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“Basta de relato. Vas a escuchar muchas mentiras del Gobierno sobre cómo están las cosas. Yo te voy a decir la verdad. Las empresas están quebrando. Las familias no pueden pagar las deudas”.
Con esa frase, que podría ser de cualquier opositor en la Argentina, comienza un largo spot que hace un par de semanas lanzaba Flávio Bolsonaro, el candidato a la presidencia de Brasil que sorprendió al quedar al frente de la primera vuelta este domingo rumbo al balotaje que disputará con Luiz Inacio “Lula” Da Silva el 25 de octubre. Su portal en YouTube, llamado “TV Celular Bolsonaro”, se transformó en un amplificador de críticas a la situación económica que atraviesa el país.
Más allá de lo parecido que suena el comentario respecto de lo que se achaca en Argentina en materia de problemas financieros de las empresas y las familias, la economía brasileña llegó al momento de la votación con algunos rasgos muy similares a lo que está atravesando esta etapa de la administración Milei en la Argentina. Al menos, eso se desprende de lo que publicó el propio Banco Central de Brasil en su Informe de Política Monetaria difundido el pasado 24 de septiembre.

Menor ritmo de crecimiento
El texto, firmado por el vicegobernador Paulo Pichetti, describe una economía que está desacelerando su crecimiento del 2 al 1,8% para este año, concentrado en algunos sectores ligados a las materias primas mientras el consumo doméstico se retrae. Dice que espera “una composición del PBI menos favorable para el segundo trimestre de 2026”, con “sorpresas positivas concentradas en agricultura y minería”, al tiempo que señala “menor dinamismo del esperado en los componentes más cíclicos y en el consumo de los hogares”.
En detalle, la entidad que preside Gabriel Galípolo apunta que “el consumo de los hogares disminuyó en el segundo trimestre de 2026 debido a la desaceleración de las medidas que habían incrementado el ingreso disponible”.
Morosidad récord
Otro dato que se asemeja a los debates que hay en la Argentina aparece destacado con fuerza por el Banco Central del país vecino. La economía de Brasil llegó a las elecciones de este domingo con niveles nunca vistos de irregularidad en el crédito, especialmente en el caso de las familias.
El Banco Central de Brasil espera una composición del PBI menos favorable para el segundo trimestre de 2026, con sorpresas positivas concentradas en agricultura y minería
Según el reporte de la autoridad monetaria brasileña, “la morosidad crediticia en el sistema financiero continuó aumentando y alcanzó un nuevo máximo histórico” en el segundo trimestre del año. En especial, señala que fue “impulsada principalmente por los retrasos en el segmento de los hogares”. Y agrega: “Los elevados niveles de endeudamiento y los costos del crédito siguen presionando la ratio de servicio de la deuda de los hogares”.
Poco empleo formal
El panorama se completa con un mercado laboral que, si bien tiene la tasa de desempleo en “un mínimo histórico”, en los últimos meses vio desacelerarse la creación de empleo formal, aunque sigue creciendo por encima de la población que entra en edad de trabajar. También siguió creciendo la inversión en el segundo trimestre de 2026, “aunque a un ritmo más lento que en el primero”, detalló el BCB.
Todo este escenario coincide además con el impacto del shock internacional de precios asociado al conflicto en Medio Oriente, advierte el reporte. El salto en las materias primas, en especial el del petróleo, tendrá “efectos directos de primera ronda”, con un “impacto concentrado” en el precio del combustible para el consumidor.
Pero también habla de un “impacto indirecto” a través del traslado a los costos, como en las cadenas de suministro del diésel y los plásticos. “A pesar de la reversión parcial de algunos precios, persisten los riesgos de traslado inflacionario a corto plazo”, destaca el BCB.
De todas maneras, la inflación, por ahora, sigue bajo los parámetros pronosticados por el gobierno, en parte por la política monetaria restrictiva, objeto de críticas en lo referido a las tasas del interés, sustancialmente positivas en términos reales. Dice la entidad que las expectativas de inflación para 2026 y 2027, recopiladas por la encuesta Focus, “se mantuvieron por encima de la meta de inflación y se sitúan en el 4,9 % y el 4,3 %, respectivamente”, aunque para 2028 la previsión es del 3,2%, en línea “con el escenario de referencia”.
Sueños cumplidos vs. marginados
El contexto de la economía que refleja el informe del BCB como marco para la ventaja de Bolsonaro en la primera vuelta se puede completar con la mirada de la investigadora Rosana Pinheiro-Machado, que en un artículo publicado la semana pasada en Folha do Sao Paulo asegura que en las urnas chocaron este año “el Brasil de quienes tienen sus sueños cumplidos con el de aquellos que se sienten marginados”.
“La ampliación del abanico de aspiraciones de una población es un indicador importante de desarrollo, ya que los sueños se expanden a medida que se amplían los horizontes; sin embargo, esto conlleva grandes riesgos: al generar expectativas, puede alimentar frustraciones y resentimientos”, dice el texto.
Y completa: “Los consumidores y trabajadores más exigentes desean más y buscan respuestas políticas, ya sea para progresar o para evitar perder lo poco que han conseguido. Por lo tanto, si se satisfacen las aspiraciones, las políticas de movilidad social son exitosas; de lo contrario, las consecuencias se manifiestan en forma de radicalización política”.
En las urnas chocaron este año “el Brasil de quienes tienen sus sueños cumplidos con el de aquellos que se sienten marginados”.
El trabajo profundiza el análisis al detenerse en factores que escapan al alcance de una nota pero que ameritan prestarles atención para tratar de entender las razones de un voto. Se pregunta por el rol de las iglesias y su mensaje emancipador, por los nuevos trabajos de plataformas y su mix de autonomía e inseguridad laboral y por el impacto de los mensajes de superación de las redes sociales, de la mano de conspicuos influencers, como posibles disparadores que pueden llevar a valorar distinto la necesidad de un Estado presente versus la reivindicación del esfuerzo individual.

Por Jairo Straccia
Columnista
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