Si el plan de Biden fracasa pasará a la historia como el mayor "gol en contra"

Durante cuatro décadas, los gobiernos temieron a la inflación y al estancamiento de los años 70. La nueva administración de Estados Unidos espera que se hayan equivocado



La estrategia de Joe Biden para la economía estadounidense implica el cambio más radical de las políticas predominantes desde las reformas de libre mercado de Ronald Reagan hace 40 años. Con planes de endeudamiento y gasto público a escala nunca vista desde la segunda guerra mundial, la administración está haciendo un enorme experimento fiscal. Y el mundo entero está mirando.

Si los planes de recuperación que impulsa Biden terminan siendo correctos, demostrarán que es posible "reconstruir mejor" desde la pandemia y que en los últimos treinta años las economías avanzadas se obsesionaron demasiado con la inflación. Además, el gobierno podrá centrarse en la gestión económica diaria.

Si el plan da resultado, demostrará que la innecesaria timidez de las últimas décadas hizo que millones de personas estuvieran desempleadas sin ninguna necesidad, le quitó a muchas zonas la oportunidad de mejorar su nivel de vida y amplió las desigualdades.

Pero si la estrategia fracasa y conduce a sobrecalentamiento, alta inflación, inestabilidad financiera y la economía de los años 70, el experimento estadounidense de 2021 pasará a la historia como uno de los mayores goles en contra de la política económica desde la fallida reflación de François Mitterrand en Francia en 1981.

Los planes de endeudamiento y gasto de u$s 1,9 billones que impulsa Biden no surgieron en los campus universitarios, sino que son el resultado de un delicado equilibrio político al que se llegó en un Congreso dividido. Cualquier nueva cifra de estímulo muy inferior al 9% del PBI previsto corre el riesgo de perder más votos demócratas que los votos republicanos que ganaría. "Esto es lo que puede conseguir cuando tiene que lidiar con mayorías muy reducidas", explica el profesor Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard.

La nueva administración argumenta que el plan de estímulo es una prolongación de la "economía de alta presión" que Janet Yellen defendió en 2016, cuando presidía la Reserva Federal, y que fue una respuesta a la aguada recuperación tras la crisis financiera. La administración cree que es la mejor manera de garantizar una recuperación completa de la crisis de Covid-19 con pocas cicatrices duraderas. Ahora, con Yellen como secretaria del Tesoro, "actuar a lo grande" es el nuevo eslogan y el establishment de la política económica estadounidense está de acuerdo.

Janet Yellen, secretaria del Tesoro de Estados Unidos 

Jay Powell, el actual presidente de la Fed, subrayó la semana pasada la necesidad de una política monetaria "pacientemente acomodaticia", dando a entender que el banco central estadounidense no está de humor para retirar la bebida, subiendo las tasas de interés, antes de que empiece la fiesta.

Expectativas de Crecimiento

Los planes dejaron a los pronósticos económicos en un dilema. El FMI y la OCDE recomendaron una política fiscal más relajada pero no a la escala que planea  Estados Unidos. Las previsiones de la Oficina Presupuestaria del Congreso (OPC), que incluyó sólo el último estímulo de Trump en sus proyecciones más recientes, ya esperaban que la economía estadounidense creciera lo suficientemente rápido este año como para recuperar el nivel de producción anterior a la pandemia para el verano boreal. También calculaban que la economía norteamericana recuperaría todo el terreno perdido por la pandemia de Covid-19 en 2025, sin que quedaran cicatrices permanentes. Si los planes de estímulo del ex presidente Donald Trump fueron suficientes para recuperar el terreno perdido, la pregunta es qué conseguirá un estímulo adicional del 9% de la renta nacional.

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La OPC aún no ha dado su opinión, pero los académicos y los economistas del sector privado van tomando una postura. Consensus Economics informa que las consultoras independientes elevaron sus expectativas de crecimiento económico para 2021 y 2022 sin casi inflación adicional.

Ellen Zentner, economista jefe para EE.UU. en Morgan Stanley, sostiene que la economía de alta presión hará aumentar la producción norteamericana a fines del próximo año casi un 3% por encima del nivel que ella había previsto antes de la crisis del coronavirus. Supone que la Fed no tratará de frenar las rápidas tasas de crecimiento. El contraste con la crisis financiera de 2008-09 es sorprendente. En la década posterior a esa crisis, la economía estadounidense, junto con casi todas las demás economías avanzadas, no consiguió volver al nivel de producción anterior a la crisis.

En los salones del mundo académico, la gran escala del experimento estadounidense es mucho más polémica y produjo cambios en las lealtades dentro de la profesión económica que incluso hace un mes eran impredecibles.

No es de extrañar que Paul Krugman, premio Nobel de Economía, apoye el plan de Biden. Argumenta que sólo hay pruebas débiles de la teoría que afirma que las tasas de desempleo bajas elevan los salarios y luego la inflación. Este punto de vista, dijo, está "mayormente equivocado", lo que lleva a que la política se vea excesivamente "limitada por el miedo a que se repitan los años 70".

Pero su apoyo al plan de Biden es casi tan total como el de Rogoff, que se hizo famoso durante la crisis financiera mundial por advertir sobre los peligros que acarrean los altos niveles de deuda pública. Dice que "hoy estamos en un mundo diferente", con tasas de interés mucho más bajas y una política muy partidista. "Comprendo muy bien lo que hace Biden", agregó Rogoff, a pesar del costo a largo plazo que implica la deuda pública adicional y el riesgo de mayor inflación. "Sí, hay cierto riesgo de que tengamos inestabilidad económica en el futuro, pero ahora tenemos inestabilidad política".

Traducción: Mariana Oriolo

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Comentarios

  • MOM

    Mario Orlando Méndez

    17/02/21

    Se latinoalericanizo Norteamérica.- Mario.-

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