Tensión

¿Estamos listos para la próxima pandemia? Gobiernos y empresas pelean por el plan "enfermedad X"

Los estados miembro de la OMS se esfuerzan por acordar los términos del primer tratado mundial que aborde la amenaza de otro Covid-19.

En marzo, funcionarios de 194 países se reunieron para acordar un plan mundial contra una amenaza denominada "enfermedad X". El ominoso nombre se refiere a una afección todavía desconocida que en algún momento arrasará, repitiendo lo sucedido con el Covid-19, o tal vez causará daños más graves.

Este temor ha impulsado nueve rondas de trabajosas negociaciones internacionales sobre el texto del primer tratado planetario sobre pandemias, que debe cerrarse antes de la asamblea anual de la OMS este mes. El acuerdo busca ayudar a gobiernos, instituciones y a la población a evitar los errores de la crisis del Covid, pero lograrlo está causando hondas divisiones.

En las conversaciones mantenidas online o en persona en Ginebra, países de ingresos medios o bajos han presionado a los estados ricos y a las farmacéuticas a ir mucho más lejos en cuanto a compartir recursos sanitarios.

Al mismo tiempo, algunos conservadores en EE.UU. y otros países alegan que el tratado avanzó demasiado. El 28 de marzo, al cerrarse sin éxito la última ronda de conversaciones, el título de una noticia en Fox News decía: "Enfermedad X: los críticos dicen que el gobierno de Biden entrega la soberanía de EE.UU. con el tratado de la OMS".

El trasfondo es que las crecientes tensiones geopolíticas entre países poderosos y los cambios políticos dentro de algunos de ellos amenazan con descarrilar los objetivos del pacto.

China aún no confirma si el virus del Covid-19 salió de un laboratorio.

En el centro de la tormenta está el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien sigue confiando en que los países aceptarán a tiempo alguna versión del acuerdo. "Saben quién quiere cada cosa -opinó-. Por lo tanto, ahora llegó el tiempo de dar y recibir".

Otros observadores ven con ansiedad que el acuerdo histórico, podría fracasar. Semejante resultado perjudicaría los intentos por remediar las graves fallas en la supervisión, reacción y cooperación internacional que contribuyeron a los millones de muertos y al daño económico y social causado por el Covid-19.

"Espero que la experiencia de la pandemia recuerde a la gente que cuando ocurren hechos así, en realidad se convierten en preocupaciones para la seguridad mundial", señala Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalición Internacional de Innovaciones en la Preparación frente a las Epidemias (CEPI, en inglés). "La seguridad sanitaria, económica y hasta la seguridad nacional están en peligro cuando las enfermedades contagiosas se salen de control".

Los países deben aprovechar la oportunidad para reformar la arquitectura de salud mundial, acota Ashley Bloomfield, uno de los directores de una negociación paralela para modificar las Normas de Salud Internacionales de la OMS. Históricamente, las respuestas a los brotes de enfermedades han sido un "ciclo de pánico y descuido", agrega. "Pero al mismo tiempo "hay un alto grado de compromiso de los países, que reconocen su responsabilidad y que este es el momento".

Desde que los seres humanos están asediados por enfermedades contagiosas, las pandemias sólo han sido cuestión de tiempo. Pero el brote del Covid-19 realzó la importancia de factores de riesgo actuales más que en otro momento de la historia. El mundo cuenta con más habitantes, que viven en mayores densidades y de manera más móvil.

"Está la amenaza implícita de que si no pagás, los países no compartirán la información." Thomas Cueni, director de la Federación Internacional de Productores y Asociaciones Farmacéuticas.

Eso, más la ganadería, cada vez más intensiva, y un comercio de animales con regulaciones deficientes, aumentaron el peligro de enfermedades zoonóticas. Estas amenazas siempre existieron y explican muchas de las nuevas enfermedades contagiosas identificadas, como el brote del virus Ébola en África occidental de 2014.

Esos factores y la experiencia del Covid-19, fomentaron la idea de un tratado internacional de preparación y respuesta ante pandemias.

En un artículo conjunto, publicado en marzo de 2021, una veintena de líderes de países como el Reino Unido, Francia, Sudáfrica e Indonesia, propusieron un acuerdo para "fomentar un enfoque que abarque a todos los gobiernos y a toda la sociedad". Su objetivo era mejorar la cooperación internacional y los sistemas de alerta, la transferencia de datos y la investigación, además de la producción y distribución de "contramedidas".

El tratado sobre pandemias será un marco de obligaciones éticas antes que una presión legal. Son limitadas las exigencias específicas de financiamiento y no incluirá un mecanismo para hacer responsables a los países que lo infrinjan. De todos modos, el borrador desató acusaciones de que la OMS busca acumular poder, a pesar de la negativa insistente del organismo.

El acuerdo ha revivido críticas de personas que recelan de las instituciones multilaterales. Cuestionan la capacidad de la OMS y señalan preocupaciones sobre su desempeño, como el tiempo que demoró en adoptar el dato crucial de que el Covid-19 se propagaba por transmisión aérea. En su defensa, la entidad replica que sus ideas fueron cambiando junto con la evidencia.

Producción de vacunas en el laboratorio Valneva S.A. en Viena.

En febrero, el republicano Brad Wenstrup, titular de la subcomisión de la Cámara de Representantes sobre la pandemia de coronavirus, criticó las normas de financiamiento del tratado y su llamado a que las empresas consideren compartir información patentada. El pacto no debe "violar la soberanía internacional ni infringir los derechos del pueblo estadounidense ni la propiedad intelectual de Estados Unidos", advirtió.

Críticas de ese estilo ya han dado forma al tratado. Incorporó una cláusula especial que enumera las facultades que no se concederán a la OMS, como las de "prohibir o aceptar viajeros, imponer obligaciones de vacunación o medidas terapéuticas o de diagnóstico, o imponer confinamientos".

La inclusión de ese lenguaje indica hasta qué punto los estados miembro se hallan "verdaderamente preocupados" por la desinformación o la mala información acerca del impacto del tratado, comentó Tedros. "La soberanía de los países no se verá comprometida", aseguró.

A pesar de la intensidad de las discusiones sobre el tratado, las negociaciones fueron prolongadas y áridas. En una pantalla se proyecta el texto del borrador y luego se marcan con corchetes los cambios en la redacción que proponen los países.

"Cuando ocurren hechos así, se convierten en preocupaciones para la seguridad mundial". Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalición Internacional de Innovaciones en la Preparación frente a las Epidemias.

Una gran fuente de discrepancia se refiere a la detección y a la circulación de datos sobre nuevos patógenos. El Grupo por la Equidad, que integran países de Asia, África y América Latina, quiere que haya normas firmes. Lo cual implicaría que las farmacéuticas ayuden a financiar la detección de patógenos nuevos, lo que a su vez aceleraría el desarrollo de vacunas. La información genética se difundiría a través de un mecanismo denominado Sistema Compartido de Acceso y Beneficios frente a Patógenos (PABS, en inglés).

Pero la propuesta chocó con la oposición de la industria farmacéutica. "En la negociación está la amenaza implícita de que si no pagas, no compartirán la información", advirtió Thomas Cueni, director saliente de la Federación Internacional de Productores y Asociaciones Farmacéuticas. "Sería pegarse un tiro en el pie. Monetizar el acceso a los patógenos no tiene sentido".

Las farmacéuticas están dispuestas a mejorar aspectos de la preparación ante pandemias, añadió Cueni. Aceptarían "compromisos vinculantes para la asignación" de vacunas, antivirales y otras drogas a entidades como la OMS, la alianza de vacunas Gavi, Unicef. Esos compromisos consistirían en donaciones y "una escala de precios equitativa", es decir, convenios para ofrecer vacunas y otros tratamientos a precios menores a países de bajos ingresos.

Pero la industria farmacéutica quiere evitar la cesión de derechos de patentamiento sobre vacunas, en vista de que los derechos exclusivos son el cimiento de su modelo de negocios. En cambio, propone mantener la colaboración voluntaria. Esto implicaría compartir información entre empresas que descubren vacunas y grandes productores de drogas genéticas que puedan producirlas en masa, como el Instituto Seru de la India.

Hasta ahora, las promesas de extenderse a instalaciones de producción de vacunas por fuera de centros tradicionales como Estados Unidos, Europa o la India dieron resultados modestos. El año pasado la OMS y Corea del Sur firmaron un convenio para convertir a ese país del este de Asia en un centro de capacitación mundial que ayude a países de ingresos medios o bajos a producir vacunas y otras medicinas.

Médicos tratan a un paciente de Covid-19 en China. Una amarga controversia se refiere al misterio de cómo apareció exactamente el virus en ese país.

En diciembre, BioNTech, la empresa alemana que desarrolló la vacuna pionera de ARN mensajero producida en masa por Pfizer, anunció que en 2025 prevé comenzar la producción en una planta de US$ 150 millones en Ruanda. La instalación se compone de los llamados "BioNTainers", laboratorios fabricados a partir de contenedores navales.

La compañía sudafricana Afrigen Biologics and Vaccines podrá, una vez que cuente con la licencia, producir unos 50 millones de dosis anuales de vacunas ARNm en caso de una nueva pandemia, indica su directora gerente, Petro Terblanche. Aunque el continente africano está "mucho mejor" que hace dos o tres años, su capacidad sigue siendo menor en vista de sus 1400 millones de habitantes, indicó. Subsisten dificultades técnicas, como las de garantizar que las vacunas ARNm se mantengan refrigeradas durante la producción, distribución y almacenamiento.

"El mayor problema de este programa está en las inversiones", agregó Terblanche. Cuesta responder cuánto dinero se gasta en verdad en la mejora de la preparación frente a una pandemia.

Conla colaboración de la OMS, el Banco Mundial creó el Fondo Pandémico para ayudar a que países de ingresos bajos y medios mejoren su preparación y respuesta. En febrero, el banco informó que había recaudado unos US$2000 millones en capitales de siete donantes. Agregó que por cada dólar concedido en la primera ronda de financiamiento de proyectos anunciada en julio, se habían generado otros seis de inversiones.

La asignación de recursos para el control de enfermedades sigue siendo sumamente discutida. La pandemia de Covid mostró hasta qué punto los compromisos retóricos de compartir provisiones vitales no se reflejaron en la realidad, ya que los países ricos dieron prioridad a sus habitantes.

"Si algo aprendimos de la pandemia de Covid-19, es que las buenas intenciones no se traducen en acciones durante una emergencia", observó Ebere Okereke, director ejecutivo de la no gubernamental Fundación de Salud Pública de África y especialista en seguridad sanitaria mundial.

Las farmacéuticas no están dispuestas a ceder los derechos sobre patentamiento de las vacunas.

La disputa por recursos es parte de la serie de diferencias geopolíticas que deben superarse o, como mínimo, administrarse, para que tenga éxito el tratado pandémico y sus preparaciones.

Una controversia persistentes ronda el misterio de cómo apareció exactamente el Covid en China a fines de 2019. Investigadores internacionales sólo tuvieron acceso restringido, lo que deja sin respuesta la pregunta de si el virus se fugó de un laboratorio.

La OMS volvió a escribir recientemente a China solicitando mayor cooperación. "Todavía no tenemos la respuesta, y eso en algún sentido no ciega frente a la próxima pandemia", advirtió.

Beijing ha participado de las conversaciones por el tratado, y sostiene que el acuerdo debería concentrarse en "las necesidades prácticas de los países en desarrollo y reflejar los principios de equidad, solidaridad, consenso e inclusión", publicó el estatal Diario del Pueblo.

Al mismo tiempo, y al igual que otras potencias, China quiere preservar la soberanía y la flexibilidad de acción, señala un estudio de los motivos y acciones del país que fue publicado en enero en el periódico Fronteras en Salud Pública. "Aunque apoya la cooperación mundial, China insiste en términos voluntarios sin interferir en el espacio de las políticas", escribieron los autores.

Otra incertidumbre es la participación de EE.UU. Los partidarios del acuerdo dicen que debe firmarse antes de las elecciones presidenciales de noviembre, en caso de que Donald Trump vuelva al poder. En julio de 2020, Trump puso en marcha el proceso formal para retirar al país de la OMS; en enero, Joe Biden revirtió la decisión.

Muchos partidarios del acuerdo piden que se apruebe antes de las elecciones presidenciales en EE.UU.

Por otra parte, hay países como Nigeria, Pakistán o Egipto que están afligidos por crisis financieras, indica Chikwa Ihekweazu, director general adjunto de la OMS que durante la pandemia de Covid-19 encabezó el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Nigeria. Todo ello, tiene impacto potencial sobre una variedad de factores "necesarios para conseguir" la preparación pandémica, como la fuerza laboral, las instituciones, los mecanismos fiduciarios y las cadenas de suministro.

Ihekweazu saluda la creación de infraestructura institucional en más países que aborden las grandes amenazas para la salud pública. La OMS señala que al menos 114 estados tienen ya, o están desarrollando una agencia nacional de salud pública, aunque al menos 80 carecen de esa estructura.

Como director de la nueva Red de Inteligencia de Epidemias en Pandemias, con sede en Berlín, la principal tarea de Ihekweazu consiste ahora en mejorar la recolección y distribución de datos internacionales.

La red contiene un racimo de iniciativas destinadas a mejorar el intercambio de información relevante en caso de pandemia, como demografía, distribución, movilidad y salud general de las poblaciones. Una de ellas, denominada Inteligencia Epidémica a partir de Fuentes Abiertas, se utiliza ya en 70 países. Otra es una red internacional de vigilancia de patógenos que reúne, secuencia y analiza el surgimiento de amenazas.

A pesar de todos esos avances, Ihekweazu cree que los intentos por mejorar la preparación siguen entorpecidos por las heridas de la crisis previa.

"Tuvimos acceso universal a la información pero no a las vacunas", afirma recordando la "indignación de la opinión pública" que enfrentó cuando dirigía el CDC de Nigeria. "Creo que eso está en el centro del déficit de confianza, y en el centro de las muy complicadas discusiones en curso".

El ideal de los partidarios del tratado, que imaginan un esfuerzo dirigido, equitativo y armonioso para combatir la crisis sanitaria venidera, está muy lejos de concretarse. Las negociaciones finales serán la prueba de si los países pueden hacer a un lado sus quejas y, en algunos casos, las divisiones que los separan.

Incluso si se retiran algunas de las cláusulas del tratado, la esperanza es que el intento lleve a mejoras significativas comparadas con la reacción ante la pandemia pasada. Tedros afirma que los miembros, al menos, podrían coincidir en un texto de "alto nivel" en el convenio, aunque luego deban resolverse ciertos detalles.

Resulta claro que la preparación frente a las pandemias y la seguridad en salud son hoy "muy importantes para funcionarios y gobiernos de todo el mundo", consideró Hatchett.

Asimismo, admite las preocupaciones por la atmósfera política mundial, pero alega que a todos beneficiará mejorar la preparación para la inevitable calamidad sanitaria del planeta. "Es particularmente importante que los países trabajen juntos y en distintos sectores -agrega Hatchett-. Todavía hay oportunidades de colaboración y cooperación, incluso en un mundo fragmentado.

 Información adicional de Sarah Neville e Ian Johnston, en Londres.

La versión original de esta nota se publicó en el número 365 de revista Apertura.

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