Unilever cerró una de las seis plantas que tiene en la Argentina. Se trata de la planta de deshidratados ubicada en Guaymallén, Mendoza, con más de 60 años en el mercado y la única de este tipo que tenía la empresa en el mundo. La decisión, argumentó, “forma parte de la evolución del negocio de alimentos”.

Allí se procesaban alrededor de 3500 toneladas de verduras deshidratas al año -entre espinaca, zanahoria, zapallo, cebolla y ajo- que se destinaban al mercado interno, mientras que un 10% se exportaba a Brasil, México y Alemania. La planta empleaba a 60 trabajadores de manera directa.

El resto del insumo final se procesaba en la planta de alimentos que la firma tiene en Pilar, Buenos Aires, y que se convierte en los populares caldos en cubo, sopas o en paquetes de vegetales deshidratados de Knorr.

Según pudo saber El Cronista, la materia prima que Unilever dejará de procesar en Mendoza será adquirida a productores externos. La decisión responde a la caída en los volúmenes que justificaban la producción propia, en un segmento que además viene perdiendo peso.

“Esta decisión no afecta la continuidad de las operaciones de Unilever en Argentina ni de la marca Knorr, que seguirá desarrollando y comercializando sus productos en el país”, dijo la empresa en un comunicado.

Lo que sí hizo fue cambiar su estrategia y ampliar -recientemente- su oferta más allá de las sopas. En ese sentido, lanzó nuevos productos como pastas, risottos y ramen. La lógica comercial detrás de estos lanzamientos se debe a que, mientras la demanda de sopas se concentra principalmente en los meses de invierno, las pastas y los arroces logran sostener sus ventas durante todo el año.

“La marca se está moviendo de una categoría que, en los últimos años, se encuentra estancada en crecimiento, a uno que crece y que no tiene estacionalidad”, dijo la empresa a El Cronista.

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La planta de Guaymallén abrió sus puertas en 1964 bajo el ala de Refinerías de Maíz, empresa que el grupo Unilever compró en 2005 para hacerse más fuerte en el mercado de alimentos en la Argentina. La planta estaba vinculada con 10 fincas en Mendoza, San Juan y Córdoba, y trabajaban en conjunto para cultivar y cosechar los vegetales.

De hecho, la marca trabajaba junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para lograr desarrollos tecnológicos de cultivos que fueran más rendidores para su uso industrial.

Su cierre ocurre en plena transformación del gigante de consumo masivo a nivel global.

En marzo de este año anunció la venta de su división de alimentos al gigante norteamericano McCormick & Company. Tras el cierre previsto para 2027, los accionistas de McCormick controlarán el 35% de la nueva entidad, mientras que Unilever mantendrá inicialmente un 9,9%, con planes de desinversión progresiva. El resto quedará en manos de los actuales accionistas de la multinacional británica.

Los últimos resultados de facturación muestran el cambio de composición que atraviesa el grupo. En el primer semestre de 2026, la compañía facturó 25.600 millones de euros y registró un crecimiento de ventas del 4,8 por ciento.

Beauty & Wellbeing creció 5,9% interanual, Personal Care avanzó 4,8% y Home Care lo hizo 7,6%, que en conjunto representan el núcleo de su negocio. En tanto, Foods tuvo un crecimiento de apenas 1,2 por ciento.

El desempeño acompaña la estrategia que Unilever viene ejecutando desde hace dos años: reducir la cantidad de negocios y concentrarse en categorías con mejores perspectivas de crecimiento y márgenes. En 2025 ya separó su negocio de helados, que pasó a operar como The Magnum Ice Cream Company, y ahora avanza en la combinación de Foods con McCormick.