Qué pasa en Afganistán: claves para entender el rápido ascenso al poder de los talibanes

Mientras los Estados Unidos preparaban su retirada, los talibanes lograron, en apenas semanas, retomar el control del país y convertirse en la fuerza gobernante, tras 20 años de poder en las sombras

Miles de personas intentan huir de Afganistán luego de que los talibanes tomaran el control de la capital, Kabul, y el presidente Ashraf Ghani Ahmadzai huyera, por ahora sin paradero conocido. Estados Unidos envió más tropas para garantizar las operaciones de evacuación.

QUÉ DICEN LOS TALIBANES

El domingo los talibanes tomaron el control del Palacio presidencial, sacaron la bandera afgana e instalaron el Emirato Islámico de Afganistán. Según le dijo Suhail Shaheen, vocero de la cúpula talibán, a CNN, los nueves líderes no buscan "el monopolio del poder" sino que quieren crear "un gobierno islámico inclusivo" en el que también tendrán espacio las personas que no forman parte de los grupos  talibanes. Por otra parte, Shaheen prometió que no habría un "riesgo para la propiedad, la vida y el honor" de los afganos y dijo que habría una amnistía para aquellos que colaboraron con los estadounidenses y con el gobierno de Ghani.

El tono moderado de los talibanes contrasta con las escenas de caos en el aeropuerto de Kabul y las rutas afganas, por donde miles de civiles tratan de escapar del país. En la capital, los talibanes ya instalaron varios 'puestos de control', para prevenir "la anarquía y mantener la seguridad", según Shaheen, en el contexto de incidentes y saqueos. Muchos civiles, sin embargo, lo ven como una forma de amedrentamiento.

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Son días de incertidumbre ahora que los talibanes han dejado de ser un  poder en la sombra para gobernar efectivamente Afganistán.  ¿Cumplirán con sus promesas de mantener la paz mientras buscan algún tipo de legitimidad en la comunidad internacional, o seguirán manejándose como en el pasado? Por ahora sólo hay incógnitas. 

ACUERDO DE RETIRADA

Tras casi dos décadas de presencia militar en Afganistán -y una buena parte de la población estadounidense cansada de la guerra interminable o ‘the forever war'-, en febrero de 2020, la Administración Trump cerró un acuerdo en Doha (Catar) para retirar las tropas estadounidenses, siempre que los talibanes no les permitieran a Al-Qaeda y otros grupos terroristas operar en la zonas que controlaban.

El presidente Joe Biden, a diferencia de lo que sucedió en casi todos los otros temas de gestión, acompañó la iniciativa de Trump, y en abril pasado anunció la etapa final de retirada de las tropas, que debía completarse el próximo 31 de agosto. Nunca anticiparon que su salida del país sería tan desprolija y que los talibanes retomarían tan rápido el control de Afganistán.

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Desde el punto de vista de la Administración Biden, la retirada de las tropas se había retrasado demasiado, considerando que los objetivos de EE.UU. en Afganistán ya habían sido cumplidos. "Fuimos por dos razones: una para llevar a Osama bin Laden a las puertas del infierno. (...) La segunda razón fue para eliminar la capacidad de Al-Qaeda de organizar más ataques contra los EE.UU. desde ese territorio. Logramos ambos objetivos", dijo Biden en una conferencia en julio pasado.  

ERROR DE CÁLCULO

En esa misma conferencia, le preguntaron a Biden si consideraba que era inevitable que los talibanes tomaran el control de Afganistán tras la salida de EE.UU. La respuesta del presidente norteamericano fue un rotundo "No, no lo es". "Tienen 300.000 tropas bien equipadas, a la altura de cualquier ejército del mundo, y una Fuerza Aérea. Contra unos 75.000 talibanes. No es inevitable".

Y agregó: "¿Confío en los talibanes? No. Pero confío en la capacidad de los militares afganos, que están mejor entrenados, mejor equipados y son más competentes en términos de conducción de la guerra".

Uno de los escenarios más optimistas, por aquel entonces, era que los talibanes estarían marginados a las zonas rurales, y que el gobierno afgano lograría retener el control de las grandes ciudades. La velocidad del avance talibán, que logró tomar 18 (de 34) capitales provinciales en dos semanas, evidencia el error de cálculo.

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De hecho, hasta hace pocos días, por lo menos una parte del ejército estadounidense creía que los talibanes tardarían al menos tres meses en controlar Kabul, según le dijo una fuente a Reuters.

Tras la toma de la capital y la huida del presidente Ghani -que abandonó el gobierno casi sin decirle a nadie, lo que hundió todavía más la moral de los funcionarios-, ahora algunos en EE.UU. creen que fue un error tratar de moldear al ejército afgano en base a la impronta norteamericana, a pesar de los casi u$s 90 mil millones que los sucesivos gobiernos estadounidenses han invertido desde 2002.

El domingo, el presidente del Estado Mayor Conjunto de los EE.UU., Mark Milley; el secretario de Estado, Blinken; y el secretario de Defensa, Lloyd Austin; estuvieron de una conferencia telefónica junto con legisladores republicanos y demócratas. Una de las personas le dijo a Axios: "Para mí, hay dos conclusiones. "Vamos a dejar atrás a decenas de miles de personas... y el calendario en términos de amenazas se ha acelerado". 

¿OTRA CRISIS DE REFUGIADOS?

La caída de Kabul también dejó varias imágenes duras y especialmente incómodas para la Administración Biden: los helicópteros sobrevolando la Embajada de EE.UU. -una foto muy parecida a la salida de Saigón (Vietnam) en 1975-; los miles de afganos inundando el aeropuerto internacional Hamid Karzai, ahora cerrado para vuelos comerciales.

Según el Ejército norteamericano, que tomó control del aeropuerto, al menos siete personas murieron, mientras trataban de escapar el país. Algunos incluso trataban de aferrarse al fuselaje mientras los aviones militares estadounidenses trataban de despegar.

Debido al caos, el ejército norteamericano frenó temporalmente las operaciones de evacuación para garantizar la seguridad del aeropuerto.

Muchos países comienzan a temer una nueva crisis de refugiados. ACNUR estima que hay alrededor de 2,6 millones de refugiados afganos en el mundo (400.000 se fueron en lo que va de 2021), la mayoría repartidos entre los vecinos Pakistán e Irán. La atención está puesta especialmente en qué hará Turquía, puerta de entrada a Europa, donde ya viven 3,6 millones de refugiados como consecuencia de la crisis en Siria.

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