Donald Trump prorrogó lo que él llama un alto al fuego con Irán. En pocas horas, la república islámica se apoderó de barcos mercantes en el estrecho de Ormuz, una demostración de fuerza de una armada que el presidente estadounidense insistió en haber destruido.

Los ataques del miércoles por parte de la armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica —un tercer barco fue atacado y quedó varado— subrayaron la postura intransigente de Irán y su negativa a ceder ante la presión estadounidense, mientras los mediadores se esfuerzan por reactivar las negociaciones para poner fin a la guerra.

Ambas partes creen tener la sartén por el mango y están desesperadas por no dar la impresión de ceder ante la otra. El propio Estados Unidos incautó antes un buque iraní como parte del bloqueo naval de Trump a los puertos de la república islámica.

Pero eso dejó a los adversarios atrapados en un costoso enfrentamiento de voluntades: un alto al fuego precario que puede poner un límite a una guerra en toda regla sin llegar a detener las hostilidades ni aliviar la crisis energética. En la práctica, el estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado: los barcos necesitan, en los hechos, la autorización tanto de los iraníes como de Estados Unidos para atravesar ese estratégico paso.

“Trump y Teherán solo pueden alcanzar, por ahora, un alto al fuego sucio”, dijo Sanam Vakil, directora del programa de Oriente Medio en Chatham House. “Si sus posiciones no se deterioran más, esto podría darles a ambas partes algo de espacio para negociar un acuerdo más amplio. El riesgo, sin embargo, es que esto se convierta en la nueva normalidad.”

Trump llevaba días hablando con optimismo de las perspectivas de retomar las conversaciones y cerrar un acuerdo para poner fin a la guerra. Pero los esfuerzos de Pakistán para ser sede de una segunda ronda de negociaciones en Islamabad se frustraron el martes cuando Irán se negó a participar mientras el bloqueo naval estadounidense a sus puertos siguiera en pie.

El presidente estadounidense dijo que prorrogaría el alto al fuego, que debía vencer el miércoles, pero insistió en que el bloqueo naval se mantendría. No fijó ningún plazo para la tregua, más allá de decir que duraría hasta que “su propuesta sea presentada y las conversaciones concluyan, de un modo u otro”. Luego afirmó que Irán estaba “colapsando financieramente” y perdiendo 500 u$s millones diarios a causa de su bloqueo naval.

Todo eso sugería que Trump seguía esperando un acuerdo general que respondiera a sus exigencias sobre el programa nuclear iraní, reabriera el estrecho y pusiera fin a un conflicto que ha desencadenado la mayor crisis energética de las últimas décadas.

Pero el régimen islámico, que no se ha pronunciado sobre la prórroga del alto al fuego, teme que Trump esté ganando tiempo para reanudar el conflicto. Un tercer portaaviones estadounidense estará en la región a finales de abril.

Irán también apuesta a que su umbral de resistencia es mayor que el de Estados Unidos, pese al duro golpe que ha encajado durante la guerra y a que puede tener a la economía mundial como rehén manteniendo cerrada una de las vías navegables más vitales del planeta.

Hace cinco días hubo un instante fugaz en que los mediadores pakistaníes parecieron haber logrado un avance. Después de que Trump presionara a Israel para que acordara una pausa de diez días en su ofensiva en el Líbano contra Hezbollah, el principal representante de Irán en la región, la república islámica dijo que permitiría el tránsito de buques comerciales por el estrecho.

Trump declaró de inmediato que la vía marítima estaba “lista para los negocios y el paso irrestricto”, lo que hizo desplomarse los precios del petróleo. Luego llegó a afirmar que Irán había aceptado muchas de sus exigencias, incluida la entrega de su reserva de uranio enriquecido a niveles cercanos a los necesarios para fabricar armas.

Esto enfureció a Irán. El gobierno rechazó las afirmaciones de Trump, al que le molestó profundamente dar la imagen de haberse rendido ante sus exigencias nucleares y criticó su decisión de mantener el bloqueo naval.

Un tercer portaaviones estadounidense estará en la región a finales de abril.Fuente: @CENTCOM@CENTCOM

Cuando JD Vance se preparaba para viajar a Islamabad como jefe de la delegación estadounidense en las nuevas conversaciones, los funcionarios iraníes guardaron silencio sobre si Irán enviaría negociadores.

Los mediadores pakistaníes se apresuraron a intentar romper el impasse, pero el martes por la noche —un día antes de que venciera el alto al fuego— Washington confirmó que Vance ya no viajaría.

Vali Nasr, ex funcionario estadounidense y profesor de la Universidad Johns Hopkins, dijo que la visión en Irán era que “Estados Unidos se está preparando para la guerra y todo esto es teatro”.

“Y si va a haber conversaciones, ellos quieren un compromiso de Estados Unidos de levantar el bloqueo a cambio de lo cual podrían haber relajado las restricciones sobre el estrecho”, señaló Nasr.

Los comentarios jactanciosos de Trump generaron un problema interno en la república, “porque ante su propia población pareció que habían cedido por completo y eso desató el debate sobre si confiar en el proceso”, agregó.

Dan Shapiro, ex alto funcionario de defensa estadounidense, dijo que Trump se había metido en un callejón sin salida por no haber anticipado la reacción de Irán ante la guerra y por “subestimar que la dominación militar no trae por sí sola la victoria estratégica”.

“Trump parece creer que sus tuits en mayúsculas y sus amenazas de aniquilación van a lograr que capitule, pero cada una de esas amenazas parece transmitir su pánico y su desesperación y probablemente endurece la determinación de los iraníes”, dijo Shapiro, hoy investigador sénior del Atlantic Council.

Agregó que las probabilidades de que Trump logre un acuerdo nuclear con Irán sustancialmente mejor que el pacto de 2015 que Teherán firmó con la administración Obama y otras potencias mundiales eran ahora “muy bajas”.

Trump abandonó ese acuerdo durante su primer mandato, reavivando el histórico enfrentamiento nuclear entre Irán y Estados Unidos. El régimen iraní respondió expandiendo drásticamente su programa y enriqueciendo uranio a niveles próximos a los requeridos para la fabricación de armas. Presionar al régimen para que desmantele su infraestructura nuclear ha sido el objetivo primordial de la guerra.

Pero Shapiro afirmó que lo más importante para Estados Unidos ahora era lograr la reapertura total del estrecho, algo que “probablemente solo se consigue si se patea el resto de esta cuestión para adelante”.

“Podemos monitorear sus materiales nucleares y estar preparados para atacar de nuevo si es necesario. Pero si lo único que podemos obtener es un acuerdo muy difuso, en el que el uranio altamente enriquecido permanezca en el país, siendo diluido allí, con una moratoria al enriquecimiento de diez o quince años, no habremos conseguido gran cosa”, dijo. “Desde luego no habremos capturado las ganancias estratégicas que esperábamos de los éxitos operativos de la campaña militar.”

Pero en esta batalla de resistencia, ambas partes están asumiendo riesgos y en peligro de cometer errores de cálculo, advierten los analistas.

Matthew Savill, del Rusi, el think tank londinense, señaló que las señales indican que ambos lados están maniobrando para posicionarse de cara a eventuales conversaciones. Los iraníes tienen algunas ventajas porque solo necesitan la “percepción de amenaza” para mantener cerrado el estrecho.

Pero también podrían malinterpretar a Estados Unidos al creer que pueden sobrevivir a la administración Trump, y pasarse de la raya, advirtió.

“El riesgo para Estados Unidos es que puede infligir un daño fenomenal”, dijo Savill. “Pero si no tiene forma de convertir eso en un éxito político, lo que habrá hecho es golpear duramente a los iraníes... pero a un costo tal que, con el tiempo, lo lamente.”