

Horacio Federico Rosas Siciliano nació en Haedo, provincia de Buenos Aires, y llegó a España en 2004, cuando tenía 28 años. Más de dos décadas después, aquella experiencia que inicialmente iba a durar apenas tres meses terminó convirtiéndose en una nueva vida.
Actualmente tiene 51 años y vive en Ronda, un pueblo de montaña de la provincia de Málaga, donde trabaja como artista callejero. Su principal herramienta es una guitarra y su escenario habitual, uno de los lugares más turísticos de la ciudad.
De profesor de Educación Física a artista callejero en España
En Argentina, Federico era profesor de Educación Física. Cuando decidió viajar a España, no tenía pensado quedarse. La idea era probar una experiencia, trabajar durante unos meses y regresar.
Sin embargo, el camino terminó siendo diferente. Primero vivió en Barcelona, luego pasó un año en Madrid y realizó distintos trabajos temporales, principalmente como camarero y en promociones.
El punto de inflexión llegó con la crisis económica española de 2007 y 2008. Federico recuerda que en ese momento le quedaban apenas 8 euros con 21 centavos en su cuenta y necesitaba encontrar una alternativa. Fue entonces cuando decidió salir a tocar la guitarra a la calle.
“Me fui convirtiendo con el tiempo en un artista callejero y ya hace 17 años de esto”, cuenta. Lo que comenzó como una salida frente a una situación económica complicada terminó transformándose en su principal fuente de ingresos.

Cuánto trabaja un artista callejero en España
Federico explica que no existe una cantidad fija de horas ni un ingreso mensual estable. Todo depende de la época del año, el clima, la cantidad de turistas, el lugar elegido y también de la capacidad de cada artista para conectar con el público.
“Las horas de trabajo pueden ser 4, 5, 6, 7, alguna que otra vez”, explica. En su caso, intenta dedicarle como mínimo unas tres horas al día cuando sale a tocar, aunque puede extender la jornada si considera que el movimiento turístico lo justifica.
Su primera experiencia fue en una plaza de Córdoba, donde tocó durante tres horas y consiguió una cifra similar a lo que podía obtener trabajando como camarero durante ese mismo tiempo. “Dije: esto me cierra, porque ya si es parecido el valor a lo que estoy haciendo de camarero que no me gusta, y esto sí me gusta”, recuerda.

“Se puede vivir como cualquier otro trabajo convencional”
Federico no puede dar una cifra exacta sobre cuánto gana porque sus ingresos cambian constantemente. Hay meses buenos y otros en los que prácticamente no puede salir a trabajar debido al clima o a la baja cantidad de turistas.
“Sí se puede vivir, se puede vivir como cualquier otro trabajo convencional en cuanto a números, pero esto ya depende de vos”, asegura.
En Ronda, además, la temporada depende mucho de las condiciones climáticas. El verano puede ser complicado por las altas temperaturas, mientras que otoño y primavera suelen ser mejores para la actividad turística.
También tuvo jornadas excepcionales. En una ocasión, mientras tocaba en la calle, una persona le dejó un billete de 500 euros.

La libertad de no tener jefe ni horarios
Una de las principales ventajas que Federico encuentra en su trabajo es la posibilidad de administrar sus propios tiempos. “Yo no tengo horarios, no tengo un uniforme, no tengo que fingir tener buena cara para llegar a mi trabajo, me tomo las vacaciones cuando quiero”, destaca.
Pero esa libertad también implicó un aprendizaje. Según explica, después de años de trabajar bajo horarios y estructuras determinadas, tuvo que aprender a organizarse sin un jefe que le indicara cuándo empezar o terminar. “Cuando lográs libertad, hay que aprender a administrar la libertad”, reflexiona.
Así es un día de Federico en Ronda
Su jornada comienza sin despertador. Se levanta cuando se despierta, toma unos mates y sale a pasear con Tango, su perro, que también lo acompaña cuando toca en el mirador.
Después busca su guitarra, amplificador y silla, elementos que guarda en un edificio cercano, y se instala en uno de sus puntos habituales.
Su escenario está frente a una de las principales postales de Ronda: el Puente Nuevo. “Nadie que viene a Ronda me viene a ver a mí”, explica con humor. Los turistas llegan para conocer el puente y él aprovecha ese movimiento para acompañar el paisaje con su música.

El resto del día lo organiza según sus necesidades: caminatas, gimnasio, descanso y, nuevamente, guitarra.
Después de 17 años, aquella actividad que nació como una solución de emergencia terminó convirtiéndose en su forma de vida.














