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La reflexión sobre la memoria y el paso del tiempo constituye uno de los pilares de la obra de Jorge Luis Borges.

Integrada en el poema “Fragmentos de un evangelio apócrifo”, la célebre máxima forma parte de Elogio de la sombra, un volumen publicado en 1969 donde el autor profundiza sobre la vejez, la ceguera y la ética personal.

De qué trata el libro “Elogio de la sombra”

Publicado en 1969 por la editorial Emecé, Elogio de la sombra reúne poemas y relatos breves en prosa escritos por Borges en una época marcada por la pérdida casi total de la visión.

El título del libro alude directamente a la penumbra progresiva en la que vivía el escritor, quien asumió la ceguera como una oportunidad para reflexionar sobre el tiempo y los recuerdos.

Durante la obra, el autor retoma temas habituales de su literatura como los laberintos, los espejos y la historia argentina.

Elogio de la sombra reúne poemas y relatos breves en prosa escritos por Borges en una época marcada por la pérdida casi total de la visión. Wikimedia

Sin embargo, a diferencia de sus textos de juventud, el volumen adopta un estilo más sencillo y personal donde la vejez le permite expresar sus pensamientos de forma directa.

“Fragmentos de un evangelio apócrifo”: el significado de la frase y el poema

El poema “Fragmentos de un evangelio apócrifo” está escrito con frases cortas y numeradas que imitan la forma de la Biblia para reinterpretar sus enseñanzas.

A través de este texto, Borges propone una conducta basada en la libertad individual y el sentido común por encima de los premios y castigos religiosos.

Entre sus reflexiones aparece una particularmente conocida sobre el olvido: “Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón”

La idea plantea una diferencia entre vengarse, perdonar y olvidar. Para Borges, la venganza mantiene vigente el daño porque obliga a quien sufrió la ofensa a seguir pensando en ella. El perdón, aunque rompe con el deseo de castigo, también puede conservar presente aquello que ocurrió. El olvido, en cambio, supone desprenderse definitivamente de la ofensa y dejar de otorgarle un lugar en la propia memoria.