Una creencia muy extendida entre los dueños de mascotas es que los perros no solo comprenden las emociones humanas, sino que actúan impulsados por la empatía para consolar a sus cuidadores en momentos de aflicción.
Sin embargo, una investigación publicada en la revista Animal Cognition por un equipo de investigadoras encabezado por Juliane Bräuer y Yana Bender (asociadas a instituciones como el Instituto Max Planck) reveló que la respuesta canina responde a patrones de percepción y valor adaptativo más que a un sentimiento empático de compasión.
El estudio evaluó la reacción de perros ante emociones genuinas de sus dueños, analizando tanto la interacción directa como la capacidad de respuesta durante tareas de entrenamiento.
El experimento: emociones reales y evaluación de la obediencia
A diferencia de investigaciones previas que utilizaban grabaciones de audio, fotografías o actores que simulaban emociones, los científicos manipularon los estados de ánimo de los dueños para que experimentaran tristeza, felicidad o neutralidad de forma auténtica mediante la proyección de videoclips. Es importante destacar que los dueños desconocían el propósito exacto del experimento.
Durante las pruebas, los investigadores midieron el comportamiento canino en dos momentos clave: durante la inducción emocional del dueño y durante una sesión posterior de aprendizaje de una nueva orden.
Los principales hallazgos mostraron variaciones de conducta según el estado de ánimo:
- Ante la tristeza del dueño: los perros redujeron el contacto físico, miraron menos a sus cuidadores, saltaron con menor frecuencia y mostraron una marcada disminución en la obediencia a la orden de “sentarse”.
- Ante la felicidad del dueño: los perros registraron un desempeño superior en la tarea entrenada, acatando las órdenes de manera más rápida y eficiente.
Menos contacto y menor acercamiento: las razones del comportamiento canino
Los resultados desmitifican la idea de que los perros reaccionan con comportamientos de consuelo o búsqueda activa de contacto físico ante la tristeza.
En lugar de aproximarse para “brindar afecto”, la tendencia observada fue el alejamiento y la reducción en el nivel de atención e interacción.
Las investigadoras explican que la baja obediencia registrada en momentos de tristeza no responde a una actitud de rebeldía o desobediencia consciente, sino a cómo los perros procesan el entorno.
Un dueño triste emite señales corporales, auditivas y químicas de menor energía y poca claridad en la comunicación. Ante esta falta de estímulo o recompensa clara, el perro pierde motivación, reduce la interacción y desatiende las instrucciones habituales.
Por el contrario, la emoción positiva y entusiasta actúa como un facilitador del aprendizaje, potenciando la capacidad de atención y la respuesta a las indicaciones del guía.