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En el campo de la ingeniería civil, la lucha contra los movimientos telúricos no se detiene. Recientemente, una innovación surgida en la Universidad de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos) captó la atención global tras obtener su patente en los Estados Unidos en diciembre de 2025. Se trata de un dispositivo mecánico que promete cambiar las reglas del juego en la protección de estructuras críticas.
El sistema, liderado por el profesor Moussa Leblouba, no depende de complejos sensores ni de fuentes de energía externas. Su eficacia reside en la física pura: un mecanismo de fricción controlada diseñado para “comerse” la vibración antes de que esta dañe las columnas o vigas de un edificio.
¿Cómo funciona el “amortiguador de esferas”?
A diferencia de los amortiguadores hidráulicos tradicionales (similares a los de un auto, pero a escala gigante), este dispositivo tiene una arquitectura interna única. Se trata de un cilindro hueco relleno de esferas de acero macizo.
- El mecanismo: en el centro posee un eje con varillas radiales que parecen las ramas de un árbol.
- La acción: cuando el suelo tiembla, las varillas se mueven entre las esferas de acero.
- El resultado: ese movimiento genera una fricción intensa que disipa aproximadamente el 14% de la energía sísmica en las pruebas de laboratorio, transformando el movimiento cinético en calor residual.
¿Por qué la tecnología “pasiva” es vital en una catástrofe?
Uno de los mayores problemas durante un terremoto de gran magnitud en ciudades modernas es el corte inmediato del suministro eléctrico. Aquí es donde el invento de Leblouba saca ventaja.

Al ser un sistema 100% pasivo, no necesita electricidad para funcionar. Mientras otros sistemas inteligentes podrían fallar si las baterías o los generadores se dañan, este dispositivo de fricción mecánica permanece operativo las 24 horas, garantizando protección incluso en el peor de los escenarios de colapso de servicios.
Una solución para el “lejano oeste”
Para la Argentina, esta noticia es de especial relevancia. Con provincias como Mendoza, San Juan y Salta situadas en zonas de alta peligrosidad sísmica, el gran desafío no es solo construir edificios nuevos, sino proteger los miles que ya están en pie.
Muchos de los sistemas actuales de protección sísmica, como los aisladores de base (que separan el edificio del suelo), requieren obras monumentales y costos prohibitivos. En cambio, este nuevo dispositivo destaca por dos factores clave:
- Diseño modular: si una pieza se daña tras un sismo, no hay que tirar todo el aparato. Se desmonta el componente afectado y se reemplaza, abaratando el mantenimiento.
- Retrofitting (Refuerzo): el sistema puede adaptarse a estructuras existentes sin necesidad de reformas estructurales profundas. Esto abre una puerta para escuelas, hospitales y edificios públicos antiguos en el país que hoy no cumplen con las normas sismorresistentes más modernas.
¿Es suficiente un 14% de disipación?
Si bien un 14% puede parecer un número modesto frente a disipadores de alta gama que prometen cifras mayores, los expertos señalan que la ventaja aquí es la relación costo-beneficio.
Los amortiguadores hidráulicos convencionales suelen sufrir fugas de fluidos con el tiempo y pierden utilidad tras un solo evento severo debido a deformaciones permanentes. El dispositivo de Sharjah, en cambio, tiene la capacidad de volver automáticamente a su posición original tras el cese de las vibraciones, quedando listo para una eventual réplica sin intervención humana inmediata.

















