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Un telescopio solitario en el desierto de Arizona podría estar a punto de cambiar para siempre nuestra comprensión del universo. Los datos que recolecta noche tras noche están generando una controversia científica de proporciones monumentales: la misteriosa fuerza conocida como energía oscura, responsable de que el cosmos se expanda cada vez más rápido, podría estar comportándose de formas totalmente inesperadas. Y las consecuencias son inquietantes.

Durante décadas, los astrónomos dieron por sentado que el universo continuaría expandiéndose eternamente, alejando las galaxias unas de otras hasta que el cielo nocturno quedara vacío y oscuro.

Sin embargo, recientes hallazgos sugieren un escenario radicalmente distinto: en lugar de una expansión sin fin, el cosmos podría estar encaminándose hacia lo que los científicos denominan el “Big Crunch” o Gran Implosión, un colapso total en el que todas las galaxias, estrellas y estructuras cósmicas volverían a unirse bajo la fuerza de la gravedad, revirtiendo la historia del universo hasta concentrarse nuevamente en un punto de densidad infinita.

La controversia estalló en marzo de 2025, cuando el Instrumento Espectroscópico de Energía Oscura, conocido como DESI por sus siglas en inglés, publicó resultados completamente inesperados. Este dispositivo, instalado en el telescopio Mayall del Observatorio Nacional de Kitt Peak en Arizona, fue diseñado específicamente para rastrear con precisión la aceleración de millones de galaxias y desentrañar los secretos de la energía oscura. Pero lo que encontró dejó perplejos a los investigadores.

Una fuerza invisible que gobierna el cosmos

Para comprender la magnitud del descubrimiento, es necesario retroceder en el tiempo. Los astrónomos pensaban originalmente que la expansión del universo, iniciada con el Big Bang hace aproximadamente 13.800 millones de años, debería ralentizarse gradualmente debido a la atracción gravitatoria de toda la materia existente. La lógica era simple: la gravedad tira hacia adentro, frenando el alejamiento de las galaxias.

Todo cambió en 1998 cuando dos equipos de investigadores, estudiando supernovas muy brillantes en galaxias lejanas, hicieron un descubrimiento revolucionario. En lugar de desacelerarse, la expansión del universo se estaba acelerando. Las galaxias distantes se alejaban unas de otras a velocidades cada vez mayores. Algo invisible y poderoso estaba contrarrestando la gravedad y empujando el cosmos hacia afuera con fuerza creciente. A esa fuerza misteriosa la bautizaron “energía oscura”.

Los científicos asumieron durante años que esta energía oscura se comportaba como una constante cosmológica, un concepto propuesto originalmente por Albert Einstein. Según este modelo, la energía oscura mantendría una intensidad estable a lo largo del tiempo, garantizando que el universo siguiera expandiéndose eternamente.

Algunas teorías más extremas incluso sugerían un destino apocalíptico conocido como “Big Rip” o Gran Desgarro, donde la energía oscura crecería tanto que terminaría destrozando galaxias, estrellas y hasta los propios átomos.

Sin embargo, los resultados del DESI, reforzados posteriormente por un análisis del equipo del profesor Young Wook Lee de la Universidad Yonsei de Seúl, pintan un cuadro completamente diferente. El equipo surcoreano revisó los datos históricos sobre supernovas que revelaron por primera vez la energía oscura hace 27 años, pero aplicando una metodología distinta. En lugar de asumir que estas explosiones estelares tienen un brillo estándar, ajustaron las mediciones según la edad de las galaxias de origen.

El resultado fue sorprendente: la energía oscura no solo parece haber cambiado con el tiempo, sino que su aceleración podría estar disminuyendo. Según el profesor Ofer Lahav del University College de Londres, participante del proyecto DESI, este hallazgo desafía por completo el modelo estándar de la cosmología.

“Ahora, con esta energía oscura cambiante que sube y baja, necesitamos un nuevo mecanismo. Y esto podría suponer una revolución para toda la física”, afirmó.

El profesor Lee es categórico respecto a la solidez de sus hallazgos. Sus datos se basan en el análisis de 300 galaxias, con una significación estadística que estima en aproximadamente una entre un billón de posibilidades de ser mera casualidad. “Por lo tanto, creo firmemente que nuestra investigación ya es muy, muy significativa”, declaró. Su trabajo fue revisado por pares y publicado en una prestigiosa revista de la Real Sociedad Astronómica.

El debate científico y las voces escépticas

No obstante, no todos en la comunidad científica están convencidos con esta hipótesis. La opinión mayoritaria sostiene que el universo continúa acelerándose con una energía oscura prácticamente inalterable. Tras la publicación de los resultados surcoreanos, dos equipos independientes reevaluaron el brillo de las supernovas analizadas en el estudio original de DESI de marzo. Ambos equipos encontraron ligeras desviaciones respecto a las hipótesis iniciales, pero ninguno pudo descartar completamente las afirmaciones del equipo de Lee.

El investigador Eusebio Sánchez del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas de España, quien participó en el análisis de datos de DESI, mantiene una postura prudente. “En mi opinión, todavía es temprano para afirmar con rotundidad que hemos descubierto que la energía oscura sea cambiante”, señaló. Sin embargo, agregó que “el hecho de que diferentes proyectos independientes estén observando resultados similares hace que la situación sea especialmente interesante”.

Para que un hallazgo se considere oficialmente un descubrimiento en física, debe alcanzar el umbral estadístico conocido como “cinco sigmas”, equivalente a una probabilidad de uno en 3,5 millones de ser una fluctuación aleatoria. Hasta ahora, los análisis combinando datos de DESI con otras mediciones encuentran un rango que va entre 2,8 y 4,2 sigmas. Cerca, pero todavía no concluyente.

Tres destinos posibles para el universo

Si la energía oscura efectivamente se está debilitando, como sugieren estos hallazgos controvertidos, las consecuencias para el futuro del cosmos son dramáticas. En lugar del Big Rip o la expansión eterna, surge la posibilidad de que la fuerza que empuja a las galaxias hacia afuera se debilite tanto que la gravedad comience a prevalecer nuevamente.

“Si la energía oscura no es constante y se está debilitando, esto cambiará todo el paradigma de la cosmología moderna”, advirtió el profesor Lee. “En lugar de terminar con un Big Rip, ahora existe la posibilidad de un Big Crunch. El resultado final dependerá de la verdadera naturaleza de la energía oscura, algo que aún desconocemos”.

En el escenario del Gran Colapso, el universo repetiría toda su historia en sentido inverso. Las galaxias que ahora se alejan comenzarían a acercarse. Con el tiempo, las estructuras cósmicas se comprimirían cada vez más hasta que todo —materia, energía, espacio y tiempo— quedara concentrado nuevamente en un punto infinitesimal, similar al estado que precedió al Big Bang. Algunos teóricos especulan que este colapso podría ser seguido por un nuevo ciclo de expansión, una teoría conocida como “Big Bounce” o Gran Rebote.

La búsqueda continúa

El DESI se encuentra actualmente en su cuarto año de recolección de datos, de un total previsto de cinco. Cuando termine el proyecto, habrá medido aproximadamente 50 millones de galaxias y cuásares, construyendo el mapa tridimensional más grande y detallado del universo jamás creado. Los datos de los primeros tres años, que incluyen 15 millones de objetos celestes, representan un avance monumental en precisión respecto al análisis inicial.

Además de DESI, otros proyectos internacionales como Euclid y J-PAS trabajan paralelamente para desentrañar la naturaleza de la energía oscura mediante el mapeo de galaxias a gran escala. La convergencia de evidencias de múltiples fuentes independientes será crucial para determinar si estos hallazgos iniciales se confirman o si existe otra explicación para las mediciones obtenidas.

Mientras tanto, la comunidad astronómica se prepara para lo que podría ser uno de los giros más espectaculares en nuestra comprensión del cosmos. Adam Riess, astrofísico de la Universidad Johns Hopkins que recibió el Premio Nobel de Física en 2011 por codescubrir la aceleración del universo, escribió que estos resultados, tomados literalmente, “parecen ser el mayor indicio que tenemos sobre la naturaleza de la energía oscura en los aproximadamente 25 años transcurridos desde que la descubrimos”.