Ley de cannabis

Pablo Fazio: "Debemos crear cadenas de valor; si apostamos a la primarización, vamos a fallar"

Uno de los impulsores del marco normativo para desarrollar el cannabis y el cáñamo industrial pide que la reglamentación acompañe a las pymes y desarrollar alimentos, productos veterinarios y otros usos. Cuál es el potencial de Argentina.

En enero de 2020, Pablo Fazio llevó un documento al ministerio de Desarrollo Productivo con lineamientos para desarrollar las industrias del cannabis para usos medicinales y comerciales y el cáñamo en la Argentina

Dos años y mucho trabajo más tarde, esa esquela se convirtió en ley. Fazio, presidente de la Cámara Argentina del Cannabis (Argencann), celebró la iniciativa que puede generar un negocio de u$s 500 millones y 10.00 empleos y sostuvo que será fundamental que la reglamentacion privilegie a las pequeñas y medianas empresas.

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-¿Cómo evolucionó la industria en estos dos años de trabajo, hasta la sanción de la ley?

-En el marco de la ley 27.350 (de cannabis medicinal), el decreto reglamentario 883 de noviembre de 2020, que derogó el decreto anterior, abrió la posibilidad de empezar a producir, porque la ley es de investigación y también de acceso. Para eso, había que garantizar la producción inicial, para satisfacer la demanda de pacientes. El Ministerio de Salud, que es autoridad de aplicación, autorizó el año pasado 15 proyectos. Algunos de empresas del Estado, como Agrogenética de La Rioja o Misiopharma. Otros, de organizaciones de la sociedad civil. Y otros de algunas pymes, como la nuestra, Pampa Hemp, que lentamente empezamos a poner en marcha algún esquema de producción. Esta ley va a dinamizar mucho más los procesos, claramente es una ley de producción.

Pablo Fazio, presidente de la Cámara Argentina del Cannabis (Argencann).

-¿Qué oportunidades se abren?

-Avanzamos en una agenda de generación de valor en otros usos, además del medicinal, como alimentos, bebidas, productos balanceados o veterinarios, suplementos dietarios y la utilización de la biomasa del cáñamo para diversas aplicaciones, como autopartes, celulosa de papel, fibras plásticas, textiles, etcétera. Se abre un horizonte distinto, pero no será de un día para el otro. Se tiene que crear la agencia (Ariccame, el ente regulador) y reglamentar la ley. Luego, convocar a los interesados para obtener licencias. Aún no sabemos cuáles serán las condiciones.

- La industria del cáñamo viene más rezagada...

-El uso medicinal del cannabis es importante, tiene 4 millones de usuarios. Pero la apuesta productivista es tratar de generar valor en esas cadenas de las que hablé. Eso supone la producción de maquinaria específica para la industria, hay que procesar la materia prima para transformarla en el producto final.

-¿Qué esperan de la reglamentación?

-Argentina tiene que tratar de escapar de la concentración del mercado. Ya que estamos iniciando una industria, tenemos que tratar de que sea diversa y participativa. El espíritu de la ley habla de las pymes, los emprendedores, las cooperativas, las organizaciones de la sociedad civil que vienen trabajando el tema... Nos gustaría que eso se vea plasmado al momento en que se otorguen las licencias. Que sea el tiempo de las pymes y los emprendedores y que no sea el vergel de sociedades del Estado o de tres o cuatro grupos gigantes que acaparen la producción. El 90% de los puestos de trabajo los generan las pymes. Si esto queda en manos de tres o cuatro emprendimientos grandes vinculados al poder político, equivocamos el camino.

-¿Existe ese riesgo?

-No tengo evidencia, pero hay señales. Basta ver quiénes son los que han avanzado en el registro de productos que hoy se comercializan. Hay que evitar que esto se generalice. En lo que es cannabis medicinal, el uso terapéutico viene a desplazar a otros productos, a otros fármacos. No creo que ninguna empresa farmacéutica tenga ganas de perder share.

-¿Qué tan alcanzable es ese potencial negocio exportador de u$s 500 millones y 10.000 empleos del que habla el Gobierno?

-Depende de armar un plan estratégico que contemple a la demanda agregada. De eso depende que sean sostenibles los emprendimientos que se pongan en marcha. Y que rápidamente se habilite un mercado interno de flor seca, para que un pequeño productor le pueda vender su producción a otra empresa que se ocupe del procesamiento. Que todos los usos sean habilitados, que avancemos en una agenda de incorporar cannabis a alimentos, bebidas, suplementos dietarios y demás. Eso supone la creación de cadenas de valor, la incorporación de jugadores del mundo de alimentos y la veterinaria al mercado de cannabis. Hay que poner el foco ahí. Si apostamos a la primarización, a producir flor para venderla al mundo, vamos a fallar. El mercado del cannabis sigue siendo chico y muy regulado.

-¿Qué competidores hay en esa carrera?

-Muchos. África avanza en la producción. Congo, Lesotho, son países con vínculos con Europa y mejores condiciones productivas que las nuestras. Colombia nos lleva muchísimos años de ventaja. Uruguay, con sus dificultades, ha avanzado. No estamos solos. Por eso, Argentina tiene que avanzar con inteligencia y audacia. Nuestra ventaja competitiva es que tenemos recursos humanos y técnicos para poner en valor las cadenas productivas. Tiene que haber fomento. No dudo de que el ministro de Desarrollo Productivo va a generar los instrumentos porque es una apuesta personal, se puso a la cabeza del tema. 

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