Opinión

La sustentabilidad, otro gran desafío para el desarrollo de la inteligencia artificial

Las dos caras de la herramienta que revoluciona el mundo: la cantidad de soluciones que puede brindar en la materia, y por el otro, el alto consumo de energía que requiere desarrollar estos procesos

En solo 40 días, Chat GPT alcanzó los 10 millones de usuarios diarios. El mundo se vio sorprendido por este chatbot de inteligencia artificial (IA) que parece saber todo lo que se le pregunta. Detrás de sus respuestas hubo un largo proceso de entrenamiento de modelos de lenguaje que muestran dos caras de la misma moneda respecto al impacto ambiental: por un lado, la cantidad de soluciones que puede brindar en la materia, y por el otro, el alto consumo de energía que requiere desarrollar estos procesos.

Siempre se dijo que la IA llegaba para ser una aliada estratégica del desarrollo sostenible. Y no hay dudas de que así es. Es una herramienta que nos ayudará a diseñar, ejecutar, consultar y planificar mejor el futuro de nuestro planeta. Una tecnología que nos permitirá construir de manera más eficiente, utilizar los recursos de forma sostenible y a reducir y gestionar mejor los residuos que generamos, entre otras muchas cosas.

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Sin embargo, la carrera por desarrollar cerebros digitales cada vez más potentes no está exenta de riesgos y polémicas respecto a su impacto en nuestras vidas. La automatización y el empleo, los sesgos a partir de los algoritmos, la fiabilidad de la información, la privacidad, las asimetrías de poder entre los actores involucrados, y otros tantos -que incluso han motivado una declaración de expertos y ejecutivos de empresas, entre ellos Elon Musk, pidiendo suspender su desarrollo- son parte de la conversación pública de las últimas semanas. A estos temas -muy importantes y que requieren ser abordados- debemos sumarle el aspecto ambiental.

Un estudio en Estados Unidos afirmó que para la primera fase de entrenamiento de Chat GPT se utilizaron 1287 megavatios por hora, lo que equivale a 550 viajes de ida y vuelta entre Nueva York y San Francisco, ciudades separadas por casi 4500 kilómetros. La IA utiliza más energía que otros tipos de herramientas informáticas, y el proceso de entrenamiento de un solo modelo puede requerir más electricidad de la que utilizan 100 familias de alto poder adquisitivo durante un año.

El crecimiento de estas tecnologías, más aún en una carrera en la que los gigantes tecnológicos buscan generar la herramienta más poderosa, requiere poder de procesamiento, así como almacenamiento y búsqueda eficiente, lo que implica aumentos significativos en los recursos de energía y enfriamiento que requieren los grandes centros de procesamiento. A esto debemos sumarle la falta de transparencia e incluso dificultad que existe para entender el consumo real de las aplicaciones y, por ende, su huella de carbono.

La gran pregunta que surge es si tenemos la infraestructura, el abastecimiento energético y los data centers necesarios para afrontar este desafío de forma sostenible. Dicho de otra forma, si podemos lograr que la evolución tecnológica esté alineada con los nuevos y necesarios parámetros de la sustentabilidad.

Lo mismo que sucedió con diferentes industrias, pero ahora con una que se erige como la bandera del futuro. En ese sentido, la reducción de la huella de carbono o la compensación de los entrenamientos será una nueva batalla para la inteligencia artificial.

Lejos de ser "una piedra en el zapato", repensar los modos de producción desde una perspectiva sustentable es una de las aristas necesarias para garantizar el éxito a largo plazo.

Desde la otra cara de la moneda, son enormes las posibilidades que abre la inteligencia artificial a la hora de brindar soluciones con impacto en el ambiente. Por ejemplo, los sistemas para eficientizar el consumo energético alcanzan a casi todas las industrias y se pueden aplicar de diferentes maneras. También hay sensores para reducir el consumo de agua, pronósticos meteorológicos más específicos que permiten el ahorro de recursos en el campo, edificios inteligentes, cestos de basura que reciclan, entre otras tantas soluciones sustentables.

Iván Buffone, socio director de Business & Sustainability

Algunas empresas ya afrontaron el desafío de producir "tecnología sustentable". La empresa estadounidense Dell en los últimos nueve años logró reducir en un 83% la energía que consumen sus servidores. ¿Se podrán plantear objetivos similares en los modos de producción de la inteligencia artificial? Google, que también tiene sus propios desarrollos en esta nueva tecnología, se propuso funcionar sin emisiones de carbono durante los 365 días del año a partir de 2030.

También busca brindar herramientas a sus clientes en esta materia. En 2022, la compañía lanzó Active Assist, que utiliza datos y aprendizaje automático para diversas tareas, entre ellas, la medición de la huella de carbono. Con inteligencia artificial identifica cuáles son los proyectos desatendidos dentro de una empresa y el impacto que tienen en el ambiente. Contando toda su cartera, Google detectó que había más de 600.000 kilos brutos de dióxido de carbono presuntamente inactivos: eliminarlos significaría un beneficio similar al de plantar 10 mil árboles. Desde la Argentina, Nodus Company, una empresa que provee servicios a nivel global, desarrolla soluciones digitales atravesadas por la sustentabilidad, buscando mitigar su impacto a partir de la eficiencia desde el diseño.

Para acompañar todo este proceso, será clave vincular a las energías renovables con el suministro energético de los centros de procesamiento. La inversión en energías limpias y su utilización para acompañar el proceso de crecimiento de la tecnología y, en particular, de la inteligencia artificial, se constituyen como el camino obligado a transitar para la sostenibilidad de este proceso.

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Tendrán razón quienes miran una sola cara de la moneda y hablen del alto consumo energético en el entrenamiento de la inteligencia artificial. Pero también es cierto que la cantidad de soluciones que brinda este desarrollo tecnológico es un argumento suficiente para ver hacia qué lado de la balanza se inclina el futuro. Así como son necesarias regulaciones que guíen este crecimiento considerando los distintos aspectos sociales e incluso políticos, también lo son para abordar sus riesgos ambientales.

Mitigar el impacto ambiental de la tecnología es también un requisito ineludible para el futuro sostenible que necesitamos.

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