

El movimiento del peso frente al dólar no tiene el mismo efecto sobre todas las empresas. Mientras una depreciación de la moneda mexicana puede elevar los costos de una compañía importadora, también puede incrementar en pesos los ingresos de un exportador que cobra sus ventas en dólares. El resultado final depende de cómo esté estructurado el negocio y de cuánto dependa de las operaciones en moneda extranjera.
Para una empresa importadora, el riesgo aparece cuando existe una obligación futura en dólares. Si el presupuesto fue elaborado con una determinada cotización y el peso pierde valor antes de concretar el pago, la compañía tendrá que destinar más pesos para adquirir la misma cantidad de divisas. La diferencia puede reducir el margen o trasladarse a los precios.
¿Qué pasa con los importadores cuando sube el dólar?
El problema puede ser todavía mayor cuando el encarecimiento de la moneda estadounidense coincide con otros aumentos de costos. BASE señala que el tipo de cambio puede actuar como un multiplicador de los efectos de un incremento arancelario: si el producto importado enfrenta un mayor arancel y, al mismo tiempo, el peso se deprecia, el costo en moneda nacional recibe una doble presión.
Para los exportadores, la lógica es diferente. Una depreciación del peso puede elevar el valor en moneda nacional de una venta realizada en dólares y, dependiendo de la estructura de costos, mejorar el margen. Sin embargo, ese beneficio no necesariamente se mantiene cuando la compañía también necesita importar materias primas, componentes o maquinaria.

¿Un peso fuerte siempre beneficia a las empresas?
No necesariamente. BASE destaca que una apreciación importante del peso puede abaratar insumos importados y favorecer a determinados negocios, pero también reducir en pesos los ingresos de los exportadores y afectar su competitividad internacional. Por eso, la conveniencia de un dólar caro o barato depende de quién esté realizando la operación y de su nivel de exposición cambiaria.
La clave está entonces en medir el riesgo antes de que ocurra el movimiento. Una empresa puede identificar sus cuentas por cobrar y por pagar en dólares, conocer los plazos de cada operación y evaluar qué porcentaje de sus flujos queda expuesto a variaciones del mercado. Con esa información puede construir escenarios y tomar decisiones financieras con mayor anticipación.
¿Cómo pueden protegerse los márgenes ante el tipo de cambio?
La estrategia no consiste necesariamente en cubrir el 100% de una operación. BASE explica que las coberturas pueden establecerse por plazos y porcentajes, de acuerdo con los flujos esperados, las necesidades de liquidez y la tolerancia al riesgo de cada empresa. El objetivo es reducir el impacto de un movimiento inesperado sobre los resultados.
En este ámbito, Coberturas Cambiarias de BASE contempla herramientas como forwards, opciones y swaps. Para complementar la gestión de los flujos internacionales, el banco también señala soluciones de Divisas y Pagos, orientadas a empresas que necesitan comprar, vender o transferir moneda extranjera como parte de sus operaciones.
La administración del tipo de cambio se vuelve especialmente relevante cuando los márgenes dependen de operaciones internacionales. Importadores y exportadores no pueden controlar la cotización del peso, pero sí pueden conocer su exposición y diseñar estrategias para reducir el impacto de la volatilidad. En ese sentido, la planeación cambiaria es una herramienta de gestión financiera y no una apuesta sobre cuál será el próximo movimiento del dólar.
Este contenido patrocinado fue elaborado con inteligencia artificial generativa y contó con la supervisión, edición y validación de un periodista de El Cronista.














