

Durante su primera conferencia de prensa de verano en Villa Gesell, el gobernador Axel Kicillof anunció la transformación en autovía de la Ruta Provincial 11 en el tramo que une las localidades de Mar de Ajó y Pinamar.
La obra, largamente reclamada por los intendentes de la región y el sector turístico, apunta a resolver uno de los últimos “cuellos de botella” viales del Corredor Atlántico, mejorando significativamente la seguridad y la fluidez del tránsito en una zona que explota de turistas cada temporada
El proyecto contempla una inversión estimada en 100 millones de dólares para intervenir unos 48 kilómetros de traza. Según detalló el mandatario provincial, el financiamiento se estructurará a través de un esquema mixto que involucra a la empresa estatal AUBASA.
Los fondos provendrán tanto de la recaudación propia generada por los peajes de la Autovía 2 y la Autopista Buenos Aires-La Plata, como de un nuevo crédito autorizado por la Legislatura bonaerense en el paquete de endeudamiento aprobado a fines del año pasado.
Desde el punto de vista técnico, la obra transformará la actual ruta de mano y contramano en una moderna autopista con doble calzada. El diseño prevé banquinas pavimentadas, un cantero central separador y nuevos sistemas de retornos y accesos en puntos estratégicos.
Además, se incluirán obras hidráulicas complementarias, señalización integral e iluminación LED en las intersecciones, elevando los estándares de seguridad vial de un corredor conocido por su alta siniestralidad.

El anuncio se enmarca dentro de un plan más ambicioso que busca completar la doble vía en toda la extensión de la Ruta 11, desde el Partido de La Costa hasta Mar del Plata.
Actualmente, la Provincia ya avanza con los trabajos en el tramo sur, que conecta Villa Gesell con Mar Chiquita, por lo que esta nueva etapa vendría a cerrar el circuito norte. De concretarse en los plazos previstos, Kicillof podría finalizar su mandato con la columna vertebral del turismo bonaerense totalmente renovada.
La noticia fue recibida con entusiasmo por los jefes comunales de la región, quienes ven en la infraestructura vial un activo clave para romper la estacionalidad turística.
Sin embargo, el desafío de la ejecución no será menor. En un contexto macroeconómico volátil y con la obra pública nacional paralizada, la Provincia deberá demostrar eficiencia en la administración de los recursos de AUBASA para que las máquinas no se detengan.
Fiel a su estilo, el Gobernador aprovechó la vidriera del anuncio para marcar un fuerte contraste ideológico con el Gobierno nacional.
“Esto no es para la timba financiera, es inversión real para el desarrollo y el disfrute de los bonaerenses”, disparó Kicillof, posicionando a la obra pública provincial como un motor clave de su administración frente al ajuste fiscal que promueve la Casa Rosada.
Con esta iniciativa, la administración bonaerense busca enviar una señal de autonomía financiera y capacidad de gestión. Mientras se discuten recortes y déficit cero a nivel nacional, la Provincia pone sobre la mesa un proyecto de infraestructura de escala, apostando a que la mejora en la conectividad de la costa atlántica se traduzca en capital político y económico a mediano plazo.













