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Aunque las elecciones de este domingo en Brasil no necesariamente arrojen un resultado definitivo, los porcentajes que obtengan Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro marcarán el pulso de una disputa profundamente polarizada de cara a un eventual balotaje. Lo llamativo es que también se leerán en la Argentina como un anticipo del duelo político entre dos modelos que tendrá su correlato local en 2027, aunque tanto Javier Milei como Axel Kicillof evitaron involucrarse en la recta final de esta primera vuelta.

El espejo argentino del duelo brasileño resulta evidente, particularmente por el estado de una relación bilateral que todavía se sostiene sobre su inercia económica pese al deterioro del vínculo político. Con los embajadores fuera de sus representaciones, ambos países atraviesan una etapa de diplomacia de baja intensidad: las actividades de promoción comercial continúan, pero los contactos de mayor jerarquía permanecen prácticamente paralizados.

La campaña brasileña llega a las urnas con una fuerte concentración de las preferencias en Lula y el senador Bolsonaro. Los sondeos de las últimas semanas muestran una competencia polarizada, mientras los votos que reciban las terceras opciones y el comportamiento del electorado serán algunos de los datos a observar después del escrutinio. En 2022, la diferencia entre Lula y Jair Bolsonaro en la segunda vuelta no alcanzó los dos puntos porcentuales.

Milei jugó fuerte en los meses previos a favor del hijo de su aliado político cuando viajó a San Pablo para acompañar el lanzamiento de su candidatura. Lo hizo a su estilo, calificando a Lula de “ladrón”, “corrupto” y “expresidiario” en sucesivas oportunidades, lo que motivó que el Palacio del Planalto convocara a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, en agosto pasado.

El deterioro diplomático resultó particularmente significativo para dos países que mantuvieron canales de cooperación incluso durante otras crisis regionales: Brasil llegó a custodiar los intereses argentinos cuando se interrumpieron las relaciones con Londres, entre 1982 y 1989, y también cuando cesó la presencia diplomática argentina en Caracas, en agosto de 2024, pese a las diferencias con Milei.

El embajador argentino Daniel Raimondi también regresó a Buenos Aires. Fuentes del Gobierno aseguran que la representación en Brasilia quedó funcionando prácticamente en piloto automático, a cargo de una encargada de negocios interina, sin nuevas instrucciones políticas y concentrada en la promoción comercial y la captación de inversiones bajo el RIGI.

La posibilidad de que Brasil acceda al gas de Vaca Muerta a partir de 2027 sigue despertando interés de ambos lados de la frontera, aunque la ausencia de funcionarios de mayor jerarquía limita inevitablemente la agenda bilateral. De hecho, Pre-sal Petróleo (PPSA) estudia abrir subastas de suministro de largo plazo para las industrias importando desde el yacimiento neuquino o vía GNL.

Fuente: EFEIsaac Fontana

En una parte del Gobierno consideran que un eventual cambio de orientación política en Brasil podría ampliar el espacio regional de Milei y darle más volumen a su interlocución con la Casa Blanca. Esa lectura se vincula con la intención de sectores libertarios de consolidar una red de gobiernos y dirigentes conservadores alineados con Donald Trump, en un escenario atravesado también por la competencia de Estados Unidos con China.

Pero el peso continental de Brasil también le daría a Bolsonaro una plataforma propia para desarrollar su propia relación con Washington, sin necesidad de intermediarios. En la historia, la Casa Blanca siempre ha preferido pivotear entre actores regionales en vez de empoderar a un solo actor. Y a esta altura tampoco está claro hasta qué punto existe una voluntad de articulación azul con una estructura comparable a la que tuvieron, en otros momentos, la Celac -a nivel estatal- o el Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla, a nivel de dirigentes progresistas.

Otro dato no menor es si Bolsonaro hijo estaría dispuesto a confrontar con China por la Casa Blanca, hoy el principal socio comercial de su país. Su padre no lo hizo pese a todo lo que había criticado a Beijing en campaña. En rigor, tampoco Milei, si bien limitó con decretos y resoluciones su acceso a cierta infraestructura en Argentina, a tono con los pedidos de Washington.

La relación de Milei con la familia Bolsonaro comenzó a exhibirse públicamente antes de su llegada a la Presidencia. Jair Bolsonaro participó como invitado destacado en su asunción, en diciembre de 2023, mientras Lula optó por no asistir y envió en su representación al canciller Mauro Vieira. La distancia se profundizó en julio de 2024, cuando el libertario prefirió participar de una conferencia conservadora en Camboriú, junto al expresidente brasileño, antes que asistir a una cumbre del Mercosur.

Desde entonces, los contactos institucionales entre Milei y Lula quedaron limitados principalmente a saludos protocolares y actividades multilaterales. El contraste entre esas dificultades políticas y la magnitud de la relación comercial recuerda, aunque con protagonistas invertidos, lo que ya había sucedido durante las presidencias de Jair Bolsonaro y Alberto Fernández.

El triunfo de Lula fue un alivio para un Fernández de pésima relación con Bolsonaro

Elecciones en Brasil: la jugada de Kicillof y la apuesta a un vínculo propio con Lula

En ese escenario, Axel Kicillof desarrolló una relación política e institucional con Lula que se remonta a agosto de 2024, cuando fue recibido durante aproximadamente dos horas en el Palacio del Planalto. La audiencia se produjo en medio de las tensiones entre Buenos Aires y Brasilia y estuvo dedicada a la cooperación económica y productiva entre Brasil y la provincia de Buenos Aires como alternartiva.

La relación de Lula con la Argentina pasó de la desconfianza inicial a una estrecha vinculación política durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, aunque no estuvo exenta de cortocircuitos. Cuando era candidato Alberto Fernández lo visitó en su prisión de Curitiba y volvió a reunirse con él después de su victoria electoral de 2022 en un viaje exprés a San Pablo.

Sin embargo, los vasos comunicantes más sólidos siempre estuvieron vinculados con el kirchnerismo más duro: no es casual que el senador Eduardo “Wado” de Pedro haya viajado nuevamente este fin de semana a San Pablo, como hizo cuatro años atrás.

En el entorno de Kicillof describen una buena sintonía política, reforzada por el peso institucional que representa gobernar la provincia más grande de la Argentina. Aseguran que las disputas internas del peronismo no afectan el nexo entre ambos dirigentes, que se tradujo en proyectos de cooperación e incluso en conversaciones sobre financiamiento, dentro de los límites que imponen las competencias jurisdiccionales.

A aquella primera reunión, el gobernador viajó acompañado por el ministro de Economía bonaerense, Pablo López, y el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, su mano derecha. También participaron el ministro de Hacienda brasileño, Fernando Haddad, y el asesor presidencial Celso Amorim, mientras que Kicillof mantuvo otro encuentro con el vicepresidente y ministro de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, Geraldo Alckmin.

Desde entonces, los equipos de ambos gobiernos avanzaron sobre tres ejes de cooperación, aunque con distintos niveles de desarrollo: alimentos, salud pública y logística portuaria. Hace tres semanas, una delegación de la Compañía Nacional de Abastecimiento de Brasil visitó Buenos Aires para conocer experiencias provinciales, entre ellas el programa Mercados Bonaerenses.

Fuente: Prensa PBA
Fuente: Prensa PBA

El intercambio también se desarrolla en materia sanitaria y se esperan novedades sobre los proyectos portuarios, aunque esas conversaciones quedaron en suspenso a la espera de que se despeje el escenario electoral brasileño.

Como sucede con Bolsonaro en el campo conservador, Lula constituye una referencia política para buena parte del progresismo latinoamericano, tanto por su trayectoria como por el peso del país que gobierna.

En ese escenario también se discuten modelos de Estado y la construcción de nuevos liderazgos, particularmente ante las dificultades para encontrar figuras generacionales capaces de garantizar una continuidad política. Para Kicillof, esa relación representa además un respaldo internacional en momentos en que todavía enfrenta resistencias dentro del propio peronismo argentino para heredar el bastón.

En abril de este año, el gobernador y Lula volvieron a reunirse en Barcelona, durante la Movilización Global Progresista, que convocó a distintos representantes de la centroizquierda internacional. En ese ámbito, como hizo hace poco más de una semana en Nueva York, Kicillof cuestionó las políticas económicas de Milei y defendió la necesidad de fortalecer la cooperación regional. No hubo foto ni reunión en el último paso de ambos por EE.UU: en La Plata lo atribuyen a las agendas cruzadas.

Más allá de la afinidad política, la relación que el gobernador buscó construir con Brasil también tiene un fundamento económico concreto. Buenos Aires concentra buena parte de la actividad manufacturera argentina y su entramado productivo mantiene una estrecha vinculación con el mercado brasileño.

Prensa PBA

El peso de Brasil en la economía argentina

La magnitud del intercambio comercial explica por qué las diferencias políticas entre los gobiernos nacionales conviven con la necesidad de mantener abiertos los canales técnicos y económicos. Según los últimos datos difundidos por Cancillería, Brasil fue el principal destino de las exportaciones argentinas entre enero y agosto de 2026, con una participación del 12,8%, mientras que representó el 21,7% de las importaciones. En ese período, la balanza comercial bilateral acumuló un déficit de u$s 1.749 millones para la Argentina.

El vínculo resulta especialmente importante para la industria automotriz, cuya producción está integrada a través de plantas y proveedores que operan en ambos países. Los vehículos y las autopartes constituyen una parte significativa del intercambio y dependen tanto del funcionamiento de las cadenas productivas regionales como de la evolución de sus respectivos mercados internos.

Para Buenos Aires, la importancia es todavía mayor. Según la Dirección Provincial de Estadística, entre enero y noviembre de 2025 las exportaciones bonaerenses a Brasil alcanzaron los u$s 7.090 millones, lo que convirtió al país vecino en el principal destino de los productos de la provincia.

La industria tiene una participación fundamental en esa relación, aunque los informes provinciales muestran cambios en la composición de las exportaciones. El peso de las manufacturas industriales sobre las ventas externas bonaerenses cayó del 42% en 2023 al 36,8% en 2025, una evolución que el gobierno de Kicillof vincula con las dificultades que atraviesa el sector manufacturero.

Cancillería

La relación comercial tampoco estuvo exenta de desequilibrios. Durante 2025, la Argentina registró un déficit bilateral significativo, mientras que en los primeros ocho meses de este año esa diferencia se redujo, una evolución que responde a factores comerciales y productivos que no pueden atribuirse exclusivamente a las tensiones diplomáticas.

En ese contexto, los vínculos políticos con Brasil muestran dos dimensiones contrapuestas que conviven con una misma necesidad económica. Milei mantiene su alineamiento con los Bolsonaro y sus diferencias con Lula, mientras que Kicillof sostiene una relación directa con el mandatario brasileño, acompañada de una agenda de cooperación para Buenos Aires. La degradación de las relaciones diplomáticas constituye la expresión institucional más concreta de esa crisis entre los gobiernos nacionales.

Aun así, los canales comerciales continúan funcionando por la importancia que el intercambio tiene para las cadenas productivas de ambos países. Como sucedió en el pasado, la confrontación política y la integración económica vuelven a convivir en una relación que explica por qué el resultado de este domingo tendrá una lectura que trascenderá las fronteras brasileñas y también ocupará un lugar en la discusión política argentina de cara a 2027.