

Un estudio publicado el 24 de septiembre en la revista científica Science reveló que los perros segmentan el habla en palabras de una forma que hasta el momento solamente se había observado en humanos, al utilizar regularidades de las consonantes de una manera parcialmente similar a las del ser humano. La investigación fue encabezada por un grupo de científicos de la Universidad Eötvös Loránd (ELTE), en Budapest, Hungría.
El estudio mostró que estos animales segmentan el habla en palabras de una manera que hasta ahora solo se había observado en humanos.
Además, el principal hallazgo radica en que tanto perros como humanos mostraron un seguimiento cerebral más fuerte cuando las palabras estaban estructuradas mediante patrones de consonantes que cuando lo estaban mediante vocales.
Este fenómeno se conoce como “sesgo consonántico”. Aunque las vocales suelen ser más llamativas en términos acústicos, en muchos idiomas las consonantes aportan más información para diferenciar unas palabras de otras.

Cómo se realizó el estudio
Los científicos del Grupo de Investigación en Neuroetología compararon las respuestas cerebrales de 20 seres humanos y 20 perros de compañía ante el habla. Para ello, emplearon la electroencefalografía (EEG) no invasiva para observar cómo el cerebro seguía patrones construidos a partir de consonantes, vocales o secuencias sin patrones recurrentes.
Asimismo, el experimento consistió en exponer tanto a los participantes humanos como a los perros a secuencias continuas de habla sin segmentar. Las consonantes y las vocales se alternaban a lo largo de estas secuencias, sin otras pausas o señales acústicas que las separaran. Es así como las secuencias diferían en función si contenían patrones recurrentes o no.
Por otro lado, un tipo de patrón se conformaba de consonantes que constituían palabras consecutivas de tres sílabas, debido a que las vocales aparecían entre sílabas que variaban libremente. En el segundo caso, los patrones recurrentes eran las vocales, mientras que en el tercer caso, no había ningún patrón. Esto se debe a que era utilizado como control, por lo que las sílabas se sucedían unas a otras en un orden aleatorio.
El estudio demostró el seguimiento cerebral de los perros ante patrones de consonantes
La investigación demostró que, aproximadamente 400 milisegundos después del comienzo de cada palabra, hubo un cambio en la actividad eléctrica del cerebro de los humanos y el de los perros, aunque esto tuvo lugar únicamente en el caso de las palabras estructuradas mediante consonantes.
Otro resultados que llamó la atención de los investigadores, fue que el sesgo consonántico también apareció en perros que habían pasado sus primeros tres meses de vida en la calle o en un refugio, en lugar de crecer desde el nacimiento en un hogar rodeados de habla humana.
A pesar de la similitud en la reacción del cerebro de perros y humanos, los investigadores también detectaron diferencias entre especies. Por ejemplo, los seres humanos fueron capaces de detectar palabras definidas por patrones de vocales, mientras que los perros no. Este hallazgo demuestra que los seres humanos tienen una capacidad mayor para aprender patrones lingüísticos inesperados.

Asimismo, otra diferencia está relacionada con los ritmos en que las especies detectaban las secuencia del habla. Si bien el ritmo de las sílabas apareció en las respuestas cerebrales de ambas especies, solamente el cerebro humano se sincronizó con el ritmo de los sonidos del habla.
En este sentido, Attila Andics, autor principal del estudio, señaló que el descubrimiento sugiere que la adaptación del cerebro al habla y la aparición del sesgo consonántico no requieren necesariamente capacidades lingüísticas similares a las humanas.
Según explicó, la exposición habitual al habla podría ser suficiente para modificar el funcionamiento cerebral y generar características de procesamiento que hasta ahora solamente se habían observado en humanos.













