

Ser clase media en Argentina es un concepto muy amplio. Algunos lo relacionan con llegar cómodos a fin de mes, otros con viajar y otros con tener auto.
Para tener datos concretos, el Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA) publicó un nuevo informe sobre las líneas de pobrezas y canastas de consumos, documento que informa cuánto necesitó una familia para no ser pobre en agosto.
Cuánto hay que ganar para ser clase media en CABA
Según el IDECBA, los ingresos mínimos para pertenecer a la clase media en la Ciudad de Buenos Aires volvieron a aumentar durante agosto. Una familia tipo porteña necesitó más de $ 2,6 millones para ingresar a este segmento.
Ese monto establece el piso formal para ser considerado parte del sector medio porteño. Por debajo de ese nivel de ingresos, el hogar queda fuera de la clasificación de clase media.
El rango correspondiente a este grupo se ubicó entre un mínimo de $ 2.603.556,34 y un máximo de $ 8.331.380,27. Esos valores delimitan el nivel de ingresos considerado para una familia tipo durante el período analizado.
A partir de los $ 8.331.380,27, los hogares dejan de integrar la categoría de clase media y pasan a ser segmentados como “acomodados”.

Sector medio frágil: un grupo cuyos ingresos no alcanzan la estabilidad
Un escalón más abajo de la clase media aparece el llamado “sector medio frágil”. Este grupo reúne a las familias que cubren la canasta básica total, pero cuyos ingresos no alcanzan un margen amplio de estabilidad. En agosto, ese segmento se ubicó entre los $ 2.082.845,07 y $ 2.603.556,33 por mes.
Por su parte, las familias con ingresos de entre $ 1.651.798,06 y $ 2.082.845,06 son considerados “no pobres vulnerables”. Finalmente, el piso para no caer en la indigencia se acercó al millón de pesos.
Qué mide el informe en la Ciudad de Buenos Aires
Los datos corresponden a agosto de 2026 y permiten observar cómo la inflación modificó la capacidad de compra de los hogares. Para establecer estos valores, se toman en cuenta los patrones de consumo más frecuentes entre las familias urbanas, una referencia utilizada para analizar la realidad social y orientar la elaboración de políticas públicas.
La medición fue realizada sobre hogares propietarios de su vivienda, por lo que no contempla el pago mensual del alquiler. Este gasto puede modificar de manera significativa el presupuesto familiar: quienes alquilan necesitan contar con ingresos mayores para alcanzar el mismo estándar de vida que una familia propietaria.













