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Cada comienzo de mes trae consigo una catarata de rituales en redes sociales: colocar un vaso con azúcar, barrer hacia adentro, prender una vela verde. Entre todos ellos, uno se repite con llamativa constancia: lavarse las manos con sal. Este 1° de mayo, en pleno feriado del Día del Trabajador, miles de personas en Argentina y en toda América Latina lo harán. ¿Qué hay detrás de ese gesto? ¿Creencia, psicología o algo de las dos cosas?
Antes de hablar de Feng Shui, conviene poner en contexto el rol de la sal en la historia humana. No es un símbolo nuevo ni exclusivo de Oriente.
La sal es el condimento más antiguo usado por el hombre y su simbolismo es un tema de transmisión universal cuya presencia fue constante e ininterrumpida desde la Prehistoria hasta nuestros días. En la liturgia católica, por ejemplo, la sal se considera símbolo de pureza: en la ceremonia bautismal, el bautizado recibe unos granos de ese mineral como gesto de purificación alegórica.
El alcance de ese simbolismo es notable. En el budismo mahayana se cree que la sal ahuyenta a los espíritus malignos; en el sintoísmo, se usa para la purificación ritual de lugares y personas, y es común colocar montículos de sal en platos junto a las entradas de los comercios para atraer clientes y alejar el mal.
En América tampoco fue un elemento menor. Los aztecas y mayas la utilizaban en rituales agrícolas y ofrendas, y la consideraban necesaria para mantener el orden del universo. En los Andes, los pueblos quechuas la asociaban con la Pachamama: ofrecer sal era un acto de agradecimiento por los alimentos y el sustento diario.
¿Qué dice el Feng Shui y por qué se relaciona con este ritual?
El vínculo entre la sal y el Feng Shui es el más citado cuando se habla de este ritual. El Feng Shui es una milenaria filosofía originaria de China cuya traducción al español es “Viento y Agua”. Su objetivo es ayudar a las personas a construir la vida que desean mediante la creación de espacios armoniosos.
Según la revista Architectural Digest, el Feng Shui es una práctica milenaria que busca armonizar la energía de las personas mediante la disposición de los espacios. De acuerdo con National Geographic, sus raíces están en el taoísmo primitivo y se basan en la creencia en el “chi”, una fuerza vital que habita en todas las cosas.

Dentro de ese marco, la sal es vista como un elemento capaz de absorber impurezas y desbloquear energías estancadas, lo que la convierte en un recurso ideal para atraer la abundancia y mantener alejado lo negativo.
¿Y por qué específicamente las manos? Según el Feng Shui, las manos son canales de energía y, a lo largo del día, pueden acumular fuerzas negativas. Por eso, el ritual de lavarse con sal apunta simbólicamente a “liberar” ese peso acumulado.
¿Por qué el 1° de mayo tiene un significado especial en estas prácticas?
No es casual que el primero de cada mes sea el momento elegido para este tipo de rituales. En la lógica del Feng Shui y del pensamiento simbólico en general, los umbrales de tiempo importan: el inicio de un ciclo se entiende como una apertura, un momento propicio para fijar nuevas intenciones.
A diferencia del último día del mes, que en muchas tradiciones se asocia a rituales de cierre y agradecimiento, el primero está vinculado a la idea de “abrir caminos”: soltar lo viejo, limpiar cargas y disponerse a recibir oportunidades. El hecho de que este mes el primero coincida con el feriado del Día del Trabajador, una fecha que históricamente convoca a pensar en el trabajo, la economía y el esfuerzo colectivo, le da al ritual una resonancia particular.
¿Cómo se hace el ritual paso a paso?
El procedimiento es sencillo y no requiere ningún insumo especial:
- Colocar una cucharada de sal gruesa o marina en las palmas de las manos, o disolverla previamente en un recipiente con agua tibia.
- Frotar las manos con suavidad mientras te concentrás en aquello que querés atraer o soltar.
- Si querés, acompañá el gesto con una frase o intención dicha en voz baja, como una afirmación personal.
- Enjuagar las manos con agua limpia y dejarlas secar al aire.
La sal marina se considera la más pura y beneficiosa dentro del Feng Shui. No obstante, tanto la sal gruesa como la fina funcionan de manera similar según quienes practican estas tradiciones.
La ciencia del comportamiento tiene un nombre para esto: los rituales —aunque no tengan fundamento empírico— pueden funcionar como anclas psicológicas que ayudan a las personas a manejar la ansiedad, afianzar intenciones y sentirse más preparadas frente a nuevos desafíos. El gesto en sí puede ser tan simple como lavarse las manos, lo que no cambia su utilidad como ritual de transición.















