PANORAMA POLÍTICO

Máximo Kirchner vs Alberto Fernández, pronóstico de derrota y plan de reelección

El día en que Máximo Kirchner renunció como jefe del bloque de Diputados del Frente de Todos se convirtió en el escudo protector de la Vicepresidenta de la Nación. Es él quien pone el cuerpo y la voz en el frente de batalla y exige cambios en la economía y en la estrategia política. El discurso en Baradero pareció pronosticar una derrota.

"En Buenos Aires perdimos tres diputados y ahora nos cuesta mucho avanzar, los errores políticos afectan a nuestra sociedad, detienen la marcha de un Gobierno", reclamó sin alzar la voz en el predio de Luz y Fuerza. En su extenso discurso apenas mencionó al jefe de Estado como "el presidente Fernández", elogió la gestión de ANSES y PAMI que maneja La Cámpora, admitió que le hubiera gustado un IFE más, destacó el cambio en Ganancias que votó el Congreso (con especial mención a Sergio Massa), cuestionó a los empresarios y también al ministro Martín Guzmán preguntándose "¿cómo no se involucra en disputas de poder?". Hizo además una llamativa confesión: está plantando un árbol cuya sombra tal vez no vaya a disfrutar pero sí futuras generaciones según dijo como cuando Madres y Abuelas de Plaza de Mayo sostuvieron "la bandera de los Derechos Humanos" que levantó Néstor Kirchner en el 2003. Entre una cosa y otra pasaron 26 años.

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A la inversa, en Córdoba, Alberto Fernández se mostró optimista y ya en campaña para su reelección en 2023. Disciplinado siguió los consejos del catalán Antoni Gutiérrez-Rubí, también asesor de Massa y ex asesor de Cristina Kirchner. El Presidente volvió a dar un discurso de cercanía, parado en el centro de una ronda de intendentes y jefes comunales sin salirse del libreto. 

Hasta la filtración de un fragmento de su arenga se planificó: "Yo les pido que pongamos todo el empeño, que el 2023 no está perdido, está está perdido si nosotros queremos, pero somos peronistas y la palabra aflojar no la conocemos y la palabra perder no la conocemos", lanzó y pidió a los presentes difundir "con énfasis" todo lo que su gobierno hace bien.

La tarde anterior a su viaje a la Mediterránea el primer mandatario cambió de planes y mandó a armar en tiempo récord una actividad política para sumar a los dos actos institucionales que tenía previstos. Córdoba tiene 427 intendentes y jefes comunales, casi la mitad son peronistas pero solo uno, Martín Gill, está al frente de un municipio grande, Villa María. El despliegue territorial no suma caudal político y salvo el ex senador Carlos Caserio, hoy vicepresidente del Banco Nación, ningún albertista ni ningún cristinista logró ganar la interna del PJ en su distrito. Obviamente tampoco pudieron frenar al gobernador Juan Schiaretti que fácilmente se quedó con la presidencia del partido. Por eso la respuesta de los cordobeses a los funcionarios del Gobierno nacional fue que al encuentro en la sede de Camioneros tenían que ir todos los que integran el Frente de Todos, incluso La Cámpora para evitar peleas posteriores. Prudentes activaron sus teléfono Caserio, Gill y la diputada Gabriela Estévez que no quieren arriesgar su convivencia al menos hasta tener claro el futuro de la coalición. Llevaron finalmente casi cien intendentes y jefes comunales aunque no signifique mucho peso electoral.

Máximo Kirchner sufrió ausencias que evidentemente le molestaron en el plenario de la Rama Sindical bonaerense en vísperas del Día del Trabajador. "Los dirigentes somos los que queremos representar. Entonces no podemos victimizarnos, un dirigente tiene que asumir los costos de ser conducción y no puede decir me están apretando, no me dejan ir a tal acto", ironizó en un momento en que criticaba al macrismo. Kirchner se rió, levantó las cejas y guiñó un ojo mientras lo aplaudían Omar Plaini, Vanesa Siley, Walter Correa, Roberto Baradel y el porteño Víctor Santa María. Los que faltaron fueron el camionero Pablo Moyano y Abel Furlan, flamante jefe de la UOM que el kirchnerismo decía tener de su lado.

Antes del cierre de Kirchner como presidente del PJ de Buenos Aires habló Verónica Magario, su vice y además vicegobernadora de Axel Kicillof. La matancera pidió "que los cambios se produzcan de una vez". Y reclamó lo que muchos plantean en voz baja, "que los dirigentes dejemos de hablarnos entre nosotros y solucionemos los problemas de los argentinos". En ese marco advirtió que "la unidad es la que va a hacer que ganemos".

Evidentemente el debate no está saldado. Le respondió Hugo Yasky, diputado y dirigente de la CTA. "Con la unidad somos invencibles pero la unidad no es obsecuencia, no es decir que sí cuando las cosas no están bien y sabemos que hay cosas que cambiar, no hay que agachar la cabeza", subió el tono y en un mensaje evidentemente dirigido al Presidente elogió a Cristina Kirchner que "después de la 125 no pensó que era el momento de agachar la cabeza, al contrario recuperó el sistema de jubilaciones, recuperó YPF y recuperó Aerolíneas Argentinas".

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El mismo debate expuesto públicamente se replica en el amplio arco político oficialista entre gobernadores, intendentes y en el Congreso de la Nación. En la última semana varios diputados nacionales del oficialismo se quejaron por la inactividad producto de la interna y por quedar relegados frente a la estrategia de la oposición que los apura con una sesión especial para tratar la boleta única de papel y los créditos UVA. 

Las quejas fueron oídas y horas antes de que arrancara el fin de semana el Frente de Todos notificó a los suyos que el martes habrá varios plenarios de comisiones en continuado con la de Presupuesto como cabecera. El objetivo será retomar la iniciativa con dictámenes de proyectos que tenían consenso pero que con el recambio legislativo perdieron su estado parlamentario. En la lista están la producción de cannabis (que tanto reclama el radical Gerardo Morales); una ley para los enfermos de HIV que incluye una pensión a los 50 años, y la prórroga de un impuesto para las industrias culturales cuyo vencimiento es reclamado por las bibliotecas populares. De las tres leyes la última es la más complicada porque Juntos por el Cambio (que puso la fecha de vencimiento en la gestión de Mauricio Macri) no acompaña.

Un ejemplo del debate interno en el oficialismo es emblemático. Diez días atrás el histórico Juan José Mussi, de Berazategui; junto al intendente de Ituzaingó, Alberto Descalzo, y al diputado Julio Pereyra, visitaron al presidente Alberto Fernández. Los tres también le pidieron una reunión a Cristina Kirchner a quien fueron a ver al Senado. "¿Cómo salimos adelante?", les preguntaron a los dos.

Cristina Kirchner, que no volvió a recibir ningún llamado de Alberto Fernández desde el día de los piedrazos al Congreso, les habló de lo que ve de la gestión. Cambiar los planes sociales por un salario universal es una de sus mayores preocupaciones. Tal vez para quitarle poder al Movimiento Evita que acompaña al Presidente o porque el sistema ya es insostenible e inmanejable. En Córdoba y junto a Schiaretti y al presidente de Nissan Alberto Fernández elogió a la UTEP y el trabajo de la economía popular que lideran entre otros Fernando ‘Chino' Navarro y Emilio Pérsico, del Evita.

Por eso no pasó inadvertido el gesto (o picardía) de Máximo Kirchner en Baradero cuando hizo subir al escenario a Mariel Fernández, intendenta de Moreno por el Movimiento Evita. El resto de los intendentes siguieron el acto sentados en primera fila.

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