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Mientras Vaca Muerta, la minería y el agro siguen atrayendo inversiones millonarias, buena parte del resto de la economía continúa sin reaccionar. Para LCG, esa convivencia entre sectores que despegan y otros que siguen estancados configura un panorama dual que explica por qué la recuperación no termina de consolidarse.

En ese contexto, la consultora sostiene que la economía atraviesa un crecimiento “en serrucho”: alterna meses de mejora con retrocesos que impiden romper un estancamiento que ya lleva más de una década y media. Frente a ese escenario, identifica los factores que explican esa dinámica y anticipa por qué podría extenderse hacia 2027.

El rebote no alcanza para evitar otra caída

De acuerdo con los datos, en agosto la industria creció 1,9% mensual desestacionalizado y la construcción apenas 0,4%, muy lejos de compensar las caídas de julio (-5,1% y -4,4%, respectivamente). Los modelos de la consultora anticipan una mejora del EMAE para agosto, pero no llegaría a ser suficiente para evitar una recesión técnica, dado que el tercer trimestre cerraría con un PBI a la baja, igual que el segundo.

Para LCG, un crecimiento de 1,5% este año representa un techo y no un piso. En paralelo, recuerda que el último REM ya redujo su proyección a una expansión anual de 1,4%.

Los sectores que crecen, encabezados por minería.

Por qué la economía no termina de despegar

El informe agrupa los puntos que pueden explicar el estancamiento:

Problemas estructurales: reglas “cambiantes” y desconfianza. Según el estudio, una década y media de estancamiento dejó componentes estructurales que inhiben la inversión: un historial de desequilibrios, dinámicas de gasto insostenibles y cambios frecuentes en las reglas económicas.

A eso se suma el ruido político. LCG describe una contienda electoral entre un oficialismo que no logra construir una épica virtuosa y un probable referente opositor que fue parte del engranaje que originó los desequilibrios. El mercado ya lo refleja: la tasa forward entre el AO27 y el AO28 se ubica en 18%, muy por encima del 12% que promedió hasta julio, lo que indica que los inversores ven como posible una “vuelta al populismo irresponsable”.

Problemas de corto plazo: sin ventas, con costos en alza. La consultora aclara que no todo tiene explicación en las elecciones. Muchas empresas no invierten, no por temor a un giro de política, sino porque no pueden vender, sus costos suben y sus márgenes se achican.

Consumo y crédito, sin “palancas” claras. El consumo privado se ve afectado por la caída del crédito, del empleo y del poder adquisitivo, pero LCG advierte que eso no ofrece una solución simple. El financiamiento en pesos al sector privado cayó 0,6% mensual real en septiembre y las líneas de consumo acumulan trece meses seguidos de baja. Con los actuales niveles de morosidad, “aunque se flexibilicen normas, será difícil que el crédito vuelva a crecer”, plantea la consultora.

Poco margen para el estímulo fiscal. Frente a una economía fría, muchos países recurrirían a un “empujón fiscal”, por ejemplo, con obra pública planificada. Pero la falta de reputación de Argentina limita esa opción. LCG sostiene que el Gobierno intenta gastar más “sin que se note”, pasando partidas “abajo de la línea”, y que la caída de la recaudación de IVA e impuestos internos obliga a reducir el gasto real para sostener el superávit, un factor contractivo adicional.

Qué dice el informe sobre el tipo de cambio. (foto: Freepik).

El problema del tipo de cambio y la “enfermedad holandesa”

Si bien el informe destaca a las inversiones del RIGI como algo “muy positivo” para la economía, hace algunas aclaraciones. “La inversión total está cayendo por cinco trimestres consecutivos, lo que da la pauta de que ese entusiasmo está encapsulado y no derrama al resto de los sectores”, precisa.

Por otra parte, incluye la cuestión de la política cambiaria como un ítem a considerar. Sostiene que debería mirar también los márgenes de los “sectores con potencial exportador”, y no solo el flujo comercial actual, favorecido por el agro, la minería y los hidrocarburos. Con el nivel actual, usado para anclar expectativas de inflación, muchos sectores caen mientras otros avanzan.

Para la consultora, el hecho de que el atraso cambiario no haya surgido por un exceso de consumo no invalida el diagnóstico. Sostiene que los efectos negativos ya se observan sobre el entramado productivo y concluye que se trata de una “enfermedad holandesa lisa y llana”.

Los sectores en auge, según explica, brindan una “cobertura cambiaria que evita los síntomas más visibles de una crisis, pero dejan secuelas más duraderas en el entramado productivo”.

En otras palabras, mientras energía, la minería y el agro siguen impulsando inversiones y exportaciones, el resto de la economía continúa sin encontrar un motor que reactive el consumo, el empleo y la inversión. Para LCG, esa brecha seguirá marcando la dinámica económica durante los próximos meses y podría profundizarse a medida que se acerquen las elecciones de 2027.