

Natalia Ibáñez recordó a su esposo, el virólogo Gonzalo Moratorio, resaltando que la pasión con la que vivió fue la misma que lo acompañó durante su enfermedad, y que enfrentó el tumor cerebral con una fortaleza y valentía que aún la sorprenden.
“Nunca dejó de ser él, incluso en los momentos más difíciles”, expresó, y subrayó que luchar no siempre implica vencer la enfermedad: “a veces luchar significa atravesarla con dignidad, tomar decisiones, conservar la autonomía mientras sea posible, llegado el momento poder descansar, acompañar a las personas que uno ama”.
En un emotivo mensaje, Natalia agradeció a Gonzalo por los momentos compartidos. “No puedo estar más agradecida de haber compartido con él, el tiempo de vida que nos permitió estar juntos; si bien no fue tanto, fue un tiempo muy intenso”, afirmó. Recordó su compañía en sueños, proyectos y locuras, y celebró la familia que formaron junto a su hija Abril, nacida el 28 de noviembre pasado. “Haber sido su compañera… es uno de los regalos más grandes que me dio la vida”, dijo.
Describió a Moratorio como un hombre de una manera extraordinaria de vivir: su sonrisa, su enorme capacidad de hacernos reír, sus ideales y convicciones, y su entrega total a todo lo que emprendía. “Vivía con una pasión que es difícil de describir… era un hombre súmamente apasionado en todo lo que hacía, tanto en su trabajo como con su familia y sus seres queridos”, comentó, y agradeció también a quienes acompañaron a Gonzalo y le arrancaron risas cuando más lo necesitaba.
Natalia reivindicó la ciencia uruguaya, alineándose con la visión de su esposo: “Gonza creía profundamente en la ciencia como una herramienta para transformar la realidad, para mejorar la vida de las personas y para construir un país mejor. Creía en el talento que existe en Uruguay, en nuestros investigadores, en nuestros jóvenes científicos y en la importancia de generar oportunidades para que puedan desarrollarse acá. Creía que el conocimiento tiene que estar al servicio de la sociedad”. Hizo un llamado a valorar y apoyar la investigación nacional como forma de honrar su memoria y continuidad de su legado.
Sobre Abril, señaló que aunque la niña no podrá tener a su padre físicamente a su lado, lo encontrará en sus logros, en la huella que dejó, en sus amigos, en las historias y en cada rincón del hogar. Con palabras llenas de cariño y gratitud, Natalia cerró su mensaje reafirmando el orgullo por la vida compartida y la convicción de que el legado de Gonzalo perdurará tanto en la ciencia como en su familia y comunidad.










