Davos y los rumores sobre la muerte del capitalismo mundial

La unión de la economía liberal y la democracia ha traído inmensos beneficios al mundo, pero enfrenta la prueba más dura en décadas. Qué se necesita hacer

El Foro Económico Mundial de Davos ha sido el lugar de encuentro del capitalismo global. No obstante, hay quien opina que esta causa está en vías de extinción. Los oligarcas rusos estuvieron ausentes. Aunque algunos líderes empresariales chinos han asistido, tienen las alas cortadas dentro y fuera del país. La crisis financiera mundial, la pandemia, el auge del nacionalismo, el deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y China y la guerra en Ucrania empeoraron las relaciones empresariales a nivel global.

En última instancia, el capitalismo es global, porque las oportunidades son globales. Más allá de las fronteras nacionales hay mercados a los que exportar y recursos que explotar. Las multinacionales actuales y los flujos transfronterizos de bienes, servicios, conocimiento, finanzas, personas, datos e ideas son producto de estas oportunidades. Sin embargo, cómo se exploten, y quién lo haga, también está determinado por los riesgos y las limitaciones.

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Lo que cambió es la percepción del riesgo. No hace mucho, tanto empresas los políticos sólo veían el lado bueno. Ahora también ven la parte negativa. Las empresas ven el riesgo en la ampliación de las cadenas de suministro y la vulnerabilidad en las interrupciones. Aunque los políticos también ven los riesgos de expandir las cadenas de suministro, además ven las amenazas de potencias hostiles y la pérdida de la superioridad tecnológica de sus países. En resumen, se pasó de una relación de confianza a una de confrontamiento. Pero ¿hasta dónde llegó este cambio en la práctica? La respuesta es "no tan lejos".

Según un informe publicado hace dos meses por el McKinsey Global Institute, los flujos mundiales están ahora liderados por los intangibles, los servicios y las aptitudes humanas.

Así, el comercio de bienes se estabilizó en relación con la producción mundial desde la crisis financiera, tras un enorme aumento en las décadas anteriores. Los flujos de servicios, estudiantes internacionales y propiedad intelectual crecieron aproximadamente el doble de rápido que el comercio de bienes entre 2010 y 2019. El intercambio de datos creció casi 50% anual. Y lo que es más importante, la mayoría de los flujos han demostrado solidez durante las recientes perturbaciones: los de mercancías se recuperaron con bastante fuerza tras la pandemia.

La dependencia de productos fabricados en pocos rincones del planeta es un problema generalizado. Esta concentración es, según McKinsey, una moneda de dos caras. Permite ganancias sustanciales de eficiencia, pero crea dependencia y riesgos de trastornos importantes.

Por ejemplo, el hecho de que Europa dependa del gas ruso demostró ser un caso paradigmático de dependencia peligrosa. El litio, las tierras raras y el grafito se extraen de tres o menos países y se refinan sobre todo en China. Los chips más sofisticados proceden de Taiwán.

Por lo general, según el último informe de McKinsey, todas las regiones dependen del intercambio comercial para más del 25% de al menos algún bien necesario. En el 40% del comercio mundial, la economía importadora depende de solo tres o menos países para el suministro de un determinado recurso o producto manufacturado.

Además, no existen pruebas de una diversificación sistemática en los últimos cinco años por parte de las mayores economías. Por último, las multinacionales siguen representando alrededor de dos tercios de las exportaciones mundiales.

Así pues, la globalización está cambiando, no se está extinguiendo, y los rumores sobre la desaparición del capitalismo mundial son exagerados. Aunque Rusia está en parte fuera de juego, sigue siendo un importante exportador de energía. EE.UU. mantuvo los aranceles de Trump e impuso un embargo a las exportaciones de determinados semiconductores a China; está empeñado en dejar sin efecto las normas de la Organización Mundial del Comercio. China insiste en que se le trate como un "país en desarrollo". Las actitudes y las prácticas están cambiando en contra de algunos aspectos de la amplitud de miras. ¿Cambiará esto?

La experiencia pasada demuestra la destrucción que pueden causar las guerras y los desastres económicos. El capitalismo globalizado estuvo a punto de desaparecer entre 1914 y 1945. Si se prescinde de los paralelismos, la oportunidad económica seguramente seguirá guiando lo que suceda.

Sí, habrá cierto grado de desacoplamiento del comercio y la inversión entre China y Occidente, sobre todo en tecnologías que se consideran sensibles desde el punto de vista estratégico. Sin embargo, la disociación parece poco probable y estúpida, no sólo desde el punto de vista económico, sino también político.

Una vez más, cierta diversificación de la oferta es sensata para los países y las empresas. Pero, a partir de cierto punto, resulta demasiado costosa. Depender de unos pocos proveedores nacionales o de países cercanos puede resultar arriesgado. También es imposible almacenar lo suficiente para hacer frente a cualquier emergencia imaginable. En la mayoría de los casos, una economía mundial flexible será mejor alternativa.

No es razonable limitar el comercio a la propia región o a los países "amigos". Para EE.UU. y Europa, lo primero significaría no sólo renunciar a oportunidades comerciales con Asia, una zona estratégica y económicamente crucial, sino dejarla en manos de China. Obligar a los países asiáticos a elegir entre China y Occidente sería igualmente contraproducente. Una vez más, cabe preguntarse quiénes son nuestros amigos. Las amistades cambian. No hace tanto, Vietnam era un enemigo.

Los mayores interrogantes son si puede alcanzarse un modus vivendi mutuamente satisfactorio con China y hasta qué punto puede contenerse la tendencia proteccionista de la política en Estados Unidos.

No cabe duda de que es necesaria una reforma sustancial del funcionamiento del capitalismo mundial. Una de las cuestiones más importantes es abordar los defectos de las finanzas mundiales. También es necesario reconocer la conmoción que provocarán las nuevas y dinámicas formas de globalización virtual, en concreto, el salvaje Internet.

Es probable que el capitalismo sea cada vez menos global. Pero un capitalismo abierto internacionalmente sigue siendo la base de la prosperidad futura. Es necesario reformarlo. No debe abandonarse, como ocurrió a principios del siglo XX.

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