

En medio de una transición profunda en el ecosistema de emprendimiento en México, el Tecnológico de Monterrey, de la mano del Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera, ha validado una metodología propia que busca profesionalizar el camino del investigador hacia el mercado, atendiendo a más de 500 proyectos y startups al año.
Odille Sánchez, directora de emprendimiento de base científica y tecnológica del Tecnológico de Monterrey, explica en entrevista con El Cronista que el enfoque ha dejado de ser meramente escolarizado para centrarse en metas tangibles de madurez tecnológica, ventas y levantamiento de capital.
La metodología, desarrollada durante cuatro años de investigación doctoral por Sánchez, se aleja de los esquemas tradicionales de aceleración por convocatorias cerradas. Se trata de un modelo atemporal e híbrido que atiende a emprendedores de México y Latinoamérica en cualquier momento de su desarrollo.
En cuatro años se ha apoyado a más de 2,000 proyectos y startups con esta metodología, no sólo de esta institución educativa, sino de cualquier otra o incluso de otros países, compartió Sánchez.
El Tec utiliza su red nacional y alianzas internacionales para conectar al emprendedor con el recurso exacto que necesita.
“Tal vez una emprendedora en Michoacán necesita a un experto de materiales que está en Chihuahua, pero un experto de negocios que esté en Colombia y un laboratorio que esté en Japón. Juntamos eso y por eso muchas cosas son híbridas”, ejemplificó Sánchez.
En el proyecto se han involucrado más de 30 campus en la orquestación de recursos y el gobierno de Jalisco ha invertido MXN $10 millones de pesos anuales en estas iniciativas.
Una metodología Milestone Oriented
Cabe señalar que los programas no son cursos genéricos, sino que se adaptan a tres hitos fundamentales: avance en madurez tecnológica, incremento de ventas y atracción de inversión.
El modelo permite a corporativos y gobiernos patrocinar programas de incubación a la medida. Ejemplos destacados incluyen colaboraciones con Heineken, Daikin, Fundación José Cuervo y el Gobierno de Jalisco, con quien ya han colaborado durante seis años.
Con la consolidación de sus distritos de innovación en Monterrey, Querétaro y Ciudad de México, la institución busca que esta metodología no solo genere empresas, sino que orqueste un impacto colectivo que eleve la calidad de vida en toda la región.
El hueco del “pre-pre-seed” y el toque startupero
A pesar del avance, Sánchez identifica tres áreas críticas que frenan el potencial de las startups de base científica y tecnológica en el país.
Existe una falta de financiamiento en las etapas más tempranas, donde se requieren “tickets chiquitos” en etapas “pre-pre-seed” de u$s 30 a 50 mil dólares para desarrollar prototipos y MVPs.
Sánchez advierte que en México, muchas ideas mueren antes de nacer porque el capital disponible llega en etapas donde el proyecto aún no puede despegar.
Además, lamentó que aún exista una desincronización del ecosistema entre los recursos del gobierno, la academia y el sector privado.
“Hay recurso, pero luego no hay quien opere ese recurso. No hay incubadoras enfocadas en resultados. Tal vez hay incubadoras basadas en dar cursos y eso es como más para inspirar, pero no para aprovechar este recurso”, detalló Sánchez.
En este contexto, para captar inversión inicial en etapas muy tempranas, los científicos requieren desarrollar el componente de negocios. Sánchez ahonda en que “el perfil del investigador requiere un perfil más de startupero... muchas veces al investigador se le traquea con base en cuántos papers publica, no con base en cuántos emprendimientos detona”.
Para el Tec de Monterrey, el éxito de un emprendimiento científico no reside únicamente en la patente, sino en la resiliencia de quien lidera. Al final del día, concluye Sánchez, “los inversionistas invierten en los fundadores, no tanto en el proyecto o en la startup”.
















