La inteligencia artificial dejó de ser un recurso reservado para especialistas y pasó a integrarse en actividades cotidianas, con efectos sobre la forma de trabajar, comunicarse y buscar información. El desafío, según planteó la especialista Delfina Arambillet, es construir reglas para su desarrollo sin que ese proceso quede limitado a las decisiones de las empresas privadas que diseñan la tecnología.
Arambillet, formada en periodismo y luego especializada en ciencia de datos, cuestionó la idea de que la inteligencia artificial nació con ChatGPT. “Creemos que la IA nació hace cinco años con ChatGPT, pero es una disciplina que está en desarrollo desde los años 50”, afirmó.
El debate por el control de la infraestructura
Para Arambillet, el debate central está vinculado con el control de una infraestructura que puede modificar distintos aspectos de la vida social. “Estamos en un nudo en el cual las empresas que diseñan e implementan estas tecnologías son empresas privadas”, advirtió. “Es una infraestructura que de alguna forma va a cambiar la forma en la que nos comunicamos, producimos y accedemos a la información”, agregó. Frente a ese escenario, propuso un esquema de regulación con participación de distintos sectores.
“Tiene que haber un sistema de regulación mixta, en la que cada actor de la sociedad tiene su rol”, cerró.











