

Impresionante es la palabra que mejor define la convocatoria del XVII Congreso Nacional de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea), que se realiza cada tres años y tuvo lugar la semana pasada en la ciudad de Mar del Plata.
El lema de la edición de este año, Somos parte de una Argentina posible, no parece un dato menor a la hora de encontrarle una explicación a la magnitud del evento, que atrajo a más de 2.700 productores de todo el país (la mayor convocatoria de su historia) y fue seguido por otros tantos a través de Internet. Es que, más allá de las tradicionales charlas de actualización tecnológica, que se llevaron a cabo durante los dos primeros días, las tres jornadas restantes del congreso estuvieron dedicadas a temas de carácter macro, relativos a consensuar un modo de concebir la sociedad y al sector agropecuario como un actor fundamental y activo, valga la redundancia, dentro de ella.
En este sentido, los grupos CREA, fundados en 1957 por Pablo Hary, parecen estar encarando la formación de una identidad, pero no ya hacia adentro de la agrupación ni del sector, sino hacia afuera. Así, la entidad parece estar reconociendo y tratando de subsanar la falta actual de un discurso homogéneo en el sector, que trascienda los reclamos específicos y la tendencia a la queja del campo y le dé una coherencia ideológica y política, de carácter no partidario. Como en una toma de conciencia de que la importancia económica relativa del sector, que genera por lejos los mayores recursos del país, no concuerda con su escaso peso político y poder de lobby.
Los socios de Aacrea, hoy conformada por más de 150 consorcios distribuidos en 17 regiones del país, son los que hacen punta dentro del sector, y entre ellos se encuentran empresas de la talla de Los Grobo, Adeco Agropecuaria, MSU y El Tejar. Son los productores que primero pensaron las explotaciones agropecuarias con criterio de empresa para gestionar, así como de los pioneros en incorporar las novedades tecnológicas que revolucionaron la producción agrícola, tales como la siembra directa o la biotecnología. Algo no menor dentro de un sector por definición muy conservador.
Conocimiento y sustentabilidad
Lo antedicho aparece no sólo en la invitación a 20 ONGs y más de 100 políticos (entre ellos, Ricardo López Murphy, Mauricio Macri, Patricia Bullrich) al evento, sino también en la conformación de las mesas. Las conferencias abarcaron un temario amplio, que incluyó la desigualdad socioeconómica, la ética, el rol de la educación en la sustentabilidad del sistema social, la sociedad y los negocios en el mundo actual, entendido como la era del conocimiento, y el rol de la entidad en el país.
“Las sociedades se hacen con las empresas. Según sean estas, así será el perfil de sociedad que construyamos , dijo el empresario Oscar Alvarado, en la apertura del congreso. “El objetivo es generar líneas de acción para mejorar la Argentina. Debemos movilizarnos por un país mejor , señaló.
El tema de la pobreza sobrevoló varias de las conferencias. Como la de Bernardo Kliksberg, coordinador general del área Ética y Desarrollo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quien hizo hincapié en que la Argentina es uno de los países más desiguales de Latinoamérica: “Aquí la pobreza se da en medio de condiciones naturales excepcionales para la producción. La pobreza alcanza a más del 70% de los menores de 14 años de edad, y el desempleo supera el 30% en la franja que va de los 18 a los 24 años .
En la noción sistémica que ronda las ideas y el accionar de los grupos Crea, es endeble la sustentabilidad de una sociedad que margina a gran parte de sus integrantes. De allí también la preocupación por el tema de la educación, tema sobre el que disertaron el ex ministro de Educación Juan José Llach y el actual, Daniel Filmus.
“La verdad es que necesitamos involucrarnos asumiendo un rol de políticos profesionales , concluyó Víctor Trucco, presidente honorario de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).
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