Unilever cerró una de las seis plantas que tiene en la Argentina. Se trata de la planta de deshidratados ubicada en Guaymallén, Mendoza, con más de 60 años en el mercado y la única de este tipo que tenía la empresa en el mundo. La decisión, argumentó, “forma parte de la evolución del negocio de alimentos”.
Allí se procesaban alrededor de 3500 toneladas de verduras deshidratas al año entre espinaca, zanahoria, zapallo, cebolla y ajo que se destinaban al mercado interno mientras que un 10% se exportaba a Brasil, México y Alemania. La planta empleaba a 60 trabajadores de manera directa.
El resto del insumo final se procesaba en la planta de alimentos que la firma tiene en Pilar, Buenos Aires, y que se convierte en los populares caldos en cubo, sopas o en paquetes de vegetales deshidratados de Knorr.
Según pudo saber El Cronista, la materia prima que Unilever dejará de procesar en Mendoza será adquirida a productores externos.
La decisión está vinculada con la caída en los volúmenes que justificaban la producción propia, en un segmento que además viene perdiendo peso.
“Esta decisión no afecta la continuidad de las operaciones de Unilever en Argentina ni de la marca Knorr, que seguirá desarrollando y comercializando sus productos en el país”, dijo la empresa en un comunicado.
“Esta medida forma parte de la evolución del negocio de alimentos y de la transformación permanente del modelo operativo para seguir fortaleciendo la competitividad y adaptarse a los cambios que atraviesan los hábitos de consumo y la industria de alimentos a nivel global”, agregó.
La estrategia de la marca fue ampliar la oferta más allá de las sopas, con productos como pastas, risottos y ramen. La lógica comercial detrás de estos lanzamientos se debe a que, mientras la demanda de sopas se concentra principalmente en los meses de invierno, las pastas y los arroces logran sostener sus ventas durante todo el año.
La planta deshidratadora estaba conectada con 10 fincas en Mendoza, San Juan y Córdoba, y trabajaban en conjunto para cultivar y cosechar los vegetales. De hecho, la marca trabajaba junto al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para lograr desarrollos tecnológicos de cultivos que fueran más rendidores para su uso industrial.
El cierre de la planta ocurre en plena transformación del gigante de consumo masivo a nivel global. En marzo de este año anunció la venta de su división de alimentos al gigante norteamericano McCormick & Company. Tras el cierre previsto para 2027, los accionistas de McCormick controlarán el 35% de la nueva entidad, mientras que Unilever mantendrá inicialmente un 9,9%, con planes de desinversión progresiva. El resto quedará en manos de los actuales accionistas de la multinacional británica.
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