En los últimos años varias obras en ventas privadas y públicas han superado los u$s 100 millones, debo confesar que jamás pensé que pudiera ocurrir esto, pero el mercado de arte es de un crecimiento insospechado y estas operaciones que se han conocido, generan sin duda un efecto inflacionario.

Hace dos años el inversor americano Kenneth C. Griffin pagó u$s 500 millones por dos obras: u$s 300 millones por Intercambio, óleo de 1955 y de 200 x 175 cm, de Willem de Kooning y u$s 200 millones por "Número 17´", óleo de 1948 de Jackson Pollock, que eran propiedad de un fuerte inversor en arte y en fondos buitres, David Geffen, nunca se las llevó a su casa y están en préstamo en el Instituto de Arte Moderno de Chicago. La familia Real de Qatar, compró hace seis años, "los jugadores de cartas", óleo de 1890 de Paul Cézanne en u$s 259 millones. De esta obra hay cinco versiones y ésta estará en el museo que se inaugurará el próximo año en el país árabe. Una obra de Paul Gauguin, realizada en Tahití y titulada "Nafea faa Ipoipo" (¿Cuándo te casarás?), fue comprada por la misma familia real hace dos años en u$s 210 millones, y aún puede ser más si prospera el pedido de un intermediario sobre su comisión en la venta.

Otra venta privada fue la compra del coleccionista ruso Dmitry Rybolóvlev de una colorida obra de Mark Rothko, titulada "Número 6, violeta, verde y rojo", realizada en 1950 y por la que abonó u$s 186 millones. Interesante fue la compra que realizaron el Museo del Louvre y el Rijksmuseum de Holanda, eran dos retratos de Rembrandt realizados en 1634 y que eran de la familia Rothschild, en operación privada con intermediación de Christies abonaron 180 millones por el par, y los tendrán un tiempo cada uno, esto ya lo había inventado Norton Simon y la Fundación Getty, que para no subir los precios compraron hace dos décadas algunas obras en sociedad. La obra más cara vendida en subasta pública fue en mayo de 2015: "Las Señoritas de Argelia, versión O" de Pablo Picasso, también comprada por la familia real de Qatar y su precio fue de u$s 179,4 millones. En noviembre de 2015 el mercado se sacudió con la venta, en u$s 170,4 millones en Christies de Nueva York, de un "Desnudo acostado" de Amedeo Modigliani, realizado en 1918 y el comprador fue el chino Liu Yiqian, que comenzó como taxista y hoy tiene dos museos con sus colecciones. Todos los meses visita Buenos Aires, el mejicano David Martínez, propietario de gran parte de Telecom y Cablevisión, entre otras empresas, nunca se confirmó pero en el mercado se dice que hace 15 años le pagó a Geffen u$s 140 millones por "Número 5", obra de Jackson Pollock realizada en 1948. Otro famoso De Kooning, "Mujer III", fue comprado por el inversor Steven A. Cohen en u$s 137,5 millones, era también de David Geffen e intermedió el marchand Gagosian en la operación. Este año, el mercado golpeó alto al venderse un Basquiat en u$s 110 millones a un joven coleccionista japonés. También hay dos bronces de Giacometti que han superado los u$s 100 millones y varias obras de Picasso y la versión en pastel de "El Grito" de Edvard Munch que fue comprada por el coleccionista americano León Negro, quien también pagó una fortuna por un yeso de Picasso. Las obras más valiosas jamás saldrán a la venta, pienso en "Las Meninas" de Velázquez o en las "Señoritas de Avignon" de Picasso. En la Argentina lo máximo pagado por una obra ha sido u$s 1 millón por un Pettoruti y u$s 800.000 por un Berni. Sin dudas nuestro mercado es del tercer mundo, pero nos queda la alegría que nuestros artistas son del primer mundo, sin duda alguna.