bienal, había revolucionado desde los márgenes del acontecimiento de arte contemporáneo más importante.

"Venecia en clave verde. Nicolás García Uriburu y la coloración del Gran Canal” puede visitarse en el Museo Nacional de Bellas Artes, Av. del Libertador 1473, hasta el 30 de septiembre.