Avanza en Brasil uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de la región: el puente sobre el mar más largo de América Latina, que conectará la ciudad de Salvador (Bahía) con la isla de Itaparica.
La megaobra, impulsada con financiamiento y participación de empresas chinas, apunta a transformar la movilidad, el turismo y la logística en el noreste del país. Se espera que esté operativo en 2031.
Con una extensión estimada de más de 12 kilómetros sobre la bahía de Todos los Santos, el puente Salvador–Itaparica se posiciona como un hito de la ingeniería regional. Tendrá cuatro carriles para tránsito vehicular y será clave para reducir tiempos de traslado que hoy dependen de ferris o rutas más largas.
Una inversión millonaria con impacto estratégico
El proyecto contempla una inversión cercana a los 1.800 millones de dólares y se desarrolla bajo un esquema de asociación público-privada. Participan compañías vinculadas a China, lo que refuerza el interés internacional en la obra y su relevancia geopolítica.
El objetivo principal es integrar de forma más eficiente a Salvador con el Recóncavo Baiano y el interior del estado. Hoy, cruzar en ferry puede llevar más de dos horas; con el nuevo puente, el trayecto se reduciría a unos 30 minutos. Esto impactará directamente en sectores productivos, el transporte de mercancías y la competitividad regional.
Además, el puente sobre el mar facilitará el acceso a zonas con alto potencial turístico, lo que podría impulsar inversiones en hotelería, servicios y desarrollos inmobiliarios. Para Bahía, se trata de una obra clave para descentralizar la actividad económica y dinamizar nuevas áreas.
Cuatro carriles y tecnología para un desafío complejo
Desde el punto de vista técnico, el puente Salvador–Itaparica deberá adaptarse a condiciones marítimas exigentes, con corrientes, vientos y suelos variables. El diseño incluye cuatro carriles que permitirán un flujo constante de vehículos, evitando cuellos de botella a futuro.
La planificación contempla también accesos viales, conexiones complementarias y un esquema de peaje para sostener el mantenimiento de la infraestructura. La participación de firmas internacionales aporta tecnología y experiencia en construcciones de gran escala sobre el agua.
Con horizonte en 2031, el proyecto no solo busca resolver un problema de conectividad, sino convertirse en un símbolo del desarrollo en América Latina. Su extensión récord, la inversión comprometida y su impacto económico lo ubican entre las obras más relevantes de la próxima década.
En síntesis, el puente más largo sobre el mar de América Latina promete cambiar el mapa del transporte en Brasil: unirá Salvador e Itaparica con cuatro carriles, acortará distancias y abrirá nuevas oportunidades de crecimiento para toda la región.