

Este 8 de marzo se conmemora el día de la mujer trabajadora. En 2026, todavía hay cuentas que saldar en la materia.
Si bien en Argentina se han registrado avances, la caída de los ingresos y la precarización del empleo tiene especial incidencia sobre las mujeres, que todavía representan la mayoría de la población empobrecida o sectores con peores remuneraciones en promedio, además de tener menor participación en la riqueza y en el empleo formal.
La tasa de actividad entre las mujeres ronda el 52,6%, 17 puntos menos que la de los varones (70,1%). Esto se refleja de manera inversa en la desocupación, que escala al 7,4% entre las mujeres, mientras que entre los varones es del 5,9%.
La mayor participación de las mujeres en las tareas de cuidado, a razón de tres horas diarias más que los hombres, constituyen un obstáculo a la hora de avanzar en la inserción laboral, en particular en aquellas con personas a cargo.

De insertarse, también tienen mayor presencia en la informalidad. Es así que la brecha es de 2,5 puntos, siendo que la tasa de informalidad entre las mujeres trepa al 38%, mientras que en los hombres es del 35,5%, según distinguió el Centro de Economía Política (CEPA).
Las peores condiciones laborales y la menor inserción formal hace a la profundización de la brecha en los ingresos, que oscila entre el 27,3% y el 29%. Brecha que se amplía al 40% entre los asalariados informales. Es decir, las mujeres participan más en sectores informales, donde la brecha se profundiza.
La economista Lucía Cirmi dio cuenta de que en los últimos años esa brecha se profundizó y pasó del 24% en 2023 al 29% en 2025 al observar el promedio de los ingresos entre hombres y mujeres.
Esto se traduce en una feminización de la pobreza. Las mujeres son el 64% de las personas con menores ingresos. Esta variable también registró un aumento respecto del año pasado, cuando fue del 61,4%.
Lo contrario se da en los deciles de mayores ingresos, donde las mujeres representan el 37% del decil superior.
Según el instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, esto empeora entre los jóvenes. La desocupación entre las mujeres de entre 18 y 24 años trepa al 18,4%, mientras que en los varones es del 16,5%. La subocupación es del 15,8% vs. el 12,2%.
El pluriempleo, tendencia que se profundizó en los últimos años, en las mujeres asciende al 14,7%, mientras que para los varones es del 8,5%.
La menor capacidad de ingresos se tradujo en un mayor endeudamiento. El 60% de los hogares liderados por mujeres recurrió al financiamiento, frente al 50% de los liderados por hombres.
En 2025, el 72% de los hogares a cargo de mujeres financió gastos en comida y medicamentos, y 7 de cada 10 registró atrás en deudas o servicios básicos.

Las decisiones de política pública de la actual gestión también tuvieron efectos particulares sobre las mujeres
El aumento de la Asignación Universal por Hijo, focalizado como la política prioritaria de asistencia, que llevó a un aumento del 45% real del ingreso, no alcanza a compensa la caída total de la asistencia social, en el orden del 77%.
Los programas feminizados también se vieron afectados, como el Potenciar Trabajo, que tuvo un recorte del 96%. Algo similar se dio con la eliminación del monotributo social, mientras que la pensión para madres de más de siete hijos retrocedió un 31%.
La decisión de no extender la moratoria tiene impacto central sobre las mujeres, donde 9 de cada 10 no reúne los aportes necesarios para jubilarse.
Con antecedentes de falta de inserción en el pasado y en la actualidad de una inserción más precaria, la decisión oficial de no prorrogarlo impacta de lleno en las mujeres. El argumento del costo fiscal se ve debilitado.
La creación del Fondos de Asistencia Laboral (FAL) para financiar despidos tiene un costo del 0,37% del PBI, en fondos que pierde el sistema previsiones. Según el CEPA, es equivalente a 4,6 veces el costo de la moratoria vetada.
















