

Todo empezó una tarde del verano de 1967 entre dos hombres, amigos y cuñados, que combatían la pereza de una siesta en una cabalgata en el campo La Verde. Uno era médico. El otro, ingeniero industrial. Tan distintos como complementarios dieron forma a una idea que inauguró una forma de hacer medicina en la Argentina: el servicio de salud prepago para la clase media alta y alta.
El ingeniero Juan Carlos Villa Larroudet y el médico psiquiatra José Aberg Cobo hicieron circular la idea entre los mayores -amigos y familiares-. Todos pronosticaron un fracaso rotundo: la clase alta era asistida por el tradicional médico de familia y no necesitaba otro tipo de cobertura. “Pero nosotros creíamos que el futuro venía por ahí aunque en 1967 no existía terapia intensiva en los sanatorios privados , dice Villa Larroudet. Omint nació ese mismo año y la primera misión de la compañía fue trabajar en convencer a la gente de los beneficios de este servicio, brindado a través de una cartilla de médicos entre 35 y 40 años.
Una de las razones del éxito de Omint descansa sobre sus fundadores y la dinámica que generaron aquel médico carismático y afable, y el ingeniero prolijo y estructurado. “Teníamos una gran ventaja con mi cuñado, éramos muy amigos y teníamos una enorme exposición a lo que hacía el otro. Es más compartíamos la oficina. Al principio por falta de espacio pero después decidimos seguir trabajando así, con los escritorios enfrentados. Fue muy importante porque nos permitió reemplazarnos mutuamente en muchos momentos , cuenta Villa Larroudet, quien siempre resalta cómo los potenciaba ese aprendizaje común.
Así fueron desarrollando un plan médico para la clase media alta hacia arriba. Entonces, sólo existían Cemic y Amsa, dirigidos a otro target. También en el ‘67 Villa Larroudet redactó la visión de la compañía (se llamó Filosofía) que hasta hoy se mantiene. “Nuestra prioridad es la calidad del servicio; el objetivo y fin de la compañía no es ganar dinero. La ganancia es una consecuencia de hacer las cosas bien. Eso nos diferencia , confirma Juan Carlos Villa Larroudet hijo, también ingeniero industrial y vicepresidente ejecutivo de Omint.
La empresa se mantuvo en la delantera: fue la primera compañía en poner un sistema de emergencia y en ofrecer internación domiciliaria. En 1978, la muerte de Aberg Cobo en un accidente generó un fuerte impacto a nivel personal y de estilo de conducción. “Pasamos de una compañía con dos presidentes a una con un presidente y un directorio ejecutivo.
Fue un cambio de estilo pero no de los valores fundacionales que nos dieron una fortaleza e identidad muy especial. Son valores internos y externos, ese es el principal concepto de la empresa , dice.
En 1980 Omint ingresó al mercado brasileño, donde hoy tienen cuatro sucursales. “En Brasil las crisis son más previsibles. Aquí, en cambio, ante cada cataclismo siempre tuvimos en cuenta ciertos factores: con qué recursos contábamos, qué podíamos hacer, y lo principal: no desesperarse. Por ejemplo, durante la hiperinflación estudié todos los trabajos estadísticos de crisis pasadas a fondo para salir adelante , dice el ingeniero.
La sucesión
Con 39 años y -también- un título de ingeniero industrial, Juan Carlos es uno de los 10 hijos de Villa Larroudet y uno de los cinco que forma parte de las empresas del grupo (también tiene un rubro inmobiliario). “No somos hombres de negocios, somos emprendedores , recuerda, es una frase que escuchaba con frecuencia en la mesa familiar. Al mismo tiempo, se jacta de que “Omint fue siempre una compañía muy prolija y ordenada . Y quizás ahí está la clave de los emprendimientos familiares exitosos: una equilibrada combinación de factores.
El traspaso a la segunda generación se está desarrollando sin sobresaltos. Al morir Aberg Cobo, la compañía quedó en manos de la familia Villa Larroudet. Para enfrentar el cambio de manos, los herederos asistieron a varios cursos en Europa y Estados Unidos. “En nuestro caso se dio naturalmente y nunca le impusimos a los hijos trabajar en la compañía. Una consigna es que al recibirse, todos deben hacer primero su experiencia afuera. Cada uno ocupa el cargo por su capacidad y no por su apellido. Con esa política garantizamos la continuidad de la compañía y prevenir problemas , aseguran.
Lejos de vivir esta situación como un momento de crisis, para Larroudet hijo, una de las grandes ventajas de la empresa familiar es la activa participación de familiares. “Hay una diferencia entre autoridad y poder. La autoridad es la capacidad legal de hacer algo; el poder es la capacidad real de hacerlo , enuncia. Es que, cuando un familiar entra hoy en una empresa familiar “suele tener mucha autoridad pero poco poder. Con el tiempo va ganado ese poder y, si tiene bien armada la carrera en la firma, su mayor exposición a las cuestiones estratégicas de la empresa le dan la oportunidad de encolumnar a mucha gente en el proyecto de la compañía , sostiene. Y por supuesto, afirma al igual que su padre: “Nadie puede ocupar un cargo que no se merece .
Hoy, padre e hijo están en la compañía. El mayor cede espacio pero sigue participando en todas las decisiones estratégicas y cumple un rol institucional y potenciador del proyecto fundamental. “Nuestro proyecto es es crecer en Argentina y Brasil , donde la facturación duplica la local, tienen 85.000 asociados y un crecimiento de 15% anual.
Daniela Villaro
EN NÚMEROS
z Omint tiene 22 sucursales en la Argentina y cuatro en Brasil.
z Facturación 2008: u$s 400 millones en la Argentina.
z 1.200 empleados.
z Cuentan con la certificación ISO 9000.










