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Todas las miradas de Wall Street y los mercados estuvieron puestas este viernes en la presentación de Kevin Warsh ante un foro de economistas y responsables de bancos centrales.
En su discurso, dijo que la inflación sigue siendo demasiado alta y sugirió que el banco central podría tener que subir las tasas de interés en los próximos meses para contenerla, una señal más clara que las que había dado anteriormente sobre su perspectiva económica.
En su primer discurso de alto perfil en la conferencia anual de la Fed en Jackson Hole, Wyoming, Warsh reconoció en su texto preparado que los últimos informes de inflación muestran cierto enfriamiento, pero “no me indican que las tendencias subyacentes hayan mejorado de manera significativa”.
“Debemos tener la confianza de que la inflación subyacente se está moviendo hacia nuestro objetivo, con claridad y a la velocidad suficiente”, afirmó. “De lo contrario, tenemos trabajo por hacer.”
Aunque gran parte del discurso, de 16 páginas, se centró en cuestiones de gran alcance -como la influencia de la inteligencia artificial-, que Warsh considera que serán fundamentales a largo plazo, también incluyó algunas observaciones clave, como que “las tasas a corto plazo son la herramienta predominante para cumplir el doble mandato”.
Por otro lado, Warsh indicó que las recomendaciones de los cinco grupos de trabajo que ha encargado para estudiar cuestiones a más largo plazo “se presentarán más adelante y no influirán en las decisiones que tomemos en la actual coyuntura de política monetaria”.
No se refirió de forma directa a las recientes intervenciones en los mercados por parte del secretario del Tesoro, Scott Bessent, pero sí señaló que la Fed “necesita señales claras del mercado, lo más sin filtrar posible”, para establecer una política monetaria adecuada.
La inflación, el dato duro del discurso de Warsh
Sus comentarios sobre la inflación fueron más allá para subsanar lo que algunos habían considerado una laguna en las declaraciones de Warsh en sus dos primeras ruedas de prensa.
“Los avances en los últimos dos años han sido modestos”, afirmó Warsh en referencia a las cifras de inflación, que, según el índice de precios de los gastos de consumo personal (PCE) -la medida favorita de la Fed-, ascendieron al 3,7% en términos anuales a julio.
En ese sentido, sostuvo que los datos recientes “no me indican que las tendencias subyacentes hayan mejorado de forma significativa”, ya que cerca de la mitad de los artículos de la cesta de bienes y servicios del PCE registran un aumento superior al 3% anual.
Esta cifra, sin embargo, está por debajo de la tasa observada durante el repunte de la inflación provocado por el COVID-19, pero por encima de la norma previa a la pandemia.
El encuentro, organizado por la Fed de Kansas City, se extiende hasta el 29 de agosto en Wyoming y convoca a banqueros centrales, economistas y responsables de política monetaria de todo el mundo. A diferencia de una reunión formal de la Fed, Jackson Hole no tiene como objetivo anunciar cambios en las tasas de interés: están en foco los mensajes que se transmiten sobre los grandes desafíos económicos.
Operadores elevan las apuestas por una suba de tasas tras las palabras de Warsh
El mercado reaccionó rápido a las declaraciones del titular de la Fed. Según datos de futuros, la probabilidad de un incremento en la tasa de referencia en septiembre subió a casi el 50%, muy por encima del nivel que manejaban los operadores antes del discurso en Jackson Hole.
El repunte se explica por la lectura que hizo Warsh de los últimos indicadores: para el presidente de la Fed, los datos recientes no evidencian un cambio de tendencia en la inflación. Mientras no haya certeza de que la suba de precios converge “de forma clara y con la suficiente rapidez” hacia la meta del 2%, sostuvo, el banco central “tendrá trabajo por hacer”.
La inflación, en el centro de la escena
En la previa de la cena inaugural del jueves, varios miembros de la Fed ya habían anticipado el terreno al detallar por qué el organismo podría verse obligado a retomar la suba de tasas. El presidente de la Fed de Kansas City y anfitrión del encuentro, Jeffrey Schmid, señaló en una entrevista con CNBC que la actual tasa de política monetaria -fijada en un rango de 3,50% a 3,75% desde diciembre- no estaría frenando el gasto ni la inversión lo suficiente como para desacelerar la inflación, que definió como persistente y difícil de reducir.
En el mismo sentido, la presidenta de la Fed de Cleveland, Beth Hammack, afirmó que “este es el momento de actuar”, mientras que la titular del organismo de Boston, Susan Collins, adoptó un tono más cauto al calificar de “mixtos” los últimos datos de inflación.
El debate por una eventual suba de un cuarto de punto porcentual cobra fuerza en un contexto de actividad económica sólida. Los datos de gasto del consumidor y pedidos de bienes duraderos de julio reforzaron la lectura de una economía con margen para seguir expandiéndose.
El PCE subyacente aumentó 3,3% interanual en julio, todavía por encima de la meta de 2% de la Fed, mientras el consumo creció a un ritmo anualizado de 3,4% en el segundo trimestre. De hecho, los mercados monetarios pasaron el miércoles a descontar por completo una suba de tasas de la Fed antes de fin de año.