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La economía argentina camina un terreno en el que las percepciones sociales pesan tanto como los indicadores clásicos de actividad. Más allá de las cifras de producción, empleo o inflación, existen mediciones que capturan el estado de ánimo colectivo frente a la marcha de la economía. Estas métricas, que analizan el lenguaje y las preocupaciones expresadas por los ciudadanos, pueden anticipar tensiones antes de que se reflejen con claridad en los guarismos tradicionales del PIB o del consumo.
En un contexto donde la volatilidad persiste y las decisiones de inversión y gasto dependen tanto de las expectativas futuras como de la realidad presente, no es ocioso observar cómo se mueven estos termómetros de percepción. La percepción de riesgo y de incertidumbre suele ampliarse en períodos de cambios estructurales o de ajustes de política, incidiendo en la confianza de los agentes económicos.
En los últimos meses, el clima económico atravesó un recorrido marcado por fuertes vaivenes políticos. Tras la derrota del oficialismo en las elecciones del 7 de septiembre, se encadenaron reveses legislativos y una seguidilla de escándalos de corrupción —como los casos Libra, Andis y Fred Machado— que elevaron la percepción de inestabilidad. Más tarde, el respaldo explícito de Donald Trump y del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, junto con la renovación de swaps y señales de asistencia financiera, contribuyeron a recomponer expectativas.

Ese giro se consolidó con la reversión electoral a favor del Gobierno en las elecciones de medio término, aunque, por su propia naturaleza, los indicadores de sentimiento económico no siempre acompañan de manera lineal la evolución de los datos oficiales de producción o empleo.
Según el más reciente informe mensual del Índice de Incertidumbre Económica UCA, elaborado por el Centro de Analítica Económica y Empresarial de la Universidad Católica Argentina (UCA), el valor de este índice se ubicó por debajo de los 50 puntos en enero de 2026, una marca que contrasta con las recientes mediciones históricamente elevadas registradas durante los últimos años en el país.

El Índice de Incertidumbre Económica registró un valor de 49,8 puntos. El indicador mide cuántas palabras asociadas a la incertidumbre aparecen, en promedio, por cada 10.000 palabras en mensajes vinculados a la economía.
El resultado marca un hito dentro de la serie histórica: fue la primera vez en más de cinco años que el índice perfora el umbral de las 50 menciones, alcanzando su nivel más bajo desde noviembre de 2020. De este modo, el registro de enero consolida la tendencia descendente observada hacia el cierre de 2025 y profundiza el quiebre respecto del pico de septiembre del año pasado, cuando el indicador había trepado a 62 puntos en pleno proceso electoral.
El informe destacó que la baja reforzó la hipótesis de una reducción sostenida de la incertidumbre tras las elecciones. Sin embargo, advierte que, desde una perspectiva de largo plazo, el nivel actual continúa siendo elevado en términos históricos. Si bien romper la barrera de las 50 menciones constituye una señal positiva, el índice permanece por encima de los registros observados en otros períodos de inestabilidad.
A modo de referencia, en 2015 el valor promedio del indicador fue de 37,5 puntos, por lo que el nivel de enero de 2026 resulta aproximadamente 30% superior, aun tratándose de un año que también estuvo atravesado por fuertes desequilibrios macroeconómicos y políticos.
El índice se construye a partir del análisis de comentarios en canales argentinos de la plataforma YouTube. Según el equipo de investigación, análisis previos demostraron que esta metodología brinda información valiosa para anticipar cambios en el clima económico, al captar de manera espontánea las preocupaciones expresadas por los usuarios.
¿Qué pasó en enero?
En enero de 2026, la composición de los temas asociados a la incertidumbre mostró una reconfiguración respecto del pico electoral de noviembre, evidenciando el retorno a un patrón similar al de julio de 2025, dejando atrás algunos de los cambios registrados en noviembre, en pleno contexto electoral. En particular, las discusiones vinculadas a política y trabajo —que habían ganado protagonismo durante la campaña— volvieron a niveles más moderados: 28,2% y 21,4%, respectivamente.”

Si bien las discusiones vinculadas a la política redujeron su peso frente a los máximos alcanzados durante la campaña, continuaron siendo el principal eje de la conversación económica, con algo más del 30% del total de los comentarios.
El tema trabajo, en tanto, recuperó protagonismo respecto de noviembre y se ubicó por encima de los niveles observados a mitad de 2025, concentrando el 21,4% de las menciones.
En paralelo, la temática de inestabilidad económica recuperó protagonismo y explicó alrededor del 24,5% de los mensajes asociados a incertidumbre, impulsada principalmente por menciones vinculadas a la inflación.
Para identificar estos factores, el estudio utiliza grandes modelos de lenguaje que permitieron clasificar los mensajes según sus principales ejes temáticos. En conjunto, los resultados sugirieron una normalización de las discusiones y una vuelta a la estructura de preocupaciones predominante antes del proceso electoral.












