Elecciones 2023

La maniobra político-judicial que podría abrir una mega causa por asociación ilícita: "Están todos..."

El escándalo de un puntero del PJ que fue encontrado extrayendo dinero de cuentas que no le pertenecían no sólo parece sacudir al oficialismo bonaerense: la maniobra 'histórica' descubierta a un mes de las elecciones.

La "casta" jugó una a pleno con la duplicidad político-judicial. Un empleado del Congreso bonaerense fue encontrado in fraganti retirando dinero de casi medio centenar de tarjetas que no le pertenecían, pero la Cámara de Apelaciones dijo que nada de lo que se vio y estaba hasta ayer probado sirve para la causa que se había iniciado porque no se siguieron las formalidades de la ley.

"Mirá que en lo del tema de las tarjetas de débito de la Cámara no están metidos solo los peronistas... Están todos los demás bloques. Fijate que nadie habla, todos hacen como que no saben ni dan ninguna pista de qué está pasando", confió un viejo pero reconocido funcionario de carrera de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, que está envuelta en un escandaloso episodio de defraudación y estafa que podría terminar en una mega causa de asociación ilícita entre personal de carrera y de la conducción del cuerpo.

Para poner en autos de la particular expresión de la fuente que habló con El Cronista hay que contextualizar qué pasó. Hace quince días, un empleado de mantenimiento de la Cámara de Diputados bonaerense, que conduce Federico Otermín, mano derecha de Martín Insaurralde y candidato oficialista a la intendencia del partido de Lomas de Zamora, fue encontrado extrayendo dinero con 48 tarjetas de débito que no le pertenecían.

Según la causa, los plásticos que tenía en ese momento en su poder, y otros tantos que tenía en su domicilio allanado, respondían a prestanombres que nunca tuvieron en su poder las tarjetas y a quienes les daban, en el mejor de los casos, un pequeño monto, la obra social y el aporte jubilatorio monotributista.

La sospecha de la Fiscalía es que la mayor parte de los $ 580.000 pesos de cada contrato quedaban en manos de Julio Rigau -el empleado al que sorprendieron con las tarjetas y que éste, a su vez, se lo dejaba a quienes lo habían nombrado para repartir entre legisladores oficialistas-. Pero, por el silencio reinante, empieza a caber la pregunta de si eran solo ellos.

Cada uno de los más de 10 espacios de legislatura de PBA tendrían el mismo método de recaudación clandestina.

Justo al cierre de esta nota, liberaron a Rigau, apodado "Chocolate", luego de que sus abogados presentaran un habeas corpus.

El escándalo se duplica. Primero, por el presunto delito. Segundo, por la decisión de la Justicia de considerar que todo lo previo carece de validez legal: este increíble caso de chapucería delincuencial quedó sin ninguna condena y toda la causa volvió a foja 0 luego de que la Cámara de Apelaciones que le otorgó la libertad a "Chocolate" dispusiera, además, desestimar todo lo actuado porque consideró que fue mal detenido y estuvo mal realizado el proceso de instrucción.

Esta decisión alivió, pero no alejó del ojo de la tormenta, a la totalidad de la Legislatura bonaerense. Cada uno de los más de diez espacios en los que se divide la legislatura provincial, entre los que se encuentran diferentes ramas del peronismo, kirchnerismo, PRO, radicalismo, libertarios y representantes de izquierda, tendrían, según el histórico funcionario antes mencionado, el mismo método de recaudación clandestina, pero a través de otros personeros.

"La Casa es una campana de madera, la tocás y la tocás pero nunca suena", decía siempre Horacio González, el viejo dirigente de Ituzaingó al que la fuente le atribuye haber implementado el sistema de recaudación hace casi 20 años, en reemplazo de un esquema preexistente por el cual el dinero fresco se canalizaba a través de ONG's especialmente diseñadas para la ocasión. Hace más de veinte años ingresó como segundo en el área de Personal de la Cámara Claudio Albini, el padre de Facundo, con quien trabajaba "Chocolate" en política.

La investigación está a cargo de la fiscal Betina Lacki, la misma que encarceló al exjuez Cesar Melazo en una causa que investigaba otra recaudación clandestina por cerca de u$s 6 millones. Ella y su superior, el procurador general Julio Conte Grand, guardan total hermetismo. Demasiado, cuando todas las sospechas involucran no solamente a un bloque o autoridad de la Cámara, sino a la totalidad.

Mientras sigue la etapa de instrucción, el experimentado juez Guillermo Atencio espera novedades. Mucho no puede hacer. En el sistema judicial bonaerense, la acusación recae, al igual que la investigación, en la Fiscalía. "La gente puede querer comer una pizza, pero si solo traen el molde, pero falta el tomate y el queso, sólo podemos darle la masa cocida", grafican quienes quedaron con gusto amargo luego de la reforma judicial de fines de los '90.

Quien parece disfrutar todo este episodio es Axel Kicillof. Todos sus enemigos, o quienes suelen condicionarlo, según sus creencias, están de ese lado, justo en el Palacio legislativo que está en frente de la Casa de Gobierno y su residencia personal.

Quien parece disfrutar todo este episodio es Axel Kicillof. 

Se achican los objetivos

Antes de las PASO, Juntos por el Cambio quería ganar, por lo menos, una docena de municipios que estaban en manos del peronismo kirchnerista. Tras las elecciones, ese número bajó abruptamente y ahora son contados con los dedos de una mano los que tienen alguna chance de cambiar de color político.

Para peor, en el Conurbano radica la única fortaleza de Unión por la Patria y, a pesar de que Sergio Massa no repunte como quieren sus principales operadores, hoy en algunos municipios está muy arriba de Patricia Bullrich y Javier Milei. Con eso les bastará a los intendentes oficialistas con ganar en sus distritos.

Por eso Bullrich estuvo esta semana en los dos municipios en los que la sumatoria de Juntos por el Cambio fue superior a la de los jefes comunales locales, Morón e Ituzaingó. En el primero, Landro Ugartemendía está peleando con una diferencia en su favor contra Lucas Ghi, quien debe soportar, como nunca antes, de un increíble fuego amigo de sus históricos aliados.

La relación entre Martín Sabbatella y Ghi no está atravesando por el mejor momento. Todos lo saben y hasta lo reconocen. No son cuestiones personales, sino políticas, pero con el correr del tiempo deterioró ostensiblemente lo primero.

En el vecino distrito de Ituzaingó, tras el recuento de votos, la diferencia casi desapareció. Solo un poco más de cien votos hubo en favor de la oposición, cuya PASO quedó en manos de Di Castelnuovo. Ahí hubo un primer "milagro". Todos los que perdieron se sumaron a su campaña, algo atípico en otros lugares.

Para el concejal y candidato de Juntos por el Cambio es imprescindible que lo reconozcan como lo nuevo contra lo preestablecido y hacen campaña conque la familia que conduce Alberto Descalzo es la única que quedó en competencia luego de casi tres décadas en el poder. La otra, Posse, perdió con Ramón Lanús en San Isidro y, al contrario de lo que se suponía, ahí también el intendente bajó línea a los propios para que ayuden al que podría sucederlo en todo lo que sea necesario.

Descalzo ahora dejó que su hijo, Pablo, sea el candidato, algo que algunos preveían que podía pasar en algún lapso en el que el experimentado intendente, el único que conoció Ituzaingó desde su creación, en 1995, tomaba licencias más extensas. Inclusive estuvo muy cerca de haber sido diputado nacional hace dos años, cargo por el cual fue privado por La Cámpora, que puso en su lugar a Daniel Arroyo para "pagarle a Alberto Fernández".

Ahora también el intendente se vio frustrado de tener un retiro acorde a su aquilatada militancia. De ahí la explosión que hubo en el entramado de los intendentes de la Primera y Tercera Sección electoral y la bronca contra Máximo Kirchner, que también fue expresada por Jorge Ferraresi y Fernando Espinoza

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