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Desde la vuelta de la democracia, todos los presidentes argentinos llevaron la disputa con el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas a Nueva York, con matices que van del diálogo a la confrontación.

Cada septiembre, cuando los jefes de Estado pasan por el estrado de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Argentina reserva un lugar de su discurso para uno de los conflictos bélicos y diplomáticos más importantes de la historia moderna del país.

La primera vez en democracia fue en 1984, a cargo del radical Raúl Alfonsín, con la guerra todavía fresca. La más reciente fue este miércoles, a cargo del libertario Javier Milei, en un contexto marcado por el avance del proyecto petrolero británico Sea Lion en aguas en disputa, con licencias que el Gobierno argentino denuncia como ilegales e ilegítimas.

El punto de partida es siempre el mismo: la resolución 2065, que la Asamblea General aprobó en 1965. Fue la primera en reconocer que existe una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido, y pidió a ambos países que negociaran una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de quienes viven en las islas.

Lo que cambia es la manera de reclamar. A lo largo de cuatro décadas hubo presidentes que tendieron puentes con Londres, otros que denunciaron una ocupación colonial y uno que apuntó contra la propia ONU.

La primera vez que un presidente argentino reclamó por Malvinas ante la ONU en democracia fue en 1984, a cargo del radical Raúl Alfonsín.

Raúl Alfonsín (1984)

Alfonsín habló ante la Asamblea General el 24 de septiembre de 1984, dos años después del conflicto armado. Si bien realizó otras presentaciones ante el organismo de las Naciones Unidas, esta fue la única instancia en la que participo del Debate General.

El presidente denunció que la voluntad negociadora argentina había chocado con la intransigencia británica.

“La Argentina está firmemente comprometida a buscar la restitución de las Islas Malvinas sólo por medios pacíficos”, afirmó.

También lamentó que, tras la reunión de Berna de julio de ese año, el Reino Unido buscara postergar sin fecha las negociaciones que pedía la Asamblea.

"Está claro que el problema de las Islas Malvinas tiene una dimensión humana insoslayable"

Carlos Menem (1989, 1994 y 1999)

En su primer discurso, en 1989, Menem combinó la mano tendida hacia Londres con la reafirmación de los derechos argentinos.

“Quiero afirmar que lucharemos infatigable y pacíficamente, con la razón y con la persuasión, para recuperar nuestras Islas Malvinas”, sostuvo.

En 1994 destacó que la reforma constitucional de ese año había incorporado el reclamo como cláusula transitoria. También puso el foco en los habitantes de las islas:

“Para nosotros, está claro que el problema de las Islas Malvinas tiene una dimensión humana insoslayable, que se relaciona con el modo de vida y las necesidades de los isleños.”

En 1999, al cerrar sus diez años de gobierno, hizo un balance del vínculo con el Reino Unido: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en 1990, la reanudación de los vuelos al continente y el acceso a las islas con documentación argentina.

De la Rua ratificó la disposición argentina a reanudar las negociaciones bilaterales.

Fernando de la Rúa (2001)

De la Rúa habló el 10 de noviembre de 2001, en un debate general postergado por los atentados del 11 de septiembre.

Ratificó la disposición argentina a reanudar las negociaciones bilaterales y respaldó la misión de buenos oficios del Secretario General.

“La recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sobre esa parte del territorio nacional, respetando los intereses de sus habitantes y el derecho internacional, es un precepto cuyo cumplimiento señala la Constitución Argentina”, recordó.

“Somos fervientes partidarios de la solución pacífica de las disputas internacionales"

Néstor Kirchner (2003, 2004, 2005, 2006 y 2007)

Kirchner incluyó Malvinas en sus cinco intervenciones.

En su debut, en 2003, enmarcó el tema en su defensa de la solución pacífica de controversias:

“Somos fervientes partidarios de la solución pacífica de las disputas internacionales, particularmente en un tema tan caro a nuestros sentimientos e intereses como la disputa de soberanía que mantenemos por las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marinos circundantes.”

Entre 2004 y 2006, incluida la sesión de alto nivel de 2005, exhortó al Reino Unido a cumplir con el llamado de la comunidad internacional y reanudar las negociaciones.

En 2007 endureció el tono al cumplirse 174 años de lo que llamó la usurpación británica:

“Es hora ya de que el Reino Unido asuma la responsabilidad de poner fin al anacronismo de mantener la ocupación ilegal del territorio de otro Estado con un propósito claramente colonial.”

“No estamos pidiendo que digan que tenemos razón. Eso no es diálogo; eso es imponer un criterio”

Cristina Fernández de Kirchner (2008 a 2015)

Cristina Fernández de Kirchner habló ocho veces ante la Asamblea General, más que cualquier otro presidente argentino, y llevó el reclamo por Malvinas a siete de esos discursos. Pero también es la única que en uno de ellos no mencionó las islas.

En 2008 y 2009 definió a las islas como un “enclave colonial” en pleno siglo XXI.

En 2010 sumó una denuncia nueva: la exploración británica de hidrocarburos, que presentó como un saqueo de recursos y un riesgo ecológico.

Al año siguiente advirtió que la Argentina podría revisar los acuerdos provisorios vigentes, como el vuelo entre Punta Arenas y las islas, si el Reino Unido no aceptaba dialogar.

Entre 2012 y 2014 acusó a Londres de ampararse en su banca permanente en el Consejo de Seguridad para ignorar las resoluciones de la ONU.

“No estamos pidiendo que digan que tenemos razón. Eso no es diálogo; eso es imponer un criterio. Simplemente queremos que se sienten a cumplir con la resolución de las Naciones Unidas”, sostuvo en 2012.

En 2015, en su última intervención como presidenta, no hizo ninguna mención a las islas. Al día siguiente, el entonces canciller Héctor Timerman atribuyó la omisión a una falta de tiempo y la decisión de la presidenta de priorizar otros temas.

“El diálogo y la solución pacífica de controversias es la piedra basal de la política exterior de la Argentina democrática”

Mauricio Macri (2016, 2018 y 2019)

Macri mantuvo el reclamo, pero lo acompañó de un acercamiento con el Reino Unido.

“El diálogo y la solución pacífica de controversias es la piedra basal de la política exterior de la Argentina democrática”, dijo en 2016.

En 2018 defendió una “nueva fase” en la relación con Londres, basada en la construcción de confianza mutua.

En 2019 mostró los resultados de ese vínculo: la identificación de soldados argentinos sepultados en el cementerio de Darwin y una nueva conexión aérea semanal con las islas.

“No existe ninguna razón [...] para que no se retome ya mismo el diálogo bilateral por la Cuestión Malvinas”ESTEBAN COLLAZO

Alberto Fernández (2020, 2021, 2022 y 2023)

Fernández habló cuatro veces. Las dos primeras fueron por video, en plena pandemia.

Sus discursos repitieron una misma fórmula: la reafirmación de los “legítimos e imprescriptibles” derechos argentinos y la denuncia de una ocupación ilegal de casi dos siglos.

“No existe ninguna razón, salvo la intención del Reino Unido de mantener la manifiesta ilegítima situación colonial, para que no se retome ya mismo el diálogo bilateral por la Cuestión Malvinas”, afirmó en 2021.

También cuestionó la explotación unilateral de recursos naturales en la zona y la presencia militar británica en el Atlántico Sur.

Javier Milei (2024, 2025 y 2026)

En su debut, en 2024, Milei no formuló un reclamo formal de soberanía. Usó Malvinas como ejemplo de las fallas de la ONU:

“Tampoco la Organización ha cumplido satisfactoriamente su misión de defender la soberanía territorial de sus integrantes, como sabemos los argentinos de primera mano en la relación con las Islas Malvinas.”

En 2025 recuperó el reclamo explícito. Señaló que, a 80 años de la creación de la ONU, situaciones coloniales como la de las islas siguen sin resolverse, e invitó al Reino Unido a reanudar las negociaciones según la resolución 2065.

En 2026 convirtió a Malvinas en el eje de su discurso. “Malvinas es para nosotros una causa nacional”, repitió dos veces.

Acusó a la ONU de mirar para otro lado y denunció el avance del proyecto petrolero Sea Lion, con licencias británicas que la Argentina rechaza por ilegales.

Enumeró las respuestas de su gobierno, entre ellas sanciones a las empresas involucradas y una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional enviada al Congreso.

“Durante demasiado tiempo, los gobiernos argentinos optaron por una defensa discursiva. Nosotros elegimos una defensa pacífica, práctica y efectiva”, afirmó.