La construcción del Palacio San José comenzó en 1848, cuando Justo José de Urquiza decidió levantar una residencia en un amplio terreno ubicado cerca del río Gualeguaychú, a unos kilómetros de Concepción del Uruguay, en la provincia de Entre Ríos.
La primera etapa estuvo a cargo del propio Urquiza y dio origen a la casa que, con el paso de los años, se convertiría en un imponente palacio. Entre 1853 y 1856, el constructor Jacinto Dellepiane amplió el edificio para adaptarlo tanto a la vida familiar como a las necesidades políticas del entonces caudillo.
Durante esta etapa se sumaron nuevos patios y dependencias de servicio, además de importantes elementos ornamentales. La fachada fue transformada con una amplia galería de arcos y columnas, mientras que los jardines comenzaron a adquirir una mayor importancia dentro del conjunto.
A partir de 1857, el arquitecto italiano Pedro Fossati continuó las obras y terminó de darle al edificio su aspecto palaciego. Entre sus principales trabajos se destacó la construcción de una nueva capilla de planta octogonal, decorada con pinturas murales de Juan Manuel Blanes, además de la renovación de distintos salones y espacios interiores.
El lago artificial que convirtió al parque en un lugar de recreo
Una de las últimas grandes obras realizadas en San José fue la construcción de un lago artificial en el parque posterior de la residencia. El espejo de agua tenía unos 180 metros de largo por 120 de ancho y una profundidad de hasta cinco metros.
El lago estaba rodeado por un paredón, una vereda y una verja de hierro forjado, y contaba además con un templete. Para llenarlo, se instaló un sistema de bombeo que extraía agua de una laguna cercana.
Hacia fines de la década de 1860, el denominado Parque del Lago se convirtió en escenario de fiestas y agasajos, sumando un espacio de recreación al complejo residencial.
Una residencia con importancia política
El Palacio San José no fue simplemente el casco de una estancia. Su arquitectura, su monumentalidad y las sucesivas ampliaciones reflejaron el protagonismo político que Urquiza había alcanzado a nivel nacional.
La residencia fue además el lugar donde vivió junto a su familia durante dos décadas y desde donde desarrolló parte importante de su actividad política. El edificio también incorporó algunos de los adelantos tecnológicos de la época, como sistemas de provisión de agua y una cocina de hierro de características avanzadas para aquel momento.
Urquiza vivió en San José hasta su asesinato, ocurrido el 11 de abril de 1870. Fue asesinado en la galería del Patio de Honor, en su dormitorio, junto a su familia.