

Verlos pasar en la oscuridad puede generar un susto reflejo. Pero si los murciélagos rondan tu jardín, tu techo o tu patio durante la noche, la ciencia tiene buenas noticias para darte: no es una señal de peligro, sino todo lo contrario.
Estos mamíferos nocturnos —que pertenecen al orden Chiroptera, el segundo grupo de mamíferos más diverso del planeta con más de 1400 especies identificadas— no se acercan a las casas por accidente ni con intención de entrar. Salen a cazar. Y si eligen tu entorno, es porque encontraron allí lo que necesitan: insectos, refugio y condiciones estables.
Murciélagos: qué hacen realmente cerca de tu casa
A diferencia de lo que instala el imaginario popular, los murciélagos no buscan meterse en los hogares. Su actividad nocturna responde a una lógica estrictamente alimentaria: son cazadores de insectos altamente eficientes. Según datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), una sola cría de murciélago puede consumir hasta 1000 mosquitos en una hora. Una colonia mediana puede eliminar varios millones de insectos en una sola noche.
En Argentina, las especies más comunes en zonas urbanas y periurbanas —como el Tadarida brasiliensis o el Molossus molossus— se alimentan principalmente de mosquitos, polillas y otros insectos nocturnos que abundan en patios, plazas y jardines. Si los ves volar en círculos cerca de la copa de los árboles o bajo la luz de los faroles, están cazando.

Su presencia indica, además, que el ecosistema local todavía sostiene cadenas alimentarias naturales: hay insectos, hay vegetación, hay condiciones que permiten la vida silvestre. Es, en términos ambientales, una señal de salud del entorno.
Menos mosquitos, menos repelentes: por qué los murciélagos son buenos
El impacto de los murciélagos en el control de plagas tiene consecuencias prácticas para las personas. Al regular de forma natural la población de mosquitos e insectos, reducen la necesidad de usar pesticidas o repelentes químicos en el hogar.
Un estudio publicado en la revista Science en 2011 estimó que los murciélagos insectívoros generan un servicio ecosistémico valuado en miles de millones de dólares anuales solo en el sector agrícola de Estados Unidos, al disminuir el daño de plagas sin intervención humana.
Para los hogares, eso se traduce en noches con menos mosquitos y un jardín que funciona con mayor equilibrio natural.
Los mitos que la ciencia desmintió
La mala fama de los murciélagos tiene raíces históricas y culturales profundas, pero choca de frente con la evidencia. Estos son los mitos más extendidos y lo que dice la biología sobre cada uno:
“Se enredan en el pelo”. Falso. Los murciélagos utilizan ecolocalización —un sistema de sonar biológico que emiten y procesan con una precisión extraordinaria— para navegar en la oscuridad total y evitar obstáculos, incluidas las personas. Si vuelan cerca, es porque están rastreando un insecto, no porque estén interesados en vos.
“Atacan a la gente”. No son animales agresivos ni buscan el contacto humano. Se acercan a zonas habitadas exclusivamente porque hay insectos. Si alguno vuela cerca de tu cabeza, probablemente esté persiguiendo al mosquito que tenés al lado.
“Todos transmiten enfermedades”. Como cualquier animal silvestre, pueden ser portadores de patógenos, incluyendo el virus de la rabia en algunas especies. Pero el riesgo es marginal si no se los manipula. El Ministerio de Salud de la Nación y organismos internacionales como la OMS recomiendan simplemente no tocarlos ni intentar capturarlos.
“Son una plaga”. Todo lo contrario: son parte de la solución. Su rol como controladores naturales de insectos los convierte en aliados clave para el equilibrio ecológico urbano y rural.
Qué hacer si aparece uno cerca o dentro de tu casa
Si los murciélagos vuelan por tu jardín o cerca del techo, no intentes espantarlos. En la mayoría de los casos están de paso siguiendo el recorrido de los insectos y no regresarán al mismo lugar.

Si alguno entra a tu casa —algo que ocurre rara vez y generalmente en verano, cuando las ventanas están abiertas—, seguí estos pasos: apagá las luces del cuarto, abrí una ventana o puerta que dé al exterior y esperá. El animal va a usar su ecolocalización para encontrar la salida por sus propios medios. No lo perseguís, no lo golpeás y, sobre todo, no lo tocás con las manos.
En caso de que parezca desorientado o no pueda volar, podés contactar a organismos de fauna silvestre de tu municipio o provincia para que intervengan de forma segura.
















