Mientras la guerra de araceles entre las potencias impulsó las ventas de poroto argentino a China en 2025, los especialistas advierten que el país está perdiendo la “guerra del valor agregado” frente al avance de Brasil y Estados Unidos.
El complejo sojero argentino, el mayor motor de divisas del país, atraviesa una paradoja sin precedentes.
Por un lado, el cierre del año 2025 dejó un balance positivo en volumen de exportación de materia prima; por el otro, el liderazgo mundial de la Argentina en el mercado de harinas proteicas —su principal activo industrial— enfrenta una amenaza que los especialistas califican de “inminente”.
El “viento de cola”
Durante 2025, Argentina logró capitalizar un escenario global extraordinario. Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario BCR), China importó un récord histórico de 112 millones de toneladas de soja, y ante el recrudecimiento de las tensiones arancelarias con Estados Unidos, volcó sus compras masivamente hacia Sudamérica.

En este contexto, la región abasteció el 83% de la demanda china. Argentina aprovechó esta ventana de oportunidad para embarcar casi 8 millones de toneladas de poroto, su volumen más alto en seis años, rompiendo incluso con la estacionalidad habitual al realizar envíos récord durante el último cuatrimestre del año.
Riesgo en puerta
Este éxito en la exportación de grano sin procesar oculta un retroceso estratégico que la industria del crushing (molienda) viene advirtiendo.
El especialista Javier Preciado Patiño apuntó al efecto nocivo de las retenciones y alertó que, mientras Argentina se mantiene estancada en una exportación de 29 millones de toneladas de harina, sus competidores directos están acelerando a un ritmo alarmante.

La brecha con Brasil se ha reducido a niveles críticos. Para la campaña 2025/26, se proyecta que Brasil exportará 25,5 millones de toneladas de harina, quedando a solo 3,5 millones de alcanzar a la Argentina.
Esta cifra es impactante si se mira la perspectiva histórica: hace una década, Argentina exportaba 31 millones de toneladas, superando por sí sola los 24 millones que sumaban Brasil y Estados Unidos en conjunto.
Hoy, ese bloque competidor ya supera los 42 millones de toneladas, desplazando la relevancia de la industria nacional.
Cambio de estrategia
El retroceso argentino no es casual, sino el resultado de políticas activas en otros países.
En el caso de Estados Unidos, se ha decidido desacelerar su rol como exportador de grano para priorizar la colocación de harina en el Sudeste Asiático. “Esta movida busca blindar a sus productores locales y abastecer su propia industria de biocombustibles”, explicó Preciado Patiño.
Por su parte Brasil, apoyado en una cosecha récord de 178 millones de toneladas, está dejando de ser un simple proveedor de granos para China para convertirse en un procesador masivo, compitiendo directamente en los mismos mercados que tradicionalmente abastecía Argentina, repasó el especialista
Medidas urgentes
Para Preciado Patiño, recuperar la competitividad requiere medidas urgentes. El especialista señala que es fundamental revisar los derechos de exportación para equipararlos, al menos, con los de los cereales (trigo y maíz), eliminando los diferenciales que hoy castigan el procesamiento local. Asimismo, destacó la necesidad de incrementar el uso de aceite de soja en los biocombustibles, siguiendo el modelo exitoso de nuestros competidores.

China y Estados Unidos llegaron a un acuerdo a fines de octubre, donde el país asiático se comprometió a comprar 12 Mt de soja estadounidense hasta finales de febrero.
Finalmente, ese volumen se concretó y ya se comenzó a embarcar la soja para cubrir las necesidades de China de los primeros meses de 2026.
Esto, en el contexto de que se avecina una cosecha récord de Brasil con 178 Mt y que ya se comenzó a cosechar, sumado que Argentina se perfila a tener una producción estable en torno a las 47 Mt.
En este sentido, desde la BCR indicaron que “será clave analizar cómo avanza el conflicto comercial y el empalme con la cosecha sudamericana, factores que podrían tener impacto en los precios de la soja en los próximos meses”.
El desafío para la Argentina será, entonces, decidir si se resigna a ser un proveedor de materia prima o si apuesta a retener el liderazgo industrial que la hizo referente mundial.
















