A los 88 años, Jane Fonda tiene una historia ligada a la conservación de la naturaleza que va más allá de su activismo ambiental. En 2000, la actriz compró un rancho histórico en Nuevo México, Estados Unidos, que años después vendió a otros propietarios para que continuaran con la conservación del terreno que hoy cuenta con 902 hectáreas protegidas.
La propiedad, conocida como Forked Lightning Ranch, tiene una historia vinculada con Hollywood y el río Pecos. Durante los años en que fue su dueña, Fonda impulsó iniciativas para preservar el entorno natural, un proceso que continuó incluso después de que dejara el lugar.
La protección se completó en 2018, cuando los nuevos propietarios ampliaron los acuerdos de conservación junto con una organización ambiental. Así, unas 902 hectáreas quedaron sujetas a medidas destinadas a preservar sus paisajes, hábitats y tierras agrícolas a largo plazo.
Cómo era el rancho histórico que Jane Fonda compró en Nuevo México
En 2000, Jane Fonda compró Forked Lightning Ranch, una propiedad rural ubicada cerca de Pecos, en Nuevo México, Estados Unidos. Este terreno se extiende por unas 902 hectáreas y tiene un rasgo distintivo ya que el río Pecos atraviesa sus paisajes increíbles durante casi 6 kilómetros y medio.
En 1987, la actriz británica Greer Garson vendió el terreno tras la muerte de su esposo Buddy Fogelson y donó una parte de las tierras al Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos. El resto de la propiedad, que había atravesado distintas divisiones y ventas, fue adquirido posteriormente por Jane Fonda.
Allí, construyó su casa, a la que llamó River House, y encontró un espacio de tranquilidad para compartir con su familia y escribir. Sin embargo, durante los años que permaneció en el lugar, también trabajó para conservar y mejorar sus ambientes naturales.
A quién le vendió la propiedad y qué hizo Jane Fonda para proteger sus tierras
Después de casi 15 años como propietaria, Fonda decidió vender el rancho. La propiedad salió al mercado en 2014 con un precio de publicación de US$19,5 millones y en 2015 vendió la propiedad a Scott y Kimberly Sheffield, aunque el precio final no se hizo público.
La venta no significó el fin de la iniciativas de conservación, de hecho, el proceso comenzó mucho antes en junio de 2010 cuando la New Mexico Land Conservancy, una organización dedicada a la conservación de tierras, había avanzado con acuerdos para proteger partes del rancho. Estas medidas buscan preservar sus características naturales y productivas, además de evitar que el terreno se fragmentara mediante futuras subdivisiones.
Cómo 902 hectáreas quedaron protegidas después de la venta
El paso decisivo llegó en octubre de 2018, tres años después de la venta del rancho. Ese mes, la New Mexico Land Conservancy completó un nuevo acuerdo de conservación que incorporó otras 403 acres, unas 163 hectáreas, a las superficies que ya estaban protegidas y continúan hoy en día.
Con esa ampliación, el total alcanzó las 902 hectáreas protegidas mediante un mecanismo llamado conservation easement, o servidumbre de conservación. Se trata de un acuerdo legal que establece restricciones permanentes sobre determinados usos de la tierra, aunque la propiedad siga siendo privada, e impedir que el rancho se divida en parcelas que comprometan la integrad del paisaje.