

La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa cerró su 29° Encuentro Anual con un mensaje central que resonó en todas las jornadas: los empresarios argentinos deben animarse a salir de su zona de confort y competir globalmente, sin abandonar por eso los valores humanistas que deben guiar a sus organizaciones.
Más de 700 asistentes se reunieron durante dos días en el Regimiento I de Patricios, en Palermo, para debatir los desafíos y oportunidades que enfrenta el país en un mundo en transformación acelerada.
El trasfondo del encuentro fue optimista respecto de las posibilidades reales de Argentina en el escenario global. El analista Fabián Calle señaló que el país se está convirtiendo en un productor estratégico de energía y minerales, lo que lo vuelve “altamente compatible” con Estados Unidos y la Unión Europea.
En la misma línea, Mariano Bosch identificó el agro, la minería y la energía renovable como ventajas competitivas concretas y reclamó “locura por la eficiencia” para capitalizarlas. Felicitas Castrillón sintetizó el espíritu del panel: “Nos tenemos que quitar el miedo a competir”.
El llamado desde el escenario central
Víctor Valle fue quien puso en palabras el desafío colectivo durante el cierre del encuentro. “Salir del metro cuadrado y no tener miedo de competir en el mundo”, convocó, y agregó que esa apertura debe ir de la mano de profesar el humanismo al interior de las organizaciones. Para Valle, la clave es no perder el propósito de fondo: “Somos personas que hacemos cosas para mejorar la vida de otras personas”.
Sobre el contexto económico, fue claro en que el ordenamiento fiscal es un punto de partida, no un destino: “El superávit fiscal es necesario pero es un punto de partida; necesitamos estimular consensos y diálogo, pensemos en las generaciones que vienen”.

Competir con personas, no a pesar de ellas
Un hilo conductor del encuentro fue que la competitividad global no se construye prescindiendo del factor humano sino profundizándolo.
Alejandra Ferraro advirtió que el error ante el avance de la inteligencia artificial es alejar de las organizaciones “aquello que nos hace esencialmente humanos”: el discernimiento y el pensamiento crítico.
Sofía Pescarmona señaló que la baja de la inflación obliga a las empresas a reinventarse y a concentrarse en crear valor real. Gustavo Manríquez fue directo: la oportunidad que tiene Argentina hoy exige capacitar a la gente para competir con eficiencia.
Alejandro Melamed fue quizás quien más lejos llevó esta idea: “En el futuro, lo humano será el lujo”.
IA como palanca, no como reemplazo
El bloque tecnológico reforzó el mismo argumento desde otro ángulo.
Majd Sakr describió el momento actual como una “aceleración tecnológica inédita” y planteó que la tensión real no es entre humanos e inteligencia artificial, sino entre la velocidad de la tecnología y la profundidad humana que requiere el juicio.
Su conclusión fue contundente: “El futuro no es humanos vs. IA, es aprender a trabajar en conjunto con los agentes”. Silvia Tenazinha añadió que el desarrollo productivo dependerá de la colaboración entre capacidad humana e inteligencia artificial.
El cierre: equipos, confianza y liderazgo horizontal
Felipe Contepomi cerró el encuentro con una visión del liderazgo que complementó todo lo anterior: para competir en el mundo hace falta un entorno donde el error sea aceptado, con cultura de equipo y liderazgo horizontal.
Eduardo Braun lo resumió de forma simple: “Son las buenas personas las que construyen los buenos equipos”.
El mensaje final del encuentro fue, en definitiva, que Argentina tiene las condiciones para competir globalmente, pero que aprovecharlas depende de empresarios dispuestos a mirar más allá de sus fronteras inmediatas y de organizaciones que pongan a las personas en el centro de su estrategia.














