

Mientras Siria se desangra en una guerra civil que adquiere cada día mayores proporciones, Naciones Unida sigue paralizada y sin capacidad de reaccionar para detener la grave situación. El Consejo de Seguridad del organismo no puede actuar ante el veto de Rusia y China para reducir el drama humanitario que lleva más de 40 mil muertes y casi 200 mil desplazados. El enviado del Secretario General de Naciones Unidas, el antecesor en el cargo Kofi Annan, ha reconocido su fracaso en la propuesta de alto de fuego y otros intentos para reducir el alcance del conflicto.
El panorama es muy grave y resulta incomprensible la falta de habilidad diplomática de las principales potencias para encontrar una solución aunque sea temporal. El enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia termina siendo el motivo central de esa parálisis. Ambos potencias disputan espacios en el complejo tablero de ecuaciones de poder en Medio Oriente de una forma nunca antes vista desde la caída del Muro de Berlín.
Rusia quizás lo haga como consecuencia de las ambiciones del Presidente Vladimir Putin de restablecer a su país como actor central de la política internacional. Sin embargo, Rusia hoy ya no es la Unión Soviética. Puede entorpecer soluciones pero no es una potencia suficiente en sí misma para aportar contribuciones a un conflicto intenso. El caso de China es quizás más difícil de entender y este más relacionado con la agresiva política de Estados Unidos en Asia que procura arrinconar a Beijing en momentos que China está dispuesta a desempeñar con energía el poder que le otorga la capacidad de ser la segunda economía del mundo.
En ese marco, Estados Unidos tampoco parece estar a la altura de las circunstancias. Washington no estaría dispuesto a ceder espacio frente a Rusia o China. Los motivos podrían estar vinculados a los riesgos electorales que podrían significar para el Presidente Barack Obama una mayor flexibilidad con uno u otro. Cualquier movimiento podría ser una carta que aprovecharía a su favor el candidato republicano, Mitt Romney, en la campaña electoral a la Casa Blanca.
Siria tampoco es Libia y las consecuencias de una intervención militar pueden ser mucho más complicadas que las que representaron la acción en el norte de frica. La base militar rusa de Tartus y la masiva presencia naval rusa con efectivos de desembarco no es un dato menor. En ese contexto, el futuro de Siria sigue a la deriva.










