Desde Córdoba, Marcelo Uribarren, vicepresidente de la Unión Industrial de Córdoba (UIC) y representante de la Asociación de Empresarios de la Región Centro Argentino (Aerca) indicó que las empresas buscan mejorar su productividad para exportar pero marcó los problemas de competitividad atados al costo argentino, el nivel de tipo de cambio y el alto costo del financiamiento.
—Hoy la industria de Córdoba es muy heterogénea. ¿Cómo está en este momento?
—Es bien heterogénea. Está atravesada por tres sectores: automotriz, máquinas agrícolas y alimentación. Y los tres están atravesando desafíos muy grandes. La industria china ha puesto en tensión a todas las organizaciones productivas porque sus costos prácticamente inalcanzables hacen que el desafío sea muy grande.
Por otro lado, venimos de una economía cerrada que tenía como contrapartida altísimos impuestos. Competir en estas condiciones hace que cada industria se tenga que replantear si hizo los deberes en transformación tecnológica, si tiene los recursos humanos adecuados y si el producto es sustentable. Si un producto es internacionalizable, ponemos toda la energía y el dinero de la empresa en eso, porque la eficiencia tiene que ser máxima. Eso no significa que el desafío no tenga riesgos. Esa incertidumbre es la que hoy nos atraviesa a todos.
—¿Las empresas son eficientes en producción?
—La mayoría ha hecho el diagnóstico. Hay algunas más atrasadas que otras y otras que han hecho los deberes, pero fabrican productos de bajo costo y volumen. Hoy fabricar un producto de esas características y competir contra China es prácticamente una utopía.

Pero todos nos lo estamos planteando. El industrial cordobés es proactivo, innovador. Uno empieza a ver empresas que hacen productos de nicho de alto valor. Este proceso se mira de manera propositiva, con el entusiasmo de decir: «Che, ¿y si cruzamos el río y Argentina empieza a aprovechar las oportunidades que realmente tendría si lo cruzamos?». Estamos en ese desafío y convencidos de que valdrá la pena.
—¿Se está pensando en exportar o se apuesta a que haya una recuperación interna?
—La palabra «internacionalizar» es la que mueve todo. Le permite a la empresa salir a buscar mercados nuevos o competir contra las empresas extranjeras que vienen. Internacionalizar es tener una visión global del mundo y del producto, y a partir de ahí se desarrolla el plan de negocios, las exigencias sobre el producto, los mandos medios y la tecnología.
Las empresas están cambiando tareas de oficio hacia la robótica, los controles numéricos y la inteligencia artificial. Eso implica una transformación fuerte de los recursos humanos: chicos jóvenes con una visión sobre el mundo digital frente a personas que quizás están quedando fuera de tiempo porque no tienen la formación para absorber los cambios. A las empresas les pasa lo mismo: tienen que cambiar porque tienen que competir y porque se tienen que internacionalizar.
—¿Cómo ve la discusión sobre el momento actual de la Argentina, las negociaciones con el Gobierno y con el Gobierno provincial previo a un año de elecciones?
—Hay costos internos, que tienen que ver con la ineficiencia, la falta de tecnología y problemas en la operación; pero también costos externos, vinculados con la falta de infraestructura, la falta de educación de nuestros empleados y los impuestos altos.
Hay una apuesta del Gobierno a la energía y a la minería que creemos que es absolutamente válida, pero el derrame a los sectores más grandes no va a ocurrir; eso hoy no supera el 20% del producto bruto.
Si esa apuesta termina dándole fondos al Gobierno para que de acá a tres o cuatro años se saquen las retenciones y el campo explote —porque el campo está a un 20% de lo que podría ser, basta ver cómo rinde el campo en Brasil—, ese nuevo campo va a derramar en el resto de la sociedad y la economía. Argentina puede tener en un futuro cercano condiciones económicas que hasta hace un tiempo eran impensadas.
Mientras tanto se pueden hacer cosas. La UIA está hablando con el Gobierno para generar acciones de costo fiscal prácticamente mínimo que nos permitan competir contra nuestro principal socio, Brasil, adonde van la mayoría de nuestras exportaciones industriales.
—También se plantea que las empresas argentinas puedan ser proveedoras del RIGI, ¿está previsto hacer en Córdoba algo como la ronda de Rosario?
—Lo que se hace en Rosario el año que viene se va a hacer en Córdoba. La minería todavía la vemos como inversiones que se están enterrando; creemos que esto no va a ser inmediato. Petróleo y gas ya está consolidado, pero en minería todavía falta un proceso. La industria está en la Región Centro, que se está preparando para poder abastecer.
“Los compre locales, que son prácticamente una máquina de impedir. Pero a medida que las mineras empiecen a solicitar más productos, esos compre locales se van a flexibilizar”
Hay condiciones como los compre locales, que son prácticamente una máquina de impedir. Pero a medida que las mineras empiecen a solicitar más productos, esos compre locales se van a flexibilizar. Las provincias van a tener que trabajar con la Región Centro, donde está la potencia industrial, para abastecer por lo menos ese 20% al que las mineras están obligadas a comprar localmente.
—Dentro de las tres grandes ramas que mencionó, ¿hay alguna que esté hoy más complicada por las importaciones?
—En máquinas agrícolas, toda la parte de tractores y cosechadoras que vienen de Brasil y tractores que vienen de China está muy complicada. Brasil hace 20 años no tenía buenas máquinas, pero hoy es una potencia. En la industria automotriz está pasando por una crisis global muy grave.

Fuente: Freepik
Y hay un problema de corto plazo: la falta de financiamiento. Cuando uno seca la plaza de pesos para bajar la inflación no hay plata en la calle, pero tampoco hay financiamiento para comprar. Las industrias se ven afectadas no solo para hacer inversiones, sino también para hacer sus ventas. La industria automotriz y la de máquinas agrícolas lo sufren. El financiamiento es muy caro y la tasa muy alta.
—¿Cómo evalúa el nivel de tipo de cambio?
—El tipo de cambio, si uno analiza que hace un año y medio está igual, quiere decir que podemos pensar que tenemos una inflación en dólares de más de un 30%, porque en valores relativos pasa eso. Nosotros exportamos en dólares y, al no actualizarse el dólar, hay un aumento en dólares de nuestros productos.
“El tipo de cambio, si uno analiza que hace un año y medio está igual, quiere decir que podemos pensar que tenemos una inflación en dólares de más de un 30%, porque en valores relativos pasa eso”
Cuando uno habla de competitividad, no hablamos nunca de dólares: hablamos de qué pasa con nuestra economía para resolver los problemas de competitividad. No quiero minimizar el valor que tiene bajar la inflación. Si llegamos a una economía donde la inflación sea baja, no nos preocuparía tanto la actualización del tipo de cambio. Si resolviéramos los problemas de competitividad, quizás podríamos lograr un proceso de más largo plazo que aumentar el dólar como solución.
—¿Y en ventas internas cómo está el mercado?
—En todos los sectores han bajado mucho las ventas, salvo los que tienen que ver con la cordillera. Insisto con que no hay dinero en la calle: si hubiese un crédito que fomente el consumo, sería un paliativo importante.
En la industria, los créditos a tasas exorbitantes son inviables. Hoy una tasa del 25% o 30% la industria no la va a tomar porque, si la inflación va bajando, a largo plazo el peso de esa deuda es muy grande. Por eso creemos que el reclamo es financiamiento productivo.
—¿Qué tasa sería viable?
—En las expos, en AgroActiva, por ejemplo, se están dando créditos al 16% o 17%, a pesar de que el productor se hace cargo de un 10% del total del crédito para que el banco ponga el 26% menos el 10%, pero que el cliente termine comprando al 16%.
—¿Cuál el estado de la infraestructura y las rutas y la apuesta por las concesiones privadas?
—Hay que ver cómo resuelve el Gobierno la idea de que con inversión privada esto se pueda solucionar. Si la inversión necesaria para transformar una ruta se traslada al valor del peaje, hay que ver si la sociedad puede pagarlo. Hay un límite que la sociedad puede pagar.
Yo veo que debería haber un aporte mixto: el Estado debería poner una parte y las empresas privadas otra, con un peaje acorde.
Uno ve el estado de las rutas más importantes y todas tienen problemas. La ruta de Córdoba a Buenos Aires tiene serios problemas a pesar de ser la más importante de Argentina. La 158, que une Santa Fe con San Luis y por donde pasa el comercio internacional entre Brasil, Argentina y Chile, también está en un estado calamitoso.
Hace falta inversión en rutas rápidamente para empezar a mejorar la competitividad. Las inversiones privadas van a buscar rentabilidad, entonces hay que generar un mix que haga que realmente las rutas se transformen.

Por Patricia Valli
Editora Jefe de Economía
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