En los últimos años, un modelo laboral fue la principal explicación para contener la suba del desempleo e incluso captó trabajadores de otros espacios: el autoempleo informal.

El fenómeno no es reciente y responde más a factores estructurales que predominan en la economía argentina, como el estancamiento económico, la baja productividad y la fragmentación regulatoria del mercado de trabajo.

Según el informe Deterioro y resquebrajamiento de la estructura social del trabajo en la argentina (2010-2025) del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (ODSA-UCA), el deterioro en el mercado laboral no se observó directamente en el aumento de la desocupación, sino en la degradación de las condiciones laborales y salariales.

El autoempleo informal o la microinformalidad se consolidó como los mecanismos de captación de trabajadores. En este segmento incluye a las actividades de baja productividad, en las que incluye desde empleadores de microestablecimientos, a trabajadores por cuenta propia de calificación no profesional, trabajadores de micro establecimientos hasta trabajadoras domésticas.

Esto además viene de la mano de peores condiciones salariales. Según observaron, los trabajadores del sector microinformal tienen una desventaja remunerativa promedio entre un 30% y 40% inferior al promedio salarial. En el sentido contrario, en el promedio del período analizado, los formales públicos y privados estaban hasta 40% por encima del promedio total.

“En el período más reciente se consolidan las salidas de la desocupación hacia el empleo no asalariado microinformal (29,5%), en detrimento de las transiciones hacia empleos asalariados formales (15,8%) o públicos (3,8%). Esto sugiere una mayor dificultad para superar la desocupación mediante inserciones protegidas y una creciente centralidad de estrategias de empleo autogenerado de subsistencia, características del sector microinformal no asalariado”, explicaron desde el organismo.

Si bien el empleo microinformal no asalariado fue el gran captador de desocupados, también se observa una migración desde posiciones con mayores protecciones hacia ese segmento. En este sentido, destacaron la migración desde el empleo asalariado formal y desde el sector público.

El segmento se caracteriza por tener un fuerte predominio de empleos precarios, concentrando hasta el 66,5% del empleo de baja calidad, mientras que en privado formal la precariedad trepa al 29% y en el público al 15,9%.

Este movimiento implica una “reorientación regresiva de las trayectorias” en búsqueda de generar ingresos y ante la incapacidad de los sectores formales de absorber empleo.

El informe divide el período analizado en dos partes para comparar la evolución. Así, entre 2011 y 2013, los microinformales no asalariados representaron el 25,5% del total de trabajadores activos. Entre 2023 y 2025, este segmento pasó a representar el 29,5%. La misma dinámica se dio entre los asalariados microinformales, que pasaron de ser 14,5% al 15%. En este segmento se incluyen En el mismo período se observan caídas de diferentes magnitudes entre los asalariados formales (28,9% al 25,9%), empleados públicos (23,3% al 22,7%) y desocupados (4,8% al 4%).

A la larga, esto se traduce en un impacto salarial extendido. Es que un empleado privado formal tiene 18 veces más chances de ubicarse en el segmento más alto de ingresos de la estructura laboral que las de los informales precarios. En el caso del público regulado, estas chances se multiplican por 13,3.

Una de las explicaciones, plantearon los investigadores Ramiro Robles, Alejo Giannecchini y Valentina Ledda, es que los sectores más dinámicos no tradujeron su crecimiento en empleos más productivos y mejor remunerados, así como protegidos, lo que derivó en que la recomposición se diera hacia sectores de baja productividad.

En los últimos años se observó una disminución del diferencial de ingresos entre los microinformales y otros segmentos. Desde la UCA consideraron que esto no responde a una mejora de los ingresos per se, sino que las instituciones laborales, al estar en retroceso o fragmentándose, acompañan el empobrecimiento generalizado de las remuneraciones, y se acortan las distancias.