La noche del miércoles, el ministro del Interior y hombre fuerte del chavismo, Diosdado Cabello, se sentó frente a un escritorio adornado con una estatua del exlíder Hugo Chávez y un enorme garrote al estilo de Los Picapiedra. Miró con frialdad a la cámara y exigió que Estados Unidos devolviera al presidente capturado, Nicolás Maduro.

“El presidente ha sido secuestrado y es un prisionero de guerra en una celda de Nueva York; exigimos que nos lo devuelvan con vida”, dijo Cabello. “Más temprano que tarde, esta decisión del gobierno de Estados Unidos les va a salir muy cara”.

“Venezuela”, continuó “no se rinde”.

El tono contrastó con el de la presidenta interina Delcy Rodríguez, quien ha dicho que trabajaría “en conjunto” con Estados Unidos. Pero Cabello, un oficial del Ejército que intentó tomar el poder junto a Chávez en un fallido golpe de Estado en 1992, es visto como el ideólogo más feroz y antiimperialista de Venezuela.

Ejerce un poder enorme: controla a la policía del país, los servicios de inteligencia, algunas unidades del Ejército y a los temidos colectivos que recorren las calles en motos, revisando los teléfonos de los ciudadanos en busca de supuestas conspiraciones. En los últimos días, Cabello publicó videos en los que se lo ve dando órdenes a hombres armados en las calles de Caracas, con fusiles en alto y puños cerrados, coreando: “¡Siempre leales, nunca traidores!”.

Mantener de su lado a Cabello -quien encabeza una facción distinta a la de Rodríguez, más enfocada en los negocios- es una de las tareas más espinosas que enfrenta la presidenta interina.

Diosdado es una figura muy poderosa en Venezuela y lidera un sector distinto al que conduce Delcy. Por eso es clave para la supervivencia del régimen de Delcy en este momento”, dijo Eva Golinger, abogada cercana a Chávez.

Sus colectivos podrían sumir rápidamente al país en el caos y no está claro cuánto tiempo tolerará los movimientos de Rodríguez para cerrar acuerdos petroleros con Estados Unidos, país que lo busca por cargos —que él niega— de narcotráfico, lavado de dinero y corrupción.

Cabello no ha abandonado su retórica antiimperialista y confrontativa y es poco probable que adopte una postura negociadora con Estados Unidos”, señaló un alto oficial militar venezolano que conoce al dirigente de 62 años.

Un portavoz del gobierno venezolano negó que Cabello represente una amenaza para Rodríguez. “Eso es tan falso que ni siquiera debería dársele aire; acá hay una unidad perfecta”, dijo el vocero al Financial Times.

Cabello ha mostrado una virulencia particular contra el secretario de Estado Marco Rubio, un histórico halcón sobre Venezuela que ha encabezado la ofensiva de la administración Trump contra Caracas.

Antes de la muerte de Chávez por cáncer en 2013, compitió por suceder a su mentor, pero finalmente perdió frente a Maduro.
Antes de la muerte de Chávez por cáncer en 2013, compitió por suceder a su mentor, pero finalmente perdió frente a Maduro.

En 2017, el Miami Herald y CBS Miami informaron que las fuerzas de seguridad de Estados Unidos creían que Cabello podría haber ordenado el asesinato de Rubio, entonces senador. El Miami Herald señaló que las autoridades estadounidenses no lograron corroborar la veracidad de la amenaza, pero Rubio recibió seguridad adicional.

Ambos se han cruzado públicamente insultos: Cabello apodó al floridano “Narco Rubio”, mientras que Rubio lo llamó “el Pablo Escobar de Venezuela”.

Cabello no respondió en ese momento a las solicitudes de comentarios del Miami Herald y el Financial Times no logró contactarlo para obtener declaraciones.

Su desprecio por Estados Unidos viene de larga data.

Tras el fallido golpe, Chávez llegó al poder por vía democrática y, durante un tiempo, nombró a Cabello como su vicepresidente. En 2002, ambos enfrentaron un golpe impulsado por sectores empresariales que contó con apoyo tácito de Estados Unidos; Cabello llegó a gobernar brevemente el país antes de que Chávez fuera restituido.

Se cree que ese episodio consolidó en sus mentes la idea de que los estadounidenses eran un enemigo irreconciliable. Durante más de una década, Cabello arremetió contra “los gringos” en su programa de televisión Con el mazo dando, que un sitio opositor describió alguna vez como una “diarrea verbal de incoherencias”.

Se cree ampliamente que Cabello ambicionó el sillón presidencial que ocupó durante unas horas en aquel golpe fallido. Antes de la muerte de Chávez por cáncer en 2013, compitió por suceder a su mentor, pero finalmente perdió frente a Maduro.

Ahora ha visto cómo la presidencia pasó a manos de Rodríguez. Mantener a raya a Cabello —cuyo nombre significa “dado por Dios”— mientras se intenta apaciguar al presidente estadounidense Donald Trump “será muy difícil para ella”, dijo una persona cercana al gobierno venezolano.

Carrie Filipetti, ex subsecretaria adjunta de Estados Unidos para Cuba y Venezuela durante la primera administración Trump, afirmó que Rodríguez “y Diosdado no tenían la mejor relación; estaban enfrentados”.

Hasta ahora, Cabello se ha mantenido leal. El miércoles expresó su “apoyo absoluto y total” a “nuestra querida hermana Delcy Rodríguez” y elogió su “valentía y fortaleza”.

Juan Contreras, exlegislador socialista cercano a Cabello, dijo que éste es “leal a la revolución” y que, al menos por ahora, está “cerrando filas” detrás de Rodríguez.

Pero Cabello “tiene líneas rojas”, advirtió Phil Gunson, analista del International Crisis Group en Caracas. Para él, lo “completamente inaceptable” es “cualquier tipo de apertura política”.

Esta semana se lo vio usando una gorra con la frase: “¡Dudar es traicionar!”. El mensaje fue interpretado como una advertencia de que demasiadas concesiones a Estados Unidos o a la oposición podrían ser vistas como una traición al chavismo, el socialismo venezolano bautizado en honor al fundador del régimen.

“Por ahora parece que están manteniendo las cosas unidas, pero es previsible que a largo plazo sea difícil sostenerlo si Delcy coopera de manera más explícita con Estados Unidos, porque ese tipo de relación no ha sido aceptable para muchos en Venezuela, incluido Diosdado”, señaló Golinger.

Una acusación presentada en Nueva York durante la primera administración Trump acusa a Cabello de trabajar con guerrillas colombianas para enviar cocaína a Estados Unidos. Estos cargos le dejan poco incentivo para cooperar con Washington, dijeron Golinger y Andrés Izarra, exministro de Comunicación de Chávez que hoy reside en España.

“Este tipo tiene una recompensa de 25 millones de dólares sobre su cabeza y también figura en la acusación contra Maduro. ¿Qué le queda? Tiene una pistola en la cabeza”, afirmó Izarra. “Es el ministro del Interior y el jefe de Estado fue capturado delante de sus narices sin causar siquiera bajas a los invasores. Fue totalmente superado”.

Un alto dirigente opositor en contacto con funcionarios estadounidenses dijo que Cabello “tendría que cuidarse todo el tiempo; incluso cuando va al baño podría volar por los aires con un dron”.