

Los mayoristas y sus proveedores ya tienen su propio código de Buenas Prácticas Comerciales. A diferencia del firmado por los supermercadistas y sus abastecedores, hace cuatro años, los proveedores no estaban tan urgidos por tener una regulación, como en aquel momento. En pleno auge de los supermercados, a fines de los ’90, las cadenas y sus proveedores vivían enfrentándose, pero se necesitaban para sobrevivir, por lo que el Estado terció y los obligó a firmar un acuerdo de convivencia.
En esa época, los mayoristas tenían una relación de fuerzas muy distinta a la actual. Hasta la devaluación, las grandes empresas lograban más de la mitad de sus ventas en los súper e hipermercados, y los mayoristas estaban en un segundo plano. Con la salida de la paridad, la elección de los canales de compra por parte de los consumidores fue cambiando. Los almacenes volvieron a tomar relevancia y desplazaron a los supermercados. Los mayoristas, como abastecedores de los canales más chicos, ganaron terreno y hasta comenzaron a venderle a clientes individuales, lo que provocó la reacción de algunas cadenas, como Coto, que se lanzaron a despachar al por mayor.
Entre 2002 y 2003, los supermercados, que siempre habían sido acusados de vender “por debajo del costo se dedicaron a repetir ese latiguillo, pero esta vez dirigido a los mayoristas. “Tienen buenos precios porque hay mucha informalidad , disparaban los ejecutivos supermercadistas para atacar a los mayoristas.
En mayo del año pasado, Hugo Miguens, presidente de la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (Cadam), se acercó a las autoridades de la Cámara Argentina de Supermercados. Su intención era firmar el mismo código que regla las relaciones entre las cadenas y los proveedores, para transparentar el mercado. Pero lo que le ofrecieron no le cerró, y desechó el acuerdo.
“Nuestro código de buenas prácticas es el mismo que el de los supermercadistas en espíritu, pero es distinto en algunos artículos. Cada actividad tiene sus diferencias, y eso es reconocido en lo firmado , dice Miguens. Entre otras cosas, el convenio, que se firmó en la Subsecretaría de Defensa de la Competencia y del Consumidor, comprende plazos de entrega y de pago de las mercaderías, y fija que los distribuidores no puedan emitir unilateralmente notas de débito a los proveedores por motivos ajenos a la venta de productos. Aunque el sector está contento, ni los proveedores ni los mayoristas tenían tanto apuro en firmar. Quienes reclamaban la regulación eran los supermercados.










