

Solo el 16,5% de los trabajadores no tuvo ninguna privación alimentaria, mientras que el 61% de los asalariados que se saltean comidas durante su jornada laboral, mientras que el 83,5% debió restringir la cantidad de comida o resignar calidad nutricional por motivos económicos en alguna ocasión.
Los datos se insertan en un contexto de pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, siendo los asalariados registrados los que se encuentran mejor posicionados en el conjunto, pero que igual cerró 2025 en baja. Según el índice de salarios elaborado por CP, los salarios tuvieron un retroceso de 0,3% por cuarto mes consecutivo en diciembre y respecto de enero del mismo año se ubicó 2,1% abajo.
Así se desprende del estudio “La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) .
El estudio, realizado sobre 1171 trabajadores asalariados formales, reveló que la economía personal es la que determina lo que se come y que más de la mitad (56,2%) debió saltear comidas o elegir alimentos menos nutritivos por motivos económicos, mientras que el 27,3% lo hace ocasionalmente.
El 61% de los asalariados que se saltean comidas durante su jornada laboral por motivos económicos, mientras que el 78% informó haber bajado la calidad nutricional de sus comidas por el mismo motivo.
Aunque la mayoría de los asalariados tiene alguna comida durante la jornada laboral, casi uno de cada cuatro (23%) no lo hace.
Esta ausencia se concentra en trabajadores mayores de 45 años, del sector público y de empresas pequeñas. La situación se agrava según región, como en el caso noreste, donde la mitad de los trabajadores declara no comer en su horario laboral.
El 61% de los asalariados que se saltean comidas durante su jornada laboral por motivos económicos, ya sea ocasionalmente o habitualmente. Entre ellos, tienen mayor presencia los jóvenes de 18 a 29 años (70%), los trabajadores que no tienen recursos básicos de cocina (72%), dice el inform presentado por Ianina Tuñón, investigadora responsable del informe en el ODSA-UCA y Bárbara Granatelli, directora de Asuntos Públicos para Europa, América Latina y Medio Oriente de Edenred.
Entre el 78% que reportó haber bajado la calidad nutricional de su alimentación se destaca la participación de aquellos que perciben menores ingresos (86,7%) y quienes trabajan en pequeñas empresas o el sector público (85%).
El 56,2% que sufre ambas privaciones alimentarias está compuesto en su mayoría por jóvenes de entre 18 a 29 años (66,8% vs. 44,5% entre los mayores de 60 años), también hay mayor participación de las mujeres (60,1% vs. 53,3% en varones), de trabajadores no calificados (71,1% vs. 38,5% entre los profesionales) y de aquellos de menores ingresos (68,8% vs. 31,6% entre los trabajadores de mayores ingresos).
Entre los que no comen durante la jornada laboral (22,6%), tienen mayor incidencia los trabajadores del NEA (50,1% de ellos no come en su jornada), sector público (33%) que duplica a los trabajadores del sector privado, los mayores de 60 años (31%) y los de bajos ingresos (29%).
Entre los factores que inciden en que no se tome una pausa para comer, se destacan la falta de infraestructura o de aportes por parte de los empleadores.
Entre los que sí comen durante la jornada laboral, el 41% lo hace en su escritorio por la falta de infraestructura. La incapacidad de destinar un tiempo apropiado a comer deriva en peor calidad alimentaria, mayor riesgo de obesidad o enfermedades vinculadas.
Dentro de los asalariados, sólo el 44,4% reciben un aporte de sus empleadores para la provisión directa de alimentos, por fuera del salario.
La reforma laboral explicita que los empleadores podrán brindar servicios de comedor o alimentación durante la jornada, pero que no puede ser considerado dentro del salario ya que es un segmento no remunerativo, ya que el trabajador no dispone de esos recursos libremente.
Entre los trabajadores que sí comen durante su jornada, el 80% asegura que gasta hasta $10.000 por jornada en promedio, mientras que solo el 20% de los alimentos son provistos por el empleador, orientados principalmente en sectores masculinizados y de mayores ingresos.


















