Los bolardos forman parte del paisaje urbano de muchas ciudades españolas, aunque suelen pasar desapercibidos. Son postes que se colocan en calles, aceras, plazas, accesos y otros puntos de la vía pública.
Su función principal es delimitar los espacios destinados a los peatones y evitar que los vehículos los invadan. De esta manera, actúan como una barrera física entre la circulación de coches y determinadas zonas de uso peatonal.
Para qué sirven los bolardos
Los bolardos se utilizan principalmente para evitar que los vehículos accedan, circulen o aparquen en espacios destinados a los peatones. Pueden encontrarse junto a las aceras, en calles peatonales, en accesos restringidos o alrededor de determinados espacios públicos.
El Ayuntamiento de Madrid los incluye entre los elementos de protección peatonal y señala que delimitan áreas peatonales y evitan la invasión de estos espacios por parte de los vehículos.
Por eso, aunque puedan parecer un elemento más del mobiliario urbano, tienen una función concreta: mantener separado el espacio destinado a los coches del que utilizan los peatones.
No todos los bolardos son iguales
Estos elementos pueden tener diferentes diseños y estar fabricados con distintos materiales. En las calles españolas pueden encontrarse modelos metálicos, de hormigón y de otros materiales, adaptados al entorno en el que se instalan.
Además, no todos cumplen exactamente la misma función. Algunos sirven para impedir directamente el acceso de vehículos a una zona, mientras que otros delimitan un espacio concreto o evitan que los coches puedan ocupar una acera.
La elección y colocación del modelo depende del espacio urbano y de las necesidades de cada lugar.
Qué dice la normativa española
La instalación de bolardos en espacios peatonales también está contemplada por la normativa estatal. La Orden TMA/851/2021, publicada en el Boletín Oficial del Estado establece una serie de requisitos para estos elementos.
La norma indica que los bolardos deben colocarse alineados y tener una altura de entre 0,75 y 1 metro, mientras que su anchura o diámetro debe ser de al menos 10 centímetros. Además, deben presentar un diseño redondeado y sin aristas.
La regulación también exige que sean fácilmente visibles, con un contraste suficiente respecto al pavimento y características que permitan identificarlos durante la noche.
Por qué son importantes
La importancia de los bolardos está relacionada con la seguridad y la protección del espacio peatonal. Cuando un vehículo invade una acera o una zona destinada a caminar, puede bloquear el paso y obligar a los peatones a desplazarse hacia la calzada.
Su diseño también debe tener en cuenta la accesibilidad. El Ayuntamiento de Madrid señala que estos elementos deben ser identificables, estables y no convertirse ellos mismos en un obstáculo para las personas que utilizan las zonas peatonales.
Por eso, estos pequeños postes cumplen una función que va mucho más allá de separar visualmente una calle: ayudan a impedir la invasión de las zonas peatonales por parte de los vehículos y a mantener protegido el espacio reservado a quienes caminan.