

China avanza con un ambicioso proyecto energético en la meseta tibetana que busca resolver uno de los mayores desafíos de las energías renovables, ya que apunta a almacenar grandes volúmenes de electricidad, inclusive cuando cuente con un importante excedente.
La iniciativa se basa en una central hidroeléctrica de bombeo de escala inédita que se construye a más de 4.000 metros de altura y que forma parte de un plan más amplio para fortalecer su sistema energético con fuentes limpias y eficientes.
La megaobra hidroeléctrica de China
El proyecto, conocido como Daofu y desarrollado por la empresa estatal Yalong River Hydropower, se ubica en la provincia de Sichuan y se convertirá en la central de bombeo más alta del mundo, en una zona marcada por temperaturas extremas, baja concentración de oxígeno y actividad sísmica.

La obra contempla una inversión superior a los 15.000 millones de yuanes y una potencia instalada de 2.100 megavatios, distribuidos en seis turbinas reversibles que permitirán operar tanto en modo generación como en almacenamiento de energía.
Por su parte, el sistema de bombeo hidroeléctrico utiliza dos embalses ubicados a distinta altura para almacenar energía cuando hay excedentes de producción, especialmente provenientes de fuentes como la solar y la eólica, que dependen de condiciones climáticas variables.
¿Cómo funciona el sistema de bombeo?
Cuando la generación supera la demanda, el sistema utiliza esa energía sobrante para bombear agua hacia el embalse superior, mientras que en los momentos de mayor consumo el agua desciende, activa las turbinas y genera electricidad de manera inmediata y estable.

En el caso de Daofu, la central podrá almacenar hasta 12,6 GWh diarios, una capacidad que se traduce a una capacidad de albergar a millones de usuarios durante semanas en el caso que se produzca un excedente notorio de energía en el país o en casos de emergencia.
China construirá un canal de 2.000 km para transportar agua
En paralelo, China avanza con una de las obras hidráulicas más ambiciosas del mundo, el Canal de Trasvase Sur-Norte, una infraestructura de unos 2.000 kilómetros diseñada para llevar agua desde las regiones del sur hacia el norte del país, donde las sequías son recurrentes y afectan tanto a la población como a la producción.
Se trata de un sistema estratégico que no solo conecta ríos y lagos, sino que garantiza el abastecimiento para grandes ciudades, zonas agrícolas e industrias que dependen de un suministro constante, en un contexto donde la gestión del agua es clave para millones de personas.
La obra recorre distintos tipos de terreno mediante túneles, acueductos y canales abiertos que atraviesan montañas, llanuras y áreas urbanas, incorporando tecnología para monitorear caudales y optimizar la distribución en cada una de las regiones que atraviesa.












