Londres y Bogotá.- La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha tenido que mostrar una deferencia hacia Washington que la mayoría de los líderes consideraría humillante desde que asumió el cargo en enero, luego de que fuerzas estadounidenses capturaran al líder de su país.

Washington controla los ingresos petroleros del país, lo que significa que ella ha tenido que pedirle permiso a un funcionario del Departamento de Estado de apenas 32 años para poder gastar esos fondos. Además, asignó una quinta parte de las reservas de petróleo de Venezuela a una empresa privada que es en parte propiedad del Pentágono.

Esta semana, Rodríguez recibirá su recompensa, aseguran los analistas. El martes se reunirá con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Nueva York, en el primer encuentro cara a cara entre los líderes de ambos países desde 2015. El miércoles, se espera que pronuncie el primer discurso presencial de un líder venezolano ante la Asamblea General de la ONU desde 2018.

A pesar de los tintes coloniales de las exigencias de Washington, el viaje podría ayudar a Rodríguez a afianzar su poder a nivel interno. Cuanto más fuerte sea la relación personal que logre entablar con Trump y más dependa su administración de ella, mayor será su capacidad para posponer las elecciones que podrían sacarla del poder.

De la subordinación al respaldo en Nueva York

La disposición de Trump a recibirla subraya “el pacto que está en el corazón de la relación”, señaló Orlando Pérez, politólogo de la Universidad del Norte de Texas en Dallas. “Trump es un líder pragmático y transaccional, y ella le está cumpliendo con el petróleo y con muchas de las otras cosas que él ha estado pidiendo”.

El simbolismo es aún más impactante al compararlo con los otros dos actores clave de la política venezolana. Mientras ella hable en la sede de la ONU en Manhattan, el depuesto expresidente Nicolás Maduro estará a solo 11 kilómetros de distancia, encarcelado en una prisión de Brooklyn bajo cargos de narcotráfico, los cuales él niega.

Y mientras Rodríguez viaja libremente entre Venezuela y EE. UU., la líder opositora y ganadora del Premio Nobel, María Corina Machado, se encuentra varada en el exilio en Panamá, imposibilitada de regresar a su país y viendo cómo se desgasta su capital político.

Para un sector de la oposición venezolana, el acuerdo con Washington empieza a parecerse más a una rendición incondicional que a la liberación que esperaban cuando EE. UU. extrajo a Maduro el 3 de enero.

El exlegislador opositor Américo de Grazia comparó la situación con el control del general estadounidense Douglas MacArthur sobre Japón durante seis años a partir de 1945.

“El emperador Hirohito tuvo que esperar seis meses para ser recibido por el general, quien le fumaba en la cara. Pero aceptó las condiciones de MacArthur porque no había otra forma de sobrevivir”, afirmó de Grazia.

El control financiero y las concesiones petroleras

Las exigencias de Washington se han centrado en los ingresos petroleros de Venezuela, los cuales ha estado recaudando desde enero.

La administración estadounidense creó una lista de gastos autorizados y prohibidos, de acuerdo con personas familiarizadas con el proceso. Caracas puede utilizar el dinero para pagarle a los maestros, comprar insumos médicos o bienes necesarios para la industria petrolera. En los últimos meses, también se han aprobado fuertes intervenciones en el mercado cambiario.

Sin embargo, Washington no ha permitido que Venezuela use los fondos para realizar pagos a empresas chinas o rusas que operan en el país, señalaron las fuentes.

Las solicitudes de gasto son gestionadas por la Oficina de Asuntos Económicos, Energía y Empresariales del Departamento de Estado de EE. UU. Hasta finales de agosto, la oficina estaba a cargo de Caleb Orr, un funcionario de 32 años que trabajó en la oficina del senador Marco Rubio antes de seguirlo al Departamento de Estado. (El portal Axios reportó el mes pasado que Orr se trasladaría a un puesto de alto nivel en la Casa Blanca).

“Caleb es justo el tipo de persona que quieres en el gobierno: inteligente, trabajador y muy enfocado en los detalles”, comentó un exfuncionario que ha tratado con él. “Pero apenas acaba de cumplir los 30”.

La administración Trump no ha revelado cuánto dinero de Venezuela ha recaudado ni cuánto se ha enviado de regreso.

El Departamento de Estado informó al FT que los fondos “constituyen propiedad del gobierno interino de Venezuela” y se desembolsan “de acuerdo con las solicitudes del gobierno interino de Venezuela y en conformidad con los parámetros de gasto aprobados”.

Funcionarios estadounidenses también destacan que una de las funciones del sistema de pagos es prevenir la corrupción, aunque reconocen abiertamente que sirve como una herramienta de control político.

“Tenemos mucha presión sobre Venezuela”, declaró este mes el secretario de Energía, Chris Wright. “Nosotros controlamos la venta de petróleo fuera de su país”.

Esa influencia ayudó a asegurar el acuerdo energético del mes pasado.

EE. UU. está adquiriendo una participación del 35% en North American Blue Energy Partners, una empresa propiedad de Alejandro Betancourt, un empresario venezolano que ha enfrentado señalamientos por presuntos nexos de corrupción con el gobierno, los cuales él siempre ha negado.

Además de la participación accionaria, EE. UU. recibirá a precio de costo el 20% del petróleo producido por la empresa. La administración Trump confía en que el acuerdo acelere las inversiones en la industria petrolera.

El secretario del Interior de EE. UU., Doug Burgum, afirmó que el pacto forma parte de la estrategia de Washington para lograr el dominio energético en el hemisferio. Refleja “la brillante estrategia de convertir a Venezuela de un adversario sancionado hace apenas unos meses, a un aliado estratégico”, declaró a Fox la semana pasada.

Estrategia de supervivencia y el futuro electoral

A cambio, Rodríguez ha recibido el respaldo público constante de Trump. Ella está “haciendo un trabajo muy, muy bueno” y es “muy respetada”, comentó el mandatario a principios de este mes. Al ser cuestionado sobre las elecciones en Venezuela, añadió: “Delcy las quiere, pero aún no están listos”.

No estaba garantizado que Rodríguez, quien había sido vicepresidenta de Maduro desde 2018, sobreviviera en el cargo tanto tiempo. Inicialmente desapareció de la luz pública el 3 de enero, para reaparecer horas más tarde tras tensas llamadas telefónicas con Washington. Las circunstancias exactas que llevaron a la administración Trump a elegirla como reemplazo aún no se han esclarecido por completo.

Rodríguez ha hecho a un lado a algunos rivales y ha forjado alianzas con otros, logrando conservar el apoyo de las Fuerzas Armadas tras remover a sus mandos principales. También ha conseguido esquivar los cuestionamientos sobre su estatus legal: según la Constitución, un presidente interino solo puede gobernar por 180 días, plazo que venció en julio.

Más allá de la supervivencia a corto plazo, varios analistas consideran que el objetivo de Rodríguez ha sido aplazar las elecciones lo más posible. En una encuesta reciente, registró una aprobación neta de -36%. Sin embargo, si logra orquestar una recuperación económica, podría intentar proyectarse como una heredera tecnócrata y eficaz del expresidente Hugo Chávez, pero presumiendo buenas relaciones con Washington.

El gobierno y la oposición están negociando la fecha para la celebración de elecciones, en un proceso respaldado por Marco Rubio, quien ha sido un constante crítico del deterioro autoritario en Venezuela. La oposición confía en pactar para diciembre una hoja de ruta electoral.

No obstante, en la oposición muchos temen que Rodríguez se esté volviendo indispensable para Trump al ofrecer un acceso sumamente ventajoso a los recursos del país que ningún otro líder autorizaría.

“Reconocemos el riesgo que asumió Trump al sacar a Maduro del poder”, comentó Henrique Capriles, uno de los principales referentes opositores que permanecen en el país. “Pero resulta incomprensible que se hable de reactivar la industria petrolera en Venezuela con las mismas personas que la destruyeron”.

Orlando Pérez, experto en América Latina, advirtió que el riesgo radica en que “las negociaciones sobre las elecciones se vayan postergando”, debido a la relevancia que ha cobrado Rodríguez para Trump. “Simplemente, Trump no siente ninguna presión por parte de quienes exigen fijar una fecha para los comicios”.