El Gobierno busca esquivar a Estados Unidos para potenciar el acceso al crédito regional

Autoridades de la CAF se reunieron con Alberto Fernández y le propusieron aliarse a la Celac, para fortalecer la capitalización de esta banca y traccionar más crédito. En la trastienda subyace una disputa por el quietismo en el que se halla el BID, hasta ahora el principal banco multilateral y prestador del hemisferio.

En la salida de la pandemia de coronavirus, con inflación golpeando a escala global y las tasas de interés el alza, los gobiernos de la región están preocupados y ocupados en conseguir más y mejor financiamiento para no detener la recuperación económica y atender obras impostergables. En ese contexto, el Gobierno recibió días atrás a las autoridades de la CAF - Banco de Desarrollo de América latina y bendijo una iniciativa que podría capitalizar en términos políticos -y también económicos.

En la residencia de Olivos, Alberto Fernández se reunió el pasado viernes con el presidente ejecutivo de CAF, el colombiano Sergio Granados, y con el  vicepresidente corporativo de Programación Estratégica, Christian Asinelli, quien hasta hace poco trabajaba para el Gobierno argentino, bajo las órdenes del secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz.

CAF y el gobierno argentino firman créditos por u$s175 millones

Según pudo saber El Cronista, Fernández, Granados y Asinelli discutieron el plan de ampliación de CAF, que busca sumar nuevos países aportantes a su capital activo y así elevar su patrimonio y la cartera de préstamos. 

La antigua Corporación Andina de Fomento (CAF) nació en 1966 como un banco prestamista de Colombia, Chile, Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú, pero ahora tiene más socios y aspira, sin serlo formalmente, el "brazo financiero" de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que este año conduce la Argentina

Al margen de las gestiones que desarrolla, el organismo multilateral de crédito, en el que también aportan bancos privados de los Estados miembro, ha recientemente reincorporado a Chile como miembro pleno y proyecta una ampliación de operaciones con Guatemala, Honduras, República Dominicana, y otros países de América central y el Caribe. Fernández, como titular de la Celac, puede lubricar los diálogos con los gobiernos de esos países.

Fuentes del mercado subrayaron que los movimientos de la flamante conducción de esta banca desnudan la tensión existente con el otro jugador de peso en el hemisferio: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por lejos el principal banco de préstamos a los países de la región. 

En la reciente Cumbre de las Américas, Fernández y la delegación argentina reclamaron que el BID vuelva a ser liderado por un latinoamericano, como fue hasta ahora, y por tanto sea desplazado del sillón de presidente el cubanoamericano Mauricio Claver-Carone, impuesto por el expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump, días antes de las elecciones en las que fue derrotado.

Con Claver-Carone hay una inquina especial. Antes de llegar al BID, Mauricio Claver fue representante de la administración norteamericana ante el FMI, y su papel resultó determinante para que esa entidad otorgara el préstamo stand-by de u$s 44.500 millones a pedido de Mauricio Macri. A su vez, Claver dinamitó la candidatura argentina para que Gustavo Béliz presida el BID. 

Ahora el norteamericano está siendo investigado, acusado de malgastar dineros de la institución para su provecho y en compañía de la número dos de la entidad, con la que está involucrada sentimentalmente. De comprobarse, Claver estaría a un paso de quedar afuera. Al margen, el reciente viaje del Presidente a Los Ángeles para la Cumbre de las Américas sirvió para actualizar el todavía frustrado plan de recapitalizar al BID, trabado por la interna política doméstica estadounidense y la confrontación entre republicanos y demócratas.

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El Presidente y los directivos de la CAF también discutieron el plan argentino para fortalecer la Celac, a través de una institucionalización. Granados y Asinelli garantizaron apoyo financiero y técnico si acaso este mecanismo, todavía informal, toma la decisión de conformar una secretaría ejecutiva y pararse en pie de igualdad con otros organismos hemisféricos, como la Organización de Estados Americanos (OEA), a la que varios países -Argentina incluida- detestan por su actuación reciente en la crisis social, política y humanitaria en Venezuela, y el golpe de Estado en Bolivia.

Esa discusión estará al tope de la agenda de la reunión de cancilleres de los 33 países miembro, invitados a venir a Buenos Aires en octubre, y probablemente en una cumbre de jefes de Estado y de gobierno, planificada para diciembre y para que Alberto Fernández ha invitado al estadounidense Joe Biden. Para la misma cita se aguarda la presencia del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y el de Venezuela, Nicolás Maduro.

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